American Horror Story, The Walking Dead... El gore invade la televisión

Series como Dexter y The Walking Dead han ampliado los límites de la representación de la violencia y la muerte en la televisión dejando paso a una multitud de producciones que incluyen la épica medieval en Juego de tronos, la antología de terror con American Horror Story o el thriller psicológico en Hannibal.

La audiencia televisiva tiene sed de sangre. Y disfruta viendo macabros asesinatos, suculentas vísceras y muerte y destrucción por doquier en series tan distintas como The Walkind Dead, Juego de tronos, American Horror Story o Hannibal. Porque si estas producciones, emitidas tanto en la televisión de pago como en abierto, vienen a demostrar algo es la increíble proliferación y el éxito del gore en la pequeña pantalla en los últimos años.

Todo comenzó hace casi 10 años con Dexter. El asesino en serie favorito de la audiencia inició su andadura en octubre de 2006. Su periplo se extendió durante ocho temporadas caracterizadas, las primeras, por el aplauso de la crítica y, todas ellas, por el beneplácito del público.

Cierto es que este thriller no fue el primero en mostrar muertes y asesinatos en la televisión, pero el forense especializado en salpicaduras de sangre de día y psicópata insaciable de noche interpretado por Michael C. Hall marca un antes y un después en la popularidad del gore televisivo. Aunque Dexter Morgan troceaba a malvados criminales de forma bastante vistosa, ¿quién no se sentía identificado con este carismático antihéroe en la era post Tony Soprano?

The Walking Dead dio un paso más en octubre de 2010 cuando demostró que se podían conquistar audiencias millonarias mientras hordas de zombis despedazaban a unos incautos humanos. La adaptación televisiva de los cómics homónimos de Robert Kirkman, que estrena su quinta temporada el próximo mes de octubre, se sitúa como la serie de televisión por cable más vista de la historia de Estados Unidos con más de 16 millones de espectadores por episodio. Tal ha sido su éxito que AMC ya está produciendo un spin-off de una serie cuyos muertos dan para interminables listados y vídeos, y que frente a Dexter caen como moscas sin necesidad de justificaciones morales o explicaciones lógicas.

La mortal inventiva televisiva no tiene límites

De la insinuación de la violencia que caracterizaba el medio en sus primeros tiempos se ha pasado a un verdadero festín de imágenes que no dejan absolutamente nada a la imaginación del espectador. Superada la apática y correctísima descripción de procedimentales policiacos como las franquicias CSI o Navy: Investigación policial, los dramas televisivos actuales recrean las inabarcables posibilidades de la muerte jugando con los límites del género.

Véase la creatividad de George R.R. Martin y de la popular adaptación de sus novelas en Juego de tronos, serie estrenada en abril de 2011 que actualmente afronta la grabación de su quinta entrega en España. La serie más vista de la historia de HBO (con una audiencia acumulada de más de 19 millones de espectadores por episodio) ha visto morir a personajes secundarios y principales decapitados, desollados, envenenados, acuchillados en masa, bañados en oro… Incluso con la cabeza reventada, literalmente, como recordarán los seguidores de la serie. Además de haber recibido críticas por sus explícitas escenas de sexo.

Otro ejemplo es American Horror Story, una antología de terror creada por Ryan Murphy y Brad Falchuck que explora los límites del género presentando en cada temporada nuevos escenarios, personajes y argumentos. Desde su estreno en octubre de 2011 la serie ha pasado por una casa encantada, un sanatorio mental de los años 60, un aquelarre de Nueva Orleans y en su cuarta entrega, que se estrena el próximo 8 de octubre bajo el título American Horror Story: Freak Show, mostrará un circo de monstruos o fenómenos ambientado en los años 50. Además de un payaso asesino a lo It.

Pero si existe una serie capaz de mostrar imágenes dantescas con la mayor exquisitez es Hannibal. La enésima revisión del personaje creado por Thomas Harris, que en febrero estrena su tercera temporada, sorprende primero, porque en Estados Unidos se emite en abierto en la cadena NBC. Del mismo modo que The Following en Fox, cuya trama gira en torno a una secta de asesinos en serie y el consiguiente reguero de muertos que dejan a su paso, esta precuela supera la barrera de la televisión por cable para mostrar de forma increíblemente gráfica los asesinatos más rebuscados.

Pero lo hace integrándolos en un argumento fascinante donde las conversaciones entre los protagonistas (Mads Mikkelsen en el papel del doctor Hannibal Lecter y Hugh Dancy como el detective Will Graham) a menudo resultan más escalofriantes que la poética ejecución de los asesinatos y la heterogénea disposición de los cadáveres. Y claro, también hay sitio para un poco de canibalismo de vez en cuando con unos suculentos platos ideados ni más ni menos que por el cocinero español José Andrés, asesor culinario de la serie. Con estos ingredientes, ¿qué más se puede pedir a esta delicatessen?

La lista se alarga hasta el infinito con las debutantes sobre muertos vivientes Z Nation y The Strain, esta última adaptación de las novelas del veterano del terror cinematográfico Guillermo del Toro; la precuela sobre los orígenes de Norman Bates y la turbadora relación del protagonista con su madre Bates Motel; el monstruoso drama victoriano Penny Dreadful, que integra a personajes clásicos como vampiros, momias, zombis, el doctor Frankenstein (y su creación), Van Helsing o Dorian Gray; la revisión contemporánea del jinete sin cabeza de Washington Irving en la serie Sleepy Hollow; o el sexy y sangriento relato sobrenatural recién finalizado True Blood.

Explicar el por qué de esta invasión de violencia y vísceras es complicado. Para muchos es un simple reflejo de cómo la audiencia disfruta pasando miedo… siempre que sea en un entorno controlado. Para otros la televisión es un espejo donde podemos mirarnos sin temor. O simplemente, como muchos de los creadores de estas series afirman, la sangre es simplemente un color más de su paleta a la hora de contar historias. Sea como fuere el éxito que cosechan estas producciones sugiere que existe algo más que un mórbido voyeur delante de la pantalla. Pero superada esta frontera, ¿será la representación del sexo la siguiente batalla?