Las chicas del cable - La primera serie española de Netflix se presenta en Madrid

Las chicas del cable

La primera serie española de Netflix, Las chicas del cable, se presenta en Madrid con la presencia de su elenco principal encabezado por Blanca Suárez, Yon González, Ana Fernández, Maggie Civantos, Ana Polvorosa, Martiño Rivas y Nadia de Santiago.

Las chicas del cable, la primera serie de producción española que estrena Netflix, estará disponible hoy en la plataforma desde las 9 de la mañana estrenándose de forma simultánea en más de 190 países.

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Ayer mismo pudimos acudir al preestreno de la serie en los cines Callao de Madrid donde Teresa Fernández-Valdés y Ramón Campos, productores ejecutivos de la serie tras éxitos de audiencia como Gran Hotel y Velvet, presentaron oficialmente la serie, a la que definen como "un drama romántico con algo más". El trasfondo: la represión de la figura femenina en los años 20 y cómo un grupo de mujeres canaliza sus aspiraciones cultivando su amistad.

Tras la proyección del primer episodio también hemos podido ver el videoclip de Vanesa Martín, la autora e intérprete del tema principal de la serie, llamado "Hablarán de ti y de mí".

En el estreno también han estado presentes los talentos presentes en el show televisivo: Blanca Suárez, Yon González, Ana Fernández, Maggie Civantos, Ana Polvorosa, Martiño Rivas y Nadia de Santiago.

Las chicas del cable es una creación de Ramón Campos y Gema R. Neira y está escrita por Ramón Campos, Gema R. Neira y María José Rustarazo, y dirigida por Carlos Sedes y David Pinillos. Y la fórmula parece ser tan exitosa que ya se está rodando una segunda temporada. Es un drama de ocho episodios que narra la historia de cuatro mujeres en busca de libertad y nuevas oportunidades en una sociedad dominada por los hombres.

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Ambientada en Madrid, en el año 1928, narra la relación que surge entre varias trabajadoras de la compañía telefónica. Alba (Blanca Suárez), una mujer con problemas con la justicia, se ve obligada a incorporarse a la empresa para saldar una deuda, y entablará a regañadientes amistad con Ángeles (Maggie Civantos), controlada por su marido; Marga (Nadia de Santiago), tímida, recién llegada del pueblo, pero con ganas de comerse el mundo y Carlota (Ana Fernández), la indomable hija de un importante militar. La situación de Alba se complica cuando descubre que Fernando (Yon González), un amor de su adolescencia, trabaja en la compañía y sus esquemas morales caen de un plumazo. ¿Está aprendiendo a empatizar gracias a las otras chicas?

Las chicas del cable (Serie TV) - Cartel
Las chicas del cable (Serie TV) - Cartel

¿Qué esperar de la serie?

Vistos los primeros episodios, podéis esperar de Las chicas del cable una escasa fidelidad histórica y un drama con buenas ideas pero una materialización bastante pobre, sobre todo en lo que a sonido se refiere (por centrarnos en el plano técnico).

Bambú Producciones vuelve a apostar por la fórmula que tan bien conoce y comercializa sin apostar por la consistencia de la verosimilitud sino más bien por cierta frivolidad hacia la realidad retratada. Su gran baza: engancha; su gran pecado: no aporta nada nuevo. Tenemos personajes estereotipados y la reinvención de los tardíos años 20 madrileños con locales de fiesta y prostíbulos que tienen un aire (demasiado) pop. La música diegética (la que se supone que forma parte de la acción) es completamente desconcertante porque no casa con las imágenes. 

A nivel interpretativo destaca el trabajo de Maggie Civantos, la actriz más solvente a la hora de construir a su personaje y dotarlo de personalidad propia.

El sonido deja bastante que desear y la dicción de varios de los personajes principales, también. Sin embargo, sí que hay aspectos de la puesta en escena, a cargo de Carlos Sedes (Velvet) y David Pinillos (Refugiados) que sí resultan más interesantes y exprimen el jugo a la idea que hay en el imaginario colectivo de los "locos años 20". El vestuario es otro de los aciertos a señalar.

Las chicas del cable no es una serie pionera ni representa un hito en la ficción española más allá del hecho de ser la primera colaboración de Netflix en nuestras fronteras y, probablemente, sea una ocasión desperdiciada para hacer un trabajo más autoral que se despegue de los dramas románticos históricos que abundan como setas en el panorama televisivo nacional.

Con todo y con eso, se aprecia el buen trasfondo de la serie, por más que la capacidad de insinuación brille por su ausencia y sea la brocha gorda la que se imponga para mostrar el maltrato, la represión sexual, la falta de independencia femenina o la lucha por alcanzar cierto nivel de igualdad por medio del trabajo. Solo cabe esperar que de cara a la segunda temporada, los creadores recojan el guante y pongan más carne en el asador. La época escogida y la temática son atractivas de por sí, solo falta elevar la apuesta para trascender los clichés.

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