Assassin's Creed 4: piratas y corsarios

En el Siglo XVIII, los amos del mar en el Caribe eran los piratas y los corsarios, escurridizos maestros de la navegación y sedientos soldados de fortuna.

Como ya sabéis todos, la historia de Assassin's Creed IV Black Flag girará en torno a la piratería, pero no nos referimos a la que trae de cabeza a discográficas, productoras de cine y desarrolladoras de videojuegos, sino a la original, la que tantas vidas y leyendas ha dejado en el mar a lo largo de los siglos y que, aún a día de hoy, se sigue practicando (con ciertas diferencias, claro está). En éste artículo trataremos de navegar un poco más sobre las negras mareas de la vida pirata y otro tipo de acciones en alta mar del tiempo en que se desarrollará el nuevo título de Ubisoft.

La época de oro de la piratería tuvo lugar entre los siglos XVII y XVIII. Las aguas del Caribe español eran uno de los puntos de paso más importantes en las rutas de comercio y, por tanto, todo un caramelo para hombres de lujuria y dudosa moral, por ello era relativamente común encontrar navíos comerciantes siendo custodiados por otros barcos dedicados a la batalla, al menos entre quienes podían permitirse costearse tal servicio. A decir verdad, los encuentros con barcos pirata no eran tan comunes como podríamos pensar, pues en ocasiones la recompensa que pudieran obtener los maleantes no era lo suficientemente alta como para arriesgar su vida, por ello lo más normal era que se centrasen en navíos cuyo cargamento conocían a ciencia cierta y, además, era lo suficientemente suculento.

Estos rufianes podían utilizar banderas de diferentes países para confundir a su objetivo y conseguir colocarse lo suficientemente cerca como para comenzar la cacería, era entonces cuando desplegaban la mítica bandera negra o roja que los declaraba como un navío apátrida, que no responden ante ninguna nación. La persecución precedía al combate y, en la mayoría de ocasiones, al abordaje. A los atacantes no les interesaba destruir el barco que tanto les había costado alcanzar, pues acabar con él en el fondo del mar era un completo fracaso, pues significaba la pérdida del botín.

Si los piratas eran los guerreros independientes e ilegales del mar, los corsarios eran todo lo contrario. Normalmente solemos confundir a unos y otros, pero éstos sí servían a un Señor y gozaban del permiso (la patente de corso) de un gobierno para atacar, capturar o saquear otros barcos, siempre y cuando perteneciesen a una nación declarada como enemiga. Pero que tuvieran en su poder una carta de corso firmada por un mandatario no quería decir que tuviesen una moral más limpia que la de los piratas, pues al fin y al cabo no eran más que simples cazarecompensas que buscaban su cobro a toda costa.

Tanto los piratas como los corsarios eran temidos en el mar. Éstos poseían veloces barcos de guerra preparados para surcar las olas rápidamente y realizar delicadas maniobras con gran exactitud y movilidad, aunque claro está, lo que más contaba era la pericia de un buen timonel y el liderazgo de un gran capitán, algo que podremos experimentar en Assassin's Creed IV Black Flag.

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