Whiplash, la historia de una obsesión, es aplaudida en la Seminci

Whiplash, que viene marcando el territorio tras haberse hecho con el galardón a la mejor película y el premio del público en Sundance, le ha arrancado al público de la Seminci de Valladolid una ovación. 

La producción norteamericana Whiplash, centrada en la historia obsesiva de un joven músico que busca del éxito a cualquier precio, ha arrancado los aplausos del público de la Sección Oficial de la 59 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), donde se ha proyectado este domingo y en la que compite por la Espiga de Oro.

 

Whiplash es el segundo largo del director y guionista Damien Chazelle que ha firmado libretos como el de Grand Piano. Además, ganó el premio al Mejor Percusionista en un concurso de jazz de centros de enseñanza secundaria de Estados Unidos así como el premio al Mejor Solista de Sección Rítmica del Festival de Jazz de Dunelle en 2003, siendo un adolescente.

 


 

Andrew Neiman (Milles Teller, Divergente) es un joven y ambicioso baterista de jazz, absolutamente enfocado en alcanzar la cima dentro del elitista conservatorio de música de la Costa Este en el que recibe su formación. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza, ansía convertirse en uno de los grandes.

 

Terence Fletcher (J. K. Simmons, a quien recordaréis de su papel como Jonah Jameson en la trilogía de Spider-Man), un instructor bien conocido tanto por su talento como por sus aterradores métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del conservatorio. Fletcher descubre a Andrew y el baterista aspirante es seleccionado para formar parte del conjunto musical que dirige, cambiando para siempre la vida del joven.

 

La pasión de Andrew por alcanzar la perfección rápidamente se convierte en obsesión, al tiempo que su despiadado profesor continúa empujándolo hasta el umbral de sus habilidades… y de su salud mental.

 

Estaremos bien atentos a la evolución de Whiplash, porque esta película, que está guardándose en el bolsillo tanto a los jurados de los festivales por los que pasa como al público, conjuga melomanía y pasión por el cine, ¡qué binomio más apetitoso!

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