Assassin's Creed 4: combates navales

En el Siglo XVIII el mar fue testigo de infinidad de combates navales en los que el rugido de los cañones y las maldiciones de marineros precedian a cientos de muertos y sangre entre las olas.

Hablar de piratas y corsarios es hablar sin quererlo de combates navales. La vida del marinero en el Siglo XVIII no era precisamente un juego de niños, algo que ya pudimos comprobar muy por encima en Assassin's Creed III, pero teniendo en cuenta que el 40% de Assassin's Creed IV Black Flag se desarrollará en altamar es necesario conocer un poco más a fondo cómo eran los combates navales de la época, cruentas batallas en las que la pericia y el valor no debían dejar lugar al fallo o el miedo.

Para el ojo inexperto, un combate naval puede no ser más que una sucesión de cañonazos repartidos por los cascos de los barcos que se enfrenten en batalla, sin embargo y al igual que ocurre con cualquier conflicto bélico, resultaban más estratégicos de lo que pueda parecer. Los capitanes debían conocer al dedillo su navío, sus puntos flacos y fuertes, pero también tenía que ser capaz de analizar a su enemigo rápidamente.

No sólo se debía tener en cuenta el número de cañones que portaban, el tipo de madera con el que estaba construido, el número de mástiles o el tamaño del galeón, también era de vital importancia la dirección y velocidad del viento, sobre todo para los cañoneros. Si el aire les venía de cara, el propio humo de sus cañones les cegaría por completo, por lo que era importante buscar una posición favorable en éste sentido, aunque no siempre era posible. Estos mismos cañones eran la primera de las armas en entrar en acción, y sus manipuladores, normalmente dividido en grupos de 3 o 4 personas y siempre a la orden de un oficial, tenían que actuar a toda velocidad sin importarles cuánto castigo estuviese recibiendo su navío. El procedimiento de disparo consistía en introducir la pólvora, apelmazarla, meter la bola de cañón, prender la mecha si ésta seguía siendo funcional, echarse a un lado y taparse los oídos mientras con fuertes cuerdas se sujetaba el retroceso del potente armatoste, y así sucesivamente (no sin antes, entre disparo y disparo, introducir un paño mojado para apagar las posibles ascuas que pudiesen quedar, lo que acabaría en un desenlace terrible si se introdujese en ese momento más pólvora).

Los principales puntos débiles, a los que se apuntaban cuando se quería inutilizar o hundir un navío, eran los mástiles (al desarbolar un barco éste queda fuera de gobierno y a merced de sus enemigos) y la Santabárbara, el lugar donde se guardaba toda la pólvora de los cañones, lo cual podía hacer que éste reventase en millones de astillas. Si en una batalla se veían las caras flotas formadas por varios barcos, éstos se comunicaban y gestionaban por una serie de códigos con banderas que el enemigo desconocía por completo.

Cuando los potentes barcos de guerra se acercaban lo suficiente, llegaba el momento del abordaje, el cual se realizaba con largas pasarelas de madera tendidas sobre la cubierta del barco objetivo. Éste era un procedimiento de lo más delicado, pues los que cruzaban empuñando su Sable de Abordaje eran objetivos demasiado fáciles, pero cubrían su avance con mosquetes o pistolas de chispa. Cuando un capitán consideraba que habían perdido el combate mandaba retirar la bandera de su nación en señal de rendimiento, algo que, en según qué circunstancias, podía ser considerado como traición, con el pertinente juicio en la marina. ¿Se os ocurren combates más épicos que los navales en Assassin's Creed IV Black Flag?

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