Lo mejor de 2015: Rafael Aznar

Empezaré este resumen de 2015 con una declaración tajante: para mí, éste ha sido el mejor año de la industria de los videojuegos en mucho tiempo, al menos en lo que a cantidad y calidad de lanzamientos se refiere. Es cierto que no ha habido grandes sorpresas y que también se ha producido alguna que otra decepción, pero, en líneas generales, yo he quedado más que saciado con el opíparo banquete con el que las compañías nos han agasajado. También ha habido platos de ésos que dan ganas de estamparles en la cara dura a sus cocineros, pero, al mismo tiempo, asistimos a un E3 histórico. En lo sucesivo, trataré de desgranar todo lo que ha traído consigo un año que el viento se ha llevado volando.

Una gran época para un gran arte

Antes de entrar a valorar qué juegos me han parecido los mejores del año, me parece conveniente hacer un pequeño análisis de la salud de las plataformas actuales, especialmente de las de sobremesa. Todas tienen cosas de las que presumir, si bien los réditos comerciales han sido muy dispares, como ya comenté hace poco en un blog.

En primer lugar, habría que destacar el gran año que ha tenido Xbox One en cuanto a exclusivas, con Rise of the Tomb Raider, Halo 5: Guardians, Forza Motorsport 6, Ori and the Blind Forest (también en PC), Rare Replay o Gears of War Ultimate Edition. Tras lo doloroso que fue el parto comandado por el matrón Don Mattrick, Phil Spencer supo reconducir la situación, cargándose la rémora de Kinect, dejando los contenidos televisivos en segundo plano y priorizando los títulos exclusivos. El último acierto ha sido el de ofrecer retrocompatibilidad con Xbox 360, algo que tiene varias lecturas. Por un lado, es un acicate para que quienes no tuvieran la anterior consola de Microsoft puedan disfrutar de sus títulos. Por otro lado, es un adición de valor incalculable para el programa Xbox Live Gold, ya que los juegos que se regalan en 360 pasan a ser compatibles también con One, con lo que se pueden conseguir cuatro o cinco juegos gratuitos cada mes para disfrutarlos con una única plataforma, con el añadido de que suelen ser más apetecibles que los que ofrece la competencia, al menos en lo que a producciones AAA se refiere. Asimismo, juegos como Fallout 4 o Just Cause 3 se han servido de la retrocompatibilidad para regalar gratuitamente sus entregas precedentes en formato digital.

Wii U también ha tenido un gran año en cuanto a exclusivas, con Splatoon, Xenoblade Chronicles X, Yoshi’s Woolly World o Super Mario Maker. Eso sí, también ha habido medianías de las que cabía esperar más, como Mario Tennis: Ultra Smash, Mario Party 10 o Kirby y el Pincel Arcoíris. Mención especial merece lo que ha sucedido con Project Zero V: Maiden of Black Water y Devil’s Third, dos títulos que no han cumplido las expectativas (en el caso del segundo, no es de extrañar, pues estaban por el subsuelo) y en los que Nintendo parecía no confiar, directamente, como se observa en el hecho de que llegaran sin localizar.

Si nos fijamos en PS4, nos encontramos con una consola que ha superado ya la friolera de los 30 millones de máquinas vendidas, y sin tener apenas exclusivas de peso. Bloodborne, Until Dawn, Dragon Quest Heroes o Tales of Zestiria (éste, también en PS3 y PC) han cumplido con creces, al contrario que The Order 1886, pero ha faltado algo más. En lo que a desarrollos propios se refiere, Sony casi parece haberse preocupado más por las remasterizaciones, como las de Uncharted, God of War III, Tearaway o Beyond. La conclusión que cabe extraer de esto es que la compañía japonesa no tiene rival en lo que a marketing y fidelización de usuarios se refiere, a lo que hay que añadir, por supuesto, el hecho de que la cosecha de juegazos multiplataforma ha sido excelsa en 2015. En 2016, la consola sí que tendrá ya un sinfín de exclusivas, por lo que es de esperar que las cifras de ventas se disparen aún más.

En lo que al mercado portátil se refiere, yo me he sentido decepcionado. En el caso de PS Vita, es cierto que ha habido muchos juegos japoneses e indies (muchos de ellos, presentes también en otras plataformas), pero resulta incomprensible que, con las posibilidades que ofrece su hardware, Sony no haya tratado de sacarle más partido con desarrollos propios de gran calado que invitaran a adquirir la consola.

En cuanto a 3DS, ha sido un año extraño. Empezó muy fuerte, con Monster Hunter 4 Ultimate y Zelda Majora’s Mask 3D, pero, con el paso de los meses, el ritmo de lanzamientos se fue desinflando. Juegos como Inazuma Eleven Go: Chrono Stones, Code Name STEAM, Zelda: Tri Force Heroes, Chibi Robo: Zip Lash o Mario & Luigi: Paper Jam Bros son notables, pero ninguno es imprescindible. Sin duda, lo que más llama la atención es el lanzamiento de New 3DS, una versión más potente de la consola con capacidad para mover títulos exclusivos. Casi un año después de su lanzamiento, sólo hay uno de esos juegos propios: Xenoblade Chronicles 3D. En cierto modo, es lógico que no se explote esa vía, ya que supondría arriesgarse a confundir al público y segmentar el mercado. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero, si NX resultara ser el híbrido sobremesa-portátil que se rumorea, la existencia de New 3DS resultaría extraña.

El E3 de los sueños cumplidos

El E3 es una feria que suele utilizarse para anunciar proyectos a largo plazo, pero me parece justo y necesario hacer alusión a la edición de 2015, que quedará para los anales de la historia. Más concretamente, fue la conferencia de Sony la que hizo que temblaran los cimientos de la industria, merced a la presencia de tres juegos con los que la gente llevaba años soñando: The Last Guardian, Final Fantasy VII Remake y Shenmue 3.

Los dos primeros Shenmue son los juegos con los que yo más he disfrutado en mi vida. Por eso, llevaba desde 2001 rezando a Dios para que su mesías, Yu Suzuki, tuviera la oportunidad de firmar una tercera entrega con la que seguir desarrollando la historia de venganza de Ryo Hazuki contra Lan Di. Me habría gustado que alguna compañía le hubiese ofrecido al exlíder de AM2 un cheque en blanco para hacer una superproducción sin cortapisas, pero, dado el fracaso comercial de las dos primeras entregas, hay que dar las gracias por que el proyecto se vaya a llevar a cabo, aunque haya tenido que ser con ayuda de un Kickstarter. El momento de la conferencia en que la pantalla se fundió a negro y empezó a sonar la mítica melodía principal de la saga, mientras llovían pétalos rosas, fue mágico. Aún faltan, como poco, dos años para poder disfrutar del juego, pero la resurrección de Shenmue es la mayor ilusión que he vivido jamás en la industria.

El anuncio del ‘remake’ de Final Fantasy VII también me levantó del asiento. Tras muchos años de marear la perdiz, Square Enix se decidía, por fin, a rehacer una de sus obras cumbre. Sin embargo, la noticia de la pasada PlayStation Experience de que el juego se lanzaría en varias entregas me cayó como un cubo de agua fría. Que la compañía vaya a trocear la experiencia con la excusa de que no cabe en un único juego me parece una broma de mal gusto, máxime cuando el guión o el universo del juego ya están hechos, independientemente de que puedan ampliarse y se tengan que rehacer con la tecnología actual. El género del rol siempre se ha caracterizado por ofrecer propuestas gigantescas, capaces de tenernos enganchados durante cientos de horas para superar todas sus actividades, así que la justificación se cae por su propio peso. Está por ver cuántas ‘minientregas’ habrá, cuánto durarán y, sobre todo, cuánto costarán, pero el asunto huele a chamusquina: la de pasar por el horno a la gallina de los huevos de oro. No olvidemos que la división japonesa de Square Enix, con Tetsuya Nomura a la cabeza, está trabajando en multitud de proyectos simultáneos: Final Fantasy XV, Kingdom Hearts III, el ‘remake’ de marras... En otras palabras, no creo que cada subentrega de FF VII vaya a ser más grande que cualquiera de esos juegos y, si lo son, no las veremos hasta bien entrada la próxima década, porque Nomura y compañía ya han demostrado que la premura no es su punto fuerte. Ninguno de los tres juegos citados tiene fecha de salida confirmada, y no olvidemos que Final Fantasy XV lleva ya unos cuantos años en desarrollo, desde cuando aún se llamaba Final Fantasy VS XIII…

Una lista de difícil confección

Este año, el ritmo de lanzamientos ha sido frenético. He tratado de jugar a todo lo que me ha sido posible, algo más de medio centenar de títulos, pero es inevitable que se queden cosas en el tintero, porque el tiempo aún no es infinito y no venden extensiones como las de los arcades de velocidad. Por eso, como siempre precisamos, sólo aparecen en la lista títulos a los que he podido jugar el tiempo suficiente como para valorarlos justamente. He aquí los diez merecedores de mis mayores alabanzas:

1. The Witcher 3: Wild Hunt

2. Monster Hunter 4 Ultimate

3. Yakuza 5

4. Project CARS

5. Fallout 4

6. Batman Arkham Knight

7. Metal Gear Solid V: The Phantom Pain

8. Yoshi’s Woolly World

9. Ori and the Blind Forest

10. Rise of the Tomb Raider

Para mí, The Witcher 3 es el mejor juego del año con muchísima diferencia, y no me extraña que ya se haya llevado dicho reconocimiento en diversas entregas de premios. La aventura de CD Projekt RED es una auténtica maravilla. La viveza y la vastedad de su mundo abierto sólo son comparables a su sistema de decisiones, a su narrativa, a su profundidad jugable o a su banda sonora. Geralt de Rivia se ha ganado que le declaren hombre del año e hijo pródigo del videojuego con todo merecimiento. Estoy deseando ver qué derroteros toma CD Projekt RED para su próximo proyecto, Cyberpunk 2077, que dudo que veamos antes de 2017, a pesar de los rumores infundados que oímos hace unas semanas y que lo preveían para 2016. Juegos tan ambiciosos como los que acuña la compañía polaca no se hacen de la noche a la mañana. La churrería queda para otros.

Otro juego de rol presente en mi lista en Fallout 4, aunque no me parece tan redondo y, por eso, lo he ubicado a mitad de lista. El nuevo Yermo ofrece un mundo de posibilidades, lleno de vida e historias que conocer. Igual que The Witcher 3, el juego de Bethesda también abruma con sus contenidos, pero, gráficamente, está en el inframundo de PS4 y Xbox One, a lo que yo añadiría un ritmo de juego bastante pesado, en el que la munición escasea en demasía y que, a menudo, obliga a repetir largos tramos si nos dan matarile.

Mi podio lo completan dos juegos con marcado acento japonés y lanzados en dos consolas que no son las que más en boga han estado este año: Monster Hunter 4 Ultimate y Yakuza 5, para 3DS y PS3, respectivamente. Las sagas de Capcom y Sega son de lo mejor que se ha visto en la industria en los últimos diez años, pero, con cada nueva entrega, hemos de sufrir la angustia de temer por su exportación a Occidente, ya que están tremendamente infravaloradas por estos lares, tanto por parte de la crítica como del público.

Monster Hunter 4 Ultimate es el juego que más horas me ha tenido entretenido en los últimos años, hasta el punto de que tengo una partida de 200 horas y aún me quedan infinidad de misiones por cumplir. Cuando crees que ya estás a punto de abordar el último encargo, se desbloquean muchos más. Su cooperativo para cuatro personas, que recuerda mucho al de Phantasy Star Online, es bestial, y los servidores funcionan realmente bien. Jugar con amigos a este título es una experiencia sin igual. Por si eso fuera poco, hay decenas de monstruos que son un auténtico desafío y a las que dan ganas de derribar una y mil veces para poder hacerse armas y armaduras cada vez mejores. En ese sentido, los catorce tipos de armas dan pie a una jugabilidad tremendamente variada. Sé que en las listas de los mejores juegos de 2015 prácticamente nadie va a incluirlo, pero recomiendo encarecidamente internarse en el mastodóntico coto de caza que ha erigido Capcom.

Con Yakuza 5, sucede algo similar. No es una propuesta para un público masivo y tiene el inconveniente de que ha llegado con tres años de retraso respecto a Japón, sólo en formato digital, con textos en inglés y con voces en japonés. Sin embargo, es un mal menor si se tiene en cuenta lo maltratada que ha sido esta saga en Occidente desde su primera entrega, que Sega sí localizó a diferentes idiomas y que se estampó por diferentes motivos, como la brecha cultural con Japón, la falta de marketing o las inadecuadas comparaciones con GTA. Los prejuicios y el desconocimiento respecto a la saga se mantienen hoy en día, y he tenido que leer diversas críticas en las que a esta quinta entrega numerada se la acusa de ser ‘más de lo mismo’. Resulta curioso, cuando hablamos de un juego que tiene cinco protagonistas y se desarrolla en cinco ciudades, con novedades como las misiones de taxista y cazador o toda la temática de ‘pop idol’ de la sección de Haruka. A eso, añadid más minijuegos que nunca y un sistema de combate pulido. Asimismo, el juego cuenta con medio centenar de personajes que tienen un papel en la trama, a cada cual más carismático. Hay pocas sagas que, hoy en día, tengan una continuidad argumental y de personajes entre sus sucesivas entregas, y Yakuza es la estrella en esa materia. Es cierto que, en Japón, el ritmo de lanzamientos ha sido desmesurado, con diversos ‘spin off’ feudales y portátiles, pero, por suerte o por desgracia, en Occidente no tenemos esa sensación. Aun si la tuviéramos, no sería tan molesta como la de otras sagas, pues cada entrega presenta un argumento que merece mucho la pena conocer, porque Yakuza tiene alma cinematográfica.

Como amante de la velocidad que soy, en mi lista no podía faltar Project CARS, el mejor simulador que he probado en los últimos años. No estuvo exento de algunos fallos en el momento de su lanzamiento, tras un desarrollo salpicado de numerosos retrasos, pero no tiene nada que envidiarle a los principales exponentes del género en consolas, Gran Turismo y Forza Motorsport. Además de recrear numerosas disciplinas e incluir 32 circuitos de serie, Slightly Mad Studios ha sacado partido a la potencia de las plataformas actuales para incluir un ciclo día-noche total, meteorología variable y parrillas de hasta 45 coches. Por si alguien se pregunta por qué no he metido Forza Motorsport 6, la respuesta es sencilla: no me parece tan completo. Gana en otros apartados, como la cantidad de coches y su recreación en el modo Forzavista, la colaboración con Top Gear o el editor de diseños, pero, en lo que de verdad importa, la jugabilidad, está varios segundos por detrás: 26 circuitos, ausencia de ciclo día-noche dinámico (sólo hay carreras nocturnas en determinados circuitos) y meteorología limitada (sólo hay lluvia en ciertas pistas, sin transiciones a seco).

Ya en la segunda mitad de la lista, se encuentra Batman Arkham Knight, la culminación del gran proyecto de Rocksteady para el hombre murciélago, con la introducción del Batmóvil, y obviando la nefasta versión de PC. El juego es espectacular en lo técnico, mantiene el genial sistema de combate de anteriores entregas y, en lo argumental, plantea una interesante historia sobre miedos interiores, con un elenco de villanos de excepción. Eso sí, sus responsables podrían haberse ahorrado la subhistoria de los coleccionables de Enigma para poder desbloquear el final completo. Yo tiré de YouTube, porque no estamos para andar perdiendo el tiempo en idioteces. Otro juego que también tiene sus idioteces es Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, que he incluido en la séptima posición, pero del que hablaré en el apartado de las decepciones, porque, aun siendo muy bueno, me esperaba muchísimo más de él.

Los dos siguientes títulos de la lista tienen dos elementos en común: son plataformas y su estética es maravillosa. Se trata de Yoshi’s Woolly World y Ori and the Blind Forest. Pese a que las plataformas son un género histórico, hoy en día no son una prioridad para las grandes compañías, con la excepción de Nintendo, que ha tenido siempre un filón en él. En el caso del juego de Wii U, hablamos de un título que no sólo es original por su estilo lanudo y naíf, sino también porque cada nivel es un ejercicio de mecánicas imaginativas que le sacan partido a esa estética. Es cierto que es muy facilón, pero eso no empaña una experiencia que entra por los ojos y ya no vuelve a salir. Dan ganas de meterse del todo en la pantalla y achuchar al peluche que es el dinosaurio estrella de la Gran N. En cuanto al juego de Xbox One y PC, encontramos algo distinto, pero, a la vez, similar. La dificultad es mucho más elevada, pero es amable con el jugador, pues permite establecer puntos de control siempre que se quiera, para evitar frustraciones. La estética de animación, digna de una obra pictórica, es un deleite para los sentidos, igual que la fábula que cuenta sobre la naturaleza, sin necesidad de articular palabras. Es una bellísima demostración de lo que la escena indie puede dar de sí.

Los comicios para elegir la última posición de la lista han estado muy reñidos, pero, finalmente, me he quedado con Rise of the Tomb Raider, una exclusiva temporal de mucho peso no sólo para Xbox One, sino también para 360, que ha recibido una conversión más que digna para un hardware con diez años a sus espaldas. Puede que Microsoft no haya sabido exprimirla (según los datos de VG Chartz, ha vendido en torno a 870.000 copias, por los 2,78 millones de Halo 5 prácticamente en el mismo período de tiempo), pero hablamos de un juego con un apartado técnico de escándalo y con una jugabilidad de acción y plataformas tremendamente cautivadora. No me ha parecido un gran avance respecto a lo que se vio en la anterior entrega, pero su expedición a Siberia es imperdible.

En 2013 y 2014, me resultó mucho más fácil elaborar mi lista de mejores juegos del año, pero, esta vez, me las he visto negras para decidir la posición de los que están y para dejar fuera a muchos otros. Algunos echaréis en falta Bloodborne, pero yo no comulgo mucho con la dificultad desquiciante que plantea FromSoftware en sus juegos. Traté de adentrarme en la tierra de Yharnam, pero lo acabé dejando, temiendo por la integridad física de mi Dual Shock 4. De los juegos que he podido catar, sí me duele no haber visto espacio disponible para Splatoon, Until Dawn, NBA 2K16 o Rocket League. Hay juegos que me habría gustado probar, pero para los que no he tenido tiempo: Halo 5, Super Mario Maker, Xenoblade Chronicles X, Mad Max, Just Cause 3, Juego de Tronos, Transformers Devastation, Dying Light, Pillars of Eternity, Dirt Rally, Undertale, Life is Strange, Her Story, Tales of Zestiria, Hotline Miami 2… Por desgracia, no todo el tiempo se puede gastar en jugar, y ni con eso daría para estar al quite de todo.

Este año, también hemos andado bien provistos de las polémicas remasterizaciones, que, directamente, ni considero para la lista, por no ser juegos de nuevo cuño. Aun así, aunque yo no soy muy partidario de ellas, sí me gustan cuando se trata de juegos con cierta antigüedad, de juegos que fueran exclusivos de una consola o de packs con varias entregas de una saga. En ese sentido, hemos tenido Zelda: Majora’s Mask 3D, Resident Evil HD Remaster, Gears of War Ultimate Edition (que daba derecho a descargar las otras tres entregas de la saga tras la introducción de la retrocompatibilidad en Xbox One), Rare Replay, Uncharted: La colección de Nathan Drake, Borderlands: Una colección muy guapa, MegaMan: Legacy Collection… En definitiva, es muy obvio que 2015 nos ha atiborrado con una comilona de juegazos.

El lado oscuro y doloroso de un año luminoso

Como no hay luz sin oscuridad, 2015 también nos ha dejado momentos malos. Sin duda, el peor fue la muerte de Satoru Iwata, víctima de un cáncer biliar. Con sus errores y sus aciertos, el presidente de Nintendo se ganó la simpatía de todos con su estilo desenfadado y su cercanía, reflejada en el formato de los Nintendo Direct para hacer llegar los anuncios a la gente ‘directamente’. Desde aquí, mis máximos respetos para él, uno de los grandes artífices del éxito de DS y Wii entre un público que jamás había tocado una consola.

Si hablamos de juegos, yo he tenido dos grandes decepciones, una total y otra parcial. El desencanto mayor vino de la mano de The Order 1886, un juego que estaba llamado a ser un ‘vendeconsolas’ para PS4 y que se quedó en una mera demostración de músculo técnico sin consistencia jugable. Su ínfima duración, cercana a las siete horas, entroncaba con un ritmo narrativo muy endeble: la historia tardaba en arrancar y, cuando parecía que empezaba a remontar el vuelo, acababa abruptamente. Si a eso le añadimos que era un shooter que escatimaba en tiros, lo que queda es uno de los mayores chascos del año.

Mi decepción parcial ha sido, como ya adelantaba antes, Metal Gear Solid V: The Phantom Pain. Es un gran juego y se merece estar considerado entre los mejores de 2015, especialmente por sus mimbres jugables y técnicos, pero no es la obra maestra que muchos vocearon, tal vez por la distorsión del despido de Hideo Kojima. Para empezar, la estructura de misiones es absurda, con las visitas que obliga a hacer al helicóptero (con sus correspondientes tiempos de carga encubiertos) o los créditos previos a cada misión, que a Kojima le debieron de compensar con creces la eliminación de su nombre de la carátula del juego. La aventura dura cerca de 40 horas, sí, pero por ser un chicle estirado a punto de romperse. Una vez acabado el primer acto, toca repetir encargos sin sentido (muchos, de extraer rehenes, algo que llega a hacerse monótono), y lo peor es que hay misiones que no se desbloquean por un patrón lógico. Yo no llegaría al extremo de decir lo que dicen algunos de que no es un Metal Gear Solid, pues, como juego de infiltración, es excelente, pero, desde luego, no hay jefes carismáticos y se han eliminado las conversaciones por códec para sustituirlas por cintas de radio que son un auténtico engorro, quién sabe si con el objetivo de ahorrarse tener que diseñar escenas de vídeo como las de antaño. La palma se la lleva la absurda actitud de Big Boss, que, prácticamente, no abre la boca en toda la aventura, no fuera a ser que a Kiefer Sutherland se le secara la garganta en las sesiones de grabación. Por cierto, hablando de voces, ¿dónde se quedó el acento ruso de Ocelot? Sin hacer ni el más mínimo spoiler, he de decir que, a mí, la famosa misión 46 no me disgustó, aunque sí algunas de sus implicaciones indirectas. Lo malo es que, una vez que uno llega al ‘final’, si es que hay un final exacto como tal, porque la absurda estructura de misiones no tiene ni pies ni cabeza, se queda con la sensación de que el juego está incompleto, pues se quedan muchos cabos sueltos, con acontecimientos a los que no se da ningún tipo de explicación.

Las compañías de videojuegos son muy herméticas y no hablan de estos temas, pero me encantaría conocer la intrahistoria de los desarrollos de The Order 1886 y Metal Gear Solid V. En el caso del primero, no está claro si fue antes el juego o el motor gráfico. En el caso del segundo, está claro que Konami le cerró a Kojima el chiringuito antes de tiempo, aunque sería bueno saber las motivaciones de ambas partes. En relación con esto, otra de las decepciones del año fue la cancelación de Silent Hills, aunque yo apostaría que el nuevo juego que va a hacer Kojima para PS4 y PC, una vez desvinculado de Konami, va a ser lo que tuviera pensado para ese proyecto, volviendo a colaborar con Guillermo del Toro y, simplemente, adoptando otra denominación.

Aunque es algo que ya viene de lejos, no me quiero olvidar del nuevo nivel de desvergüenza al que se ha llegado este año con ciertos contenidos descargables y pases de temporada. Yo tengo por política personal no comprar DLC; si acaso, puedo aprovecharlos cuando forman parte de la edición definitiva de un juego, pero me niego a pagar un euro más, salvo que hablemos de algo realmente imprescindible y de gran relación calidad-precio. Imagino que ya sabréis por dónde van los tiros. Sí, la política comercial que ha seguido Star Wars Battlefront me parece una lacra para la industria. Hablamos de un juego lanzado a 70 euros, sin campaña, con pocos mapas… ¡y para el que se anuncia de antemano un pase de temporada de 50 eurazos! Es decir, si quieres tener la experiencia completa, has de apoquinar 120 euros (20.000 de las antiguas pesetas, que es una cifra más llamativa). Uno se queda pensando cuánto de ese contenido se habrá cercenado de antemano o si, en su defecto, no habría cabido la posibilidad de esperar unos meses más para lanzar el juego ya con todo el contenido incluido, aunque no coincidiera con el estreno de El despertar de la Fuerza... Los fans de Star Wars que queramos disfrutar de un título de la saga sin sentirnos engañados vamos a tener que esperar, como poco, a la aventura que está preparando Visceral Games, con la jedi Amy Hennig, ex de Uncharted y Legacy of Kain, a la cabeza. Evolve también entraría en ese dudoso club de lanzarse con poco contenido y, a posteriori, tratar de remediarlo a billetazo limpio.

El caso de Nintendo en materia descargable presenta contradicciones. Por un lado, tenemos al ejemplar Splatoon, que se lanzó con poco contenido y se ha ido ampliando mediante numerosas actualizaciones gratuitas. En un término medio, está Mario Kart 8, que lanzó dos grandes paquetes de contenido por 8 euros cada uno (o 12, en caso de adquirirlos conjuntamente). Dieciséis circuitos, seis personajes y siete vehículos por sólo 12 euros es un precio muy razonable. Sin embargo, en el otro extremo, está Super Smash Bros, que ha ido ampliando su plantel de personajes a un precio nada módico: 3,99 euros para personajes únicos y 5,99 para personajes con un escenario. Entre los que se han lanzado este año y los que llegarán a principios de 2016, hay un total de siete personajes extra: Mewtwo, Ryu, Roy, Lucas, Cloud, Bayonetta y Corrin. Echad cuentas y tened vuestra cartera a buen recaudo…

Hasta CD Projekt RED se ha columpiado con los contenidos descargables. Antes de lanzar The Witcher 3, jugó al despiste diciendo que los DLC del juego serían gratuitos, pero se refería sólo a pequeñas adiciones (peinados, ropas, misiones sueltas). A la hora de la verdad, anunció el lanzamiento de dos expansiones de pago: Hearts of Stone y Blood and Wine, con un pase de temporada de 24,99 euros. Asimismo, Fallout 4 cuenta con un pase de temporada de 29,99 euros… que aún no se sabe qué incluirá. Esto último puede verse como algo negativo o como algo positivo, en el sentido de que, a priori, la compañía viene a decir que se trata de un contenido que aún no ha producido y que, por tanto, no ha escamoteado de la experiencia básica.

Finalmente, 2015 me ha constatado lo harto que estoy de dos sagas anuales como Call of Duty y Assassin’s Creed. Hace unos años, me pirraba por ambas, pero, hoy en día, no quiero saber nada de ellas. Hay sagas, como las deportivas, que se prestan a los lanzamientos periódicos cada doce meses, porque, en cierto modo, no estás ‘obligado’ a comprarlas si quieres estar al tanto de todas sus derivaciones, pero otras series deberían dejar mayores plazos de tiempo entre entrega y entrega. A la saga de los asesinos y los templarios se le ha visto mucho el plumero en los últimos años, al cargarse todo el hilo conductor del presente para poder hacer lanzamientos anuales sin que los estudios de desarrollo estuviesen constreñidos por un argumento lineal.

Nada es seguro, pero el futuro es nuestro

Si 2015 ha sido un año brillante para la industria, 2016 puede ser aún más prolífico, a poco que se cumplan mínimamente las expectativas con las decenas de juegos que ya hay anunciados. Para empezar, vamos a tener un sinfín de títulos multiplataforma de los que rompen moldes. Puede que algunos se acaben yendo a 2017, porque ya sabemos todos cómo funciona esto, pero, a priori, la retahíla da vértigo con sólo mirarla de reojo: Final Fantasy XV, Kingdom Hearts III, Deus Ex: Mankind Divided, Mirror’s Edge Catalyst, The Division, Dark Souls III, Doom, Hitman, Unravel, Dishonored 2, Ghost Recon: Wildlands, Mass Effect Andromeda, Mafia III, Far Cry Primal, Tekken 7, Titanfall 2, Star Wars, Overwatch, Battleborn, el ‘remake’ de Resident Evil 2… ¿Y se olvidará Rockstar, por fin, de GTA Online para ofrecernos su primer título específico para PlayStation 4 y Xbox One?

Tras muchas críticas por su limitado catálogo de exclusivas, todo apunta a que PS4 va a despegar de manera fulgurante, con Uncharted 4, Horizon: Zero Dawn, NieR Automata, Yakuza 0 (anunciado ya para América, pero pendiente de confirmación para Europa), Persona 5, Gran Turismo Sport, The Last Guardian, Gravity Rush 2, Detroit: Become Human, Street Fighter V, No Man’s Sky, Hellblade (estos tres últimos saldrán también para PC), Ni-Oh, Ni no Kuni II: Revenant Kingdom (aunque éste podría llegar también a otras plataformas), Star Ocean: Integrity and Faithlessness, Rime, Dreams, Ratchet & Clank… Además, a mitad de año, Sony lanzará el dispositivo de realidad virtual PlayStation VR.

Si nos fijamos en Xbox One, parece que Microsoft continuará su gran racha con una excelsa ristra de exclusivas: Quantum Break, ReCore, Scalebound, Gears of War 4, Crackdown 3, Killer Instinct Temporada 3, Sea of Thieves, Inside, Halo Wars 2, Fable Legends, Cuphead, Below (estos cuatro últimos, también en PC)… Por cierto, de cara a lo que son los mayoritarios usuarios de consola, el hecho de que algunas exclusivas también salgan en PC es un poco intrascendente, porque no son plataformas que compitan directamente entre sí, pero he procurado aclararlo en estas enumeraciones porque ya sé que hay quien tiene la piel muy fina.

Va a ser muy interesante todo lo que haga Nintendo. Mal que nos pese, Wii U parece no tener mucho margen de progresión y 2016 debería ser su último año, con lanzamientos como el nuevo Zelda, Twilight Princess HD, Star Fox Zero, Pokkén Tournament o Shin Megami Tensei X Fire Emblem. No obstante, lo importante para el futuro va a ser el anuncio y, esperemos, el lanzamiento de NX, la cesta donde la Gran N debería poner todos sus huevos, dado que va a ser la que determine su futuro en la industria. En mi opinión, sería muy bueno lanzarla de cara a la campaña navideña, y más si fuera con un Mario tridimensional, un Metroid de Retro Studios, una conversión del Zelda de Wii U, Pikmin 4 (que, según Miyamoto, está en un estado muy avanzado de su desarrollo) y, por qué no, los grandes títulos multiplataforma del momento. Por soñar, que no quede. Por ahora, no se sabe gran cosa de la consola, pero, si son ciertos los rumores que apuntan a un híbrido entre máquina de sobremesa y portátil, podríamos estar hablando de un concepto con muchísimo potencial. A la espera de eso, 3DS promete tener un año movido, con títulos como Bravely Second: End Layer, Monster Hunter X (su llegada a Occidente aún está pendiente de confirmación), Project X Zone 2, Fire Emblem Fates o Yo-kai Watch.

Por hacer un poco de resumen de todo el batiburrillo de títulos prometedores que acabo de recopilar, yo me quedaría con cuatro nombres propios. El primero sería Scalebound, que supondrá el salto de Platinum Games, un estudio que convierte en oro casi todo lo que toca, al género del RPG de acción. Con sus dragones y su cooperativo para cuatro, el infalible Hideki Kamiya promete incendiar los circuitos de Xbox One. En segundo lugar, tengo muchas esperanzas puestas en Horizon: Zero Dawn, otro RPG de acción, en este caso de Guerrilla Games, que, por fin, abandonará la medianía que es Killzone para ofrecer una nueva IP que aunará prehistoria y futuro de una forma muy peculiar, con dinosaurios tecnológicos como protagonistas de excepción. En tercer lugar, me quedo con un RPG de acción más, Monster Hunter X, que promete conservar todas las virtudes de MH4 Ultimate, pero con unos combates más ágiles y frenéticos. Finalmente, estoy en ascuas con Mirror’s Edge Catalyst, la precuela de un título que me encantó y que me valió una oportunidad para trabajar en Hobby Consolas.

2016 está llamado también a marcar el pistoletazo de salida para la realidad virtual en el mundo de los videojuegos, con visores como PS VR, Oculus Rift, HTC Vive u HoloLens (en este último caso, se trata de realidad aumentada). Mi opinión al respecto de estas nuevas tecnologías es muy clara, y es que van a ser un fracaso sonado, al estilo del efecto 3D. Yo ya he tenido ocasión de probar algunos de esos visores, y creo que no van a ir más allá de la curiosidad de una tarde. Es curioso que, a sólo medio año de la fecha estimada de lanzamiento para PS VR, Sony no se haya atrevido a dar aún un precio. Yo apuesto por no menos de 350 euros. El aislamiento social que provocan o los potenciales mareos acabarán de darles la puntilla. Tendré guardados un cuchillo y un tenedor por si me toca comerme mis vinagrosos vaticinios, pero no creo que el futuro de los videojuegos esté en esa tecnología, que, no obstante, sí veo más apropiada para otros campos.

Seguro que me he dejado muchas cosas en el tintero, pero creo que ya está bien de abusar de las palabras y, sobre todo, de vuestro tiempo. En resumen, aun con sus problemas, 2015 ha sido un año sensacional para la industria, y 2016 promete subir el listón otro par de centímetros más. Os deseo una feliz Navidad, un próspero año nuevo y, sobre todo, que los videojuegos os acompañen y os traigan felicidad a capazos.

Recordad que, hasta final de año, los miembros de la redacción de Hobby Consolas estamos publicando nuestras opiniones sobre los mejores juegos de 2015.