Sherlock Holmes pasea por Madrid

Cuando pensábamos que Sherlock Holmes no daba para más, llegó Garci para darle otra vuelta de tuerca. El detective y Watson se pasean, en esta ocasión, por el Madrid de 1890. Probablemente nada podría estar más lejos de la visión de Guy Ritchie pero eso no significa que no inspire, cuando menos, curiosidad.

El ideario cinéfilo de José Luis Garci es una suerte de burbuja que nada a contracorriente de las tendencias actuales del cine: nada de acción, efectos especiales o 3D: Holmes & Watson. Madrid Days se centra en las relaciones entre los personajes tomándose su tiempo (132 minutos de metraje final) y dando preeminencia a una historia de amor (ahí es nada) aunque todo quede disfrazado bajo el peso específico de un McGuffin que siempre triunfa: un trasunto de Jack el Destripador desatado.

Sacar a Holmes de su ambiente natural y meterlo en Madrid tiene su miga y su interés como experimento cinematográfico. La razón no es otra que la expiración de los derechos de autor sobre la obra de Conan Doyle, que a buen seguro nos traerá nuevas sorpresas y reinterpretaciones del detective más famoso de la historia de la literatura.

Gil Parrondo es el encargado de una dirección artística impecable, casi más propia del teatro que del cine, a pesar del presupuesto con el que contaba el film. El actor bilingüe y de origen escocés Gary Piquer es el encargado de dar vida a un Sherlock decididamente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver: mucho menos histriónico que el interpretado por Cumberbatch en la serie estrenada en 2010 y bastante menos desaliñado que el que ha puesto en pie en dos ocasiones Robert Downey Junior.

Atención al fantástico elenco que rodea a Piquer entre los que se encuentran José Luis García Pérez, Leticia Dolera, Manuela Velasco, Carlos Hipólito y una de nuestras mejores voces: Víctor Clavijo.

Una apuesta arriesgada, sin duda, por parte de un director que no suele contar con la aprobación mayoritaria del público y que, en esta ocasión, se ha decantado por un señuelo demasiado potente como para ser ignorado. Mi reflexión es ¿por qué no? y sobre todo ¿hacía falta que Gallardón tuviera un papel?