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La opinión de
David Martínez

Battlefield 1 vs Call of Duty Infinite Warfare - La campaña

Hasta la fecha las dos grandes sagas de FPS bélicos, Battlefield y Call of Duty habían enfocado la campaña de un modo similar. Con sus altibajos, ambos títulos pretendían brindar una experiencia cinematográfica -heredera de películas como Black Hawk Derribado o En Tierra Hostil- que completase su interminable multijugador online. Este planteamiento imponía unas limitaciones, como los escenarios “pasilleros”, los elementos “scriptados", como explosiones o entradas a cámara lenta en estancias plagadas de enemigos, y un arsenal y habilidades diferentes de las del multijugador.

Pero no todo es malo. Este diseño de juego también permitía disfrutar de brillantes historias, como la trilogía Modern Warfare o los Bad Company, con la participación de auténticas eminencias, como el ex miembro de las fuerzas especiales británicas, Andy McNab, que escribió el argumento de Battlefield 3. Con esta premisa, hemos disfrutado de momentos vibrantes (como el nivel Total Eclipse of the Heart de Battlefield 4 o la aparición de personajes históricos, como Nixon, Castro o MacNamara, en Call of Duty Black Ops). 

Este año, ambos títulos, Battlefield 1 y Call of Duty Infinite Warfare, se la juegan. El primero de ellos ha apostado por una ambientación menos popular, la Primera Guerra Mundial, en el que el papel de los norteamericanos -los principales compradores del juego- era muy limitado. Por su parte, Infinity Ward, desarrolladores de CoD, debe resarcirse de la sensación que nos dejó con Call of Duty Ghosts, y para ello se ha rodeado de talentos, sacados de Naughty Dog, y nos ha hecho avanzar hasta un futuro lejano, en que las guerras se lucharán también en el espacio.

Ambos juegos le han dado una vuelta al gameplay tradicional. En el caso de Battlefield 1, el modelo a seguir ya no son los blockbuster de Hollywood, sino los documentales, en que se muestran enfrentamientos históricos sin tratar de establecer un vínculo argumental entre ellos: simplemente se trata de hacer un retrato de las personas que lucharon en cada escenario. El jugador, tiene que llevarse una imagen global de cómo transcurrió la Gran Guerra, en todos sus frentes y a través de protagonistas distintos. 

Y por supuesto, eso significa que vamos a pilotar biplanos y tanques, vamos a cabalgar junto a Lawrence de Arabia -El Orens- y sufrir las descargas de artillería junto a otros soldados en los campos de Francia. 

En el extremo opuesto, Infinite Warfare se centra en la figura de Nick Reyes, y nos habla de cómo pasa de ser un teniente de las fuerzas aéreas hasta convertirse en el mando de la nave Retribution, la última de la flota. Como ha ocurrido en anteriores entregas, la narrativa tiene mucho peso, y se refuerza con la actuación de estrellas consagradas (en este caso Kit Harington -Jon Nieve en Juego de Tronos- o el luchador de UFC Conor McGregor).

En lo que respecta al desarrollo, propiamente dicho, sus principales innovaciones serán los niveles de vuelo (libre) en el espacio a bordo de la nave Jackal, los combates en gravedad cero, y la posibilidad de ir al puente de la Retribution para escoger nuestro siguiente objetivo, sin tiempos de carga.

Para rematar este duelo, este año también podremos disfrutar, de nuevo, de Call of Duty Modern Warfare Remastered, el juego que más ha influido en el género de los últimos años, con gráficos mejorados y una campaña memorable, que por cierto, puede alterar el rumbo de toda la saga

Este año, el enfrentamiento entre las dos campañas promete ser apasionante. Cada juego ha encontrado su camino; dos maneras de acercarse a la guerra como entretenimiento. Y en ambos casos, manteniendo unos valores de respeto por los combatientes, y sentido del deber y el honor. Algo indispensable cuando se trata un conflicto armado, especialmente si está basado en hechos reales y apoyado sobre la memoria de bajas reales. 

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