Imagen de perfil de Sonia Herranz
La opinión de
Sonia Herranz

5 consejos para disfrutar de San Valentín en trío: tú, tu pareja y tu consola

imagen por defecto contenido opinión

Pocas cosas pueden resultar más desagradables que que tu pareja no comparta las mismas aficiones que tú… Vale no es necesario que sean todas, pero por lo menos a la que más tiempo dedicas que, cuando estás leyendo esto, seguramente sean los videojuegos. Es horrible si él o ella (más frecuente) te recrimina porque llegas tarde (querías pasar un nivel más antes de salvar), porque nunca vais a ningún lado o cuando quiere que apagues la consola para ver la peli del Plus o el partido de la jornada… Es frustrante cuando te echan en cara la pasta que te gastas en juegos y que no quieran pasar por el pasillo de los juegos cuando hacéis la compra… ¡Si sólo era para mirar!

La solución está en convencer a tu pareja de que eso que tanto te gusta, a lo que tantas horas dedicas y que es importante para ti, también puede resultarle divertido a ella. Eso es: conseguir que tu pareja quiera jugar contigo. Claro que no es fácil. Para empezar, piensas en cuál sería el juego idea para jugar juntos. Y lo primero que se te viene a la cabeza son juegos cooperativos. Ahora, si a tu media naranja lo de los videojuegos no le llama la atención, no me parece a mí que invitarle a una ensalada de tiros en un Call of Duty Ghosts o a una merienda de zombis en Resident Evil 6 le vaya a apetecer. Ni siquiera tengo muy claro que un LittleBigPlanet 2, por muy tierno y simpático que sea y muy sencillo que a ti te parezca, convenza a nadie de compartir contigo preciosas horas de su tiempo que podría emplear en sus vicios particulares (entiéndase ver la tele, leer, pasear, bucear en YouTube…). Y es que no es tan fácil convencer a alguien de que tus aficiones son mejores que las suyas o, cuando menos, igual de divertidas.

Es una tarea delicada que requiere de mano izquierda, de paciencia y de cariño. No se trata de que haga lo que a ti te gusta, se trata de que le guste lo mismo que a ti, que se parece, pero no es igual. Si me lo permites, te voy a dar unos consejitos a ver si eres capaz de conseguir que él o ella miren los videojuegos con un poquito más de amor…

1.- Lo primero es que busques algo cercano a sus inquietudes, a su carácter, a su manera de ser. Que le demuestres que también hay videojuegos que a ella o a él le puedan gustar. Y, lo que es más importante, no te creas que lo que a ti te gusta es lo mejor a la fuerza, porque tú sabes mucho, estás muy bien informado y no te puedes equivocar. No me seas pedante, no me seas snob. No trates de imponerte, sugiérele opciones. Ponerse muy pesado suele dar el resultado contrario al deseado.

2. Ojo con los topicazos. Porque sea una chica no tiene porqué gustarle bailar con un Just Dance o cantar con SingStar. Además, aunque consigas que pase una tarde jugando contigo a mover al esqueleto, no conseguirás que le gusten los videojuegos, que es el objetivo final. Como mucho, reforzarás su sensación de que está mejor pegando unos bailoteos en el garito de moda, que haciendo el ganso junto la consola. Y tampoco tiene que gustarle a la fuerza un juego de fútbol a un chico, y menos si jugáis en plan competitivo, que a nadie le apetece que le den un repaso a las primeras de cambio.

3. Jugar juntos no tiene porqué significar obligatoriamente jugar con dos mandos. Por mi experiencia personal, hay juegos en los que opinar es tan divertido como disparar. Hasta mi suegra, que de videojuegos no sabe nada, se quedaba enganchada viéndonos jugar al Zelda, el de NES. No sería por lo precioso de los gráficos… Y decía, “quema ese árbol, hijo”, “coge la fairy, que se te escapa”. Le hacía gracia vernos dar vueltas por los escenarios buscando vete-tú-a saber-qué, y ella ayudaba a su manera. Pues eso, que tu pareja sienta que te ayuda, que su opinión importa. Ya verás como al final se pica. Por cierto, hazle caso, sobre todo si estás atascado en algo (aunque con los juegos de hoy día es difícil atascarse). Seguramente vea cosas que tú no ves, porque lo mira con ojos nuevos.

4. Ten fe en la magia de las buena historias. En general intenta convencer a tu chica/o con una aventura. Las buenas historias suelen sorprender a los que no conocen los videojuegos (especialmente si ya van con prejuicios), porque se creen que en un videojuego sólo hay violencia… Luego se suelen quedar enganchados cuando descubren que debajo de los tiros, las persecuciones, los saltos imposibles y los objetos por encontrar (y la violencia), hay una trama que rivaliza con las mejores pelis. Y, aún a riesgo de repetirme, no le obligues a coger el mando, que de verdad que no hace falta. Sólo déjale que opine y que pregunte (pero hazle caso). Que se vaya enganchando a su ritmo. Es muy posible que mañana te comente, así, como de pasada, “oye, ¿vemos a ver qué pasa con Jodie? Creo que podríamos haber salvado a Paul…” Con eso habrás ganado más que si hubiera estado dos horas agarrando el mando y aporreando botones sólo por hacerte feliz.

5. Si tu pareja decide que quiere probar, déjala en paz. No hay nada peor que tener un moscón al lado diciendo “no, por ahí no”. “¡pero quieres disparar!”, “a qué esperas, ahí no hay nada que ver”. “Anda, déjame a mí”. Todo lo que hubieras conseguido, que sería mucho si ha decidido a coger el pad, se iría al garete. Cada uno juega como quiere y si le apetece experimentar con los gatillos, admirar los escenarios o mirar a los enemigos a los ojos para ver si de verdad son tan malos, anímala. Ya aprenderá esa máxima no escrita de los videojuegos: si brilla cógelo, si se mueve mátalo. Y si la has convencido para probar con un cooperativo, échale una mano, pero no le eches la culpa de que el Hombre de Arena te haya despiezado. (No es conveniente empezar con cooperativos que requieran de muchos botones y muchas instrucciones a la vez).

6. La alternancia en el poder es una buena política cuando tu pareja se haya soltado un poquito. Hay juegos que se disfrutan jugando en compañías aunque sólo uno de los presentes tenga  “el poder”. Por ejemplo, mi pareja y yo hemos compartidos tardes enteras repartiéndonos el trabajo: yo plataformeo y resuelvo puzzles y él se encarga de pegar tiros y gestionar el arsenal. Entre otras cosas, yo nunca me acuerdo de recargar el arma… Así, compartiendo el pad, hemos pasado grandes momentos con Nathan Drake o con Larita Croft. Yo no he conseguido que, por ejemplo, reviente a unos cuando monstruos en God of War, aunque tampoco ha conseguido él que le acompañe con Borderlands… Y es que en los videojuegos, como en todo lo demás, las parejas, por muy bien que se lleven, también tienen que tener su espacio, su momento, su lugar privado. Si a tu novia le terminan gustando los juegos de rol y a ti te horrorizan, déjala que lance sus magias Piro cuando le apetezca… Y si has atraído a tu novio al lado oscuro y resulta que le molan las aventuras gráficas, déjale que clique por los escenarios siempre que quiera. No te pongas celoso si le pone ojitos a otros...

Y si siguiendo estos consejos al fin consigues pasar un San Valentín en trío, prepárate para cuando vayas a jugar y tu consolas esté ocupada, para cuando te hayan llenado el disco duro de demos o te hayan borrado la instalación de tu juego preferido para hacer sitio a otro. Tendrás que aguantarte si te machacan la partida, te cambian el usuario, se gastan la pasta del monedero o te dejan los discos llenos de huellas y tirados por ahí… La convivencia es lo que tiene: algunos no cierran la tapa del váter y otras ocupan todo el armario... Lo bueno es que la próxima vez que te toque hacerle un regalo a tu pareja ya sabes cuál va a ser: una consola para ella solita y que deje la tuya en paz (queda fatal regalar la usada y quedarse uno con la nueva, avisado estás).

Epílogo

SI quieres leer una entrada más clásica, relacionada con San Valentín y los videojuegos, aquí te dejo un post con las 10 mejores historias de amor de los videojuegos. Soy de las que se repiten (la edad), pero repetir esto ya me parecía demasiado ;-)

Lecturas recomendadas