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La opinión de
Sonia Herranz

Barcos de papel en el mar digital

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Yo llevo toda la vida haciendo revistas. Bueno, casi media vida, no vamos a exagerar. Me gusta hacer revistas. Y también me gusta leer revistas. Sin embargo, esto de internet es un concepto que me confunde un poco.

Internet me parece más oscuro y profundo que un océano. En la orilla se está bien, saltando olitas y tomando el sol, pero como te alejes de la costa te ves engullido por olas de verdades a medias, de dimes y diretes, de informaciones sin contrastar, de opiniones de dudosa procedencia... Como te descuides te ahogas pinchando de link en link y sin saber muy bien donde quedaba la seguridad de la orilla...

En internet parecen no existir las reglas y normas que sí funcionan en la prensa en papel. Y eso es lo que no me gusta de internet. No me gusta que cualquiera se pueda inventar una noticia y que luego no se responsabilice de la marea que provoca. Es que ni se disculpan o desmienten. Hace poco un bloguero se inventó unas declaraciones de una figura importante de la industria española y la metió en un lío de narices. Mientras esta persona se esforzaba ante sus jefes internacionales en demostrar su inocencia, el bloquero tranquilito... ¿No es el informador el que tiene que demostrar la veracidad de sus palabras? ¿Es que internet está ajeno a la ética?

Aunque lo pueda parecer, no meto en el mismo saco a todas las páginas web, porque en muchas (gracias a los dioses del ciberespacio) hay profesionales de la información que, escriban en papel o en tinta electrónica, siguen las reglas (no siempre escritas) de la ética profesional y tienen sentido de la responsabilidad (un sentido casi tan en vías de extinción como el sentido común). Eso sí, internet es libre y cuando cruzas una puerta no sabes si detrás te espera un profesional de verdad o alguien con mucho tiempo libre y mucha imaginación.

Quizá porque navego entre dos generaciones, porque leo libros y tengo e-book, porque me acuerdo del 23-F y pido pizzas por internet... Quizá por esa dualidad tan propia de mi generación, me gusta buscar y curiosear en internet, pero prefiero la manera de informar del papel. Me gusta pasar las páginas de una revista, mirar las fotos, oler la tinta y fiarme de lo que leo (vale, el periódico se me desmonta, pero me gusta). Señalar un artículo que me sorprende, dejárselo leer a otros. Saber que lo tengo ahí y que no va a cambiar... Me gusta tener la información físicamente en las manos. Controlada, finita...

Y claro que uso internet y me conecto desde mi portátil y me trago el E3 en tiempo real y la presentación de NGP muy tempranito... Y un vídeo de cómo conseguir un trofeo que se me resiste... E ideas para hacerle un disfraz a mi hijo (soy una auténtica manazas, así que, facilito...). Un día buscaba cómo limpiar el acuario y terminé leyendo sobre la reproducción de una lagartija africana... (que digo yo que se ahogaría en un acuario). Al final me compré un libro de acuarios.

Pero hay algo de internet que me gusta mucho, que me emociona.

Llevo años escribiendo para lectores que no conozco y que no me pueden responder, ni rebatir... Es más, sin saber si a mis lectores les importaba algo lo que decía o si les traía totalmente al pairo... Ahora, cuando subo un post a este blog y me contestáis me da un subidón: ¡podemos comunicarnos! Me podéis decir si estáis de acuerdo o no; podéis matizar lo que os digo y ¡os puedo contestar casi en tiempo real! Esto en una revista no se puede hacer...

Si alguien me pregunta que es lo mejor de la información a través de internet contestaría que la bidireccionalidad.

Ojalá algún día no muy lejano en la red haya siempre información de calidad y con esta mágica cualidad de la auténtica comunicación que sólo permite internet.

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