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La opinión de
Óscar Díaz

AMD tantea las próximas consolas

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Estar dentro de Xbox 360, Wii, GameCube y de otras consolas parece motivo suficiente para tomarse en serio las declaraciones de los representantes de AMD. Recientemente, con el lanzamiento de PCs que utilizan su tecnología Fusion, parece claro que su plan pasa por llegar al máximo de dispositivos posible. Algo que incluye la próxima generación de entretenimiento interactivo... consolas, vamos, de la que cada vez escuchamos más rumores.

El poder de la fusión

Fusion permite a AMD integrar uno o varios procesadores, junto a sus tradicionales unidades gráficas, en un único encapsulado. Así se mejora el rendimiento, reducen el consumo y, como era de esperar, controlan mejor los costes. Algo que ha ido muy bien con Xbox 360, que en su modelo S emplea una aproximación a esta solución. Fruto de la colaboración entre los ingenieros de Microsoft, IBM y AMD, así como las fábricas de obleas en las que se plasman los procesadores.

Pero un aspecto llamativo de Fusion es que sus responsables parecen interesados en que llegue a todas partes. Ya hay anunciados tablets que ofrecen la tecnología gráfica de AMD, junto a procesadores compatibles con Windows 7. Los portátiles y equipos de sobremesa con Fusion se cuentan por millones. Pero, ¿y las siguientes consolas de sobremesa? La respuesta pasa por hacer un poco de historia.

Cuando los PCs comenzaron a hacerse un hueco en el campo de los videojuegos, los procesadores basados en arquitectura x86 solían acompañarse de coprocesadores que ayudaban en algunas tareas. Pronto vimos cómo estos se integraban en la lógica del chip principal y nos olvidamos de ellos. Entonces (bastantes años después) llegaron las tarjetas que aceleraban la representación gráfica y, más recientemente, también la física o la inteligencia artificial en los juegos.

Tanto Intel como AMD han repetido el movimiento, integrando la capacidad de las tarjetas gráficas en sus chips y dando lugar a equipos económicos y eficientes. NVIDIA y otros fabricantes, por su parte, apuestan por el mercado móvil y arquitecturas basadas en procesadores ARM, con lo que por ahora los dejaremos a un lado.

Un camino interesante

Las primeras Xbox 360 incluían un procesador basado en arquitectura PowerPC de IBM, así como un procesador gráfico y este último, a su vez, estaba dotado de un coprocesador AMD para tareas como el suavizado de imágenes. Con el modelo Xbox 360 S, todo el conjunto forma parte de un único chip, mucho más eficiente que en el diseño de 2005.

Con Nintendo Wii, al utilizar componentes mucho menos potentes e innovadores, la necesidad de optimizarlos ha sido menos apremiante que en el caso de Microsoft. Pero también ha habido mejoras con sucesivas revisiones de los sistemas. El futuro de ambas compañías pasaría por colaborar con AMD en el futuro, por pura lógica. Aunque el cambio de arquitectura, como sucedió con Microsoft, Intel y NVIDIA en su primera Xbox, no tiene por qué ser muy traumático.

Sony, por su parte, ha apostado por la tecnología CELL. Esta, junto a unidades SPE, integra un procesador PowerPC parecido a uno de los tres que encontramos en cada Xbox 360, así como un chip gráfico estándar de NVIDIA. Un diseño que sorprendió a muchos, ya que el anuncio inicial incluía sólo unidades CELL que harían todo el trabajo. Sin embargo, los resultados preliminares y la dificultad del proyecto obligó a un cambio repentino y NVIDIA colocó su solución en tiempo récord.

Las prisas por sacar PlayStation 3 al mercado vinieron dadas por el movimiento sorpresa de Microsoft, que dejó su anterior generación en la estacada, después sólo cuatro años de vida. Pero, en el futuro, tras la experiencia recogida, parece improbable que cualquiera de las tres grandes de las consolas de sobremesa cometa algún error de este tipo. ¿Será AMD y Fusion la solución? Si por sus responsables fuera, seguro que sí.

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