Los gazapos de Skyfall

No hay película que soporte la mirada escrutadora de los fans, y, como no podía ser menos, ya hay quien ha encontrado hasta 20 pequeñas (y no tan pequeñas) incoherencias en ésta.

Adorada por unos, denostada por otros y en un inocente término medio en la mayoría de los casos, Skyfall, esa película en la que todos por igual habíamos depositado unas inmensas expectativas llegó, vio y venció, consiguiendo lo que pretendía: hacer una caja fabulosa.

La muesca número 23 está hecha en el revólver de la saga Bond y ya podemos empezar a analizarla minuciosamente para ver dónde están esos gazapos que nos pueden parecer simples curiosidades y que para la mayoría de los espectadores pasarían inadvertidos. Muchos no tienen mayor trascendencia y entran en el terreno de la convención cinematográfica pero en otros casos ¿qué demonios le pasaría por la cabeza a Mendes en la sala de montaje?

Muchos errores no lo son tanto si tenemos en cuenta que la película no tiene por qué corresponderse al cien por cien con la realidad. En cuanto a las localizaciones de Londres hay varios casos de desorientación espacial. Por ejemplo, cuando James Bond se dirige a Whitehall y el número 38 de autobús pasa por delante, un bus que no recorre este distrito ni ningún otro cercano. Más adelante, durante una secuencia en el metro de Londres, Bond persigue al peor de sus villanos, Raoul Silva, al que da vida Javier Bardem, en Temple Station. A continuación los dos se bajan en Westminster Station, pero el tren nunca atraviesa la parada de Embankment Station que es la que está a mitad de camino.

 

Si no vives o conoces Londres al dedillo, estos detalles pueden parecer intrascendentes pero no lo es tanto que los actores se teletransporten: en la escena de la National Gallery cuando Bond queda con Q, le espera sentado en uno de los bancos. Q llega y se sienta en un banco de al lado. Luego la escena cambia y se muestra a ambos de frente sentados en un mismo banco ¿?

 

 

Otros de los errores los podemos ver en el vestuario, como al principio de la película cuando Bond mantiene una pelea encima del vagón del tren: en este pasaje sus zapatos negros y elegantes se convierten en unas botas, por arte de magia. Chapeau por el encargado de la continuidad de planos.

 

Otros lapsus pasan por marcas de alcohol que aparecen y desaparecen, vasos que pierden temperatura en segundos (un Martini helado pasa a estar muy aguado) y hasta objetos que se esfuman como las gafas de sol que Bond lleva puestas y que se desvanecen mientras recorre los tejados de Estambul con su moto.

 

¿El error más notable? Al final de la cinta: cuando el helicóptero vuela sobre la vieja casa de Bond es de día; sin embargo, cuando Silva aterriza se ha hecho de noche.

 

¿Os fijásteis en estos detalles? Si la respuesta es no, la película os ha gustado mucho. Si estábais pensando en las gafas de Bond, es que no os ha enganchado la reinvención del agente 007.

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