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La opinión de
Raquel Hernández Luján

Las chicas del cable - ¿Es la primera serie española de Netflix feminista?

Las chicas del Cable

Blog de opinión sobre la recepción de Las chicas del cable. ¿Es la primera serie española de Netflix decepcionante? ¿Es un paso hacia la igualdad de género?

Las chicas del cable han aterrizado en Netflix organizando bastante revuelo en redes sociales y despertando mucho interés mediático. Se trata de la primera producción española de la plataforma y quizás una buena parte del público aficionado a su catálogo esperaba una serie mucho más rompedora en la que la trama romántica tuviera menos peso específico y el espejo histórico fuera más fiel a la época que pretende reflejar.

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Sin embargo, la estrategia ha ido en otro sentido, alcanzar la cuota de mercado de otros proyectos previos de Bambú Producciones, que, recordemos, ha venido "petándolo" con diversas series de cortes muy diferentes entre las que encontramos Hispania, Gran Hotel, Bajo sospecha y más recientemente Velvet, su producto estrella.

De momento parece que ha dividido totalmente a la audiencia: hay quienes echan pestes de la serie y no la aguantan (los críticos la hemos recibido con tibieza, la verdad) y hay quienes han quedado enganchados de forma casi inmediata y esperan como agua de mayo la segunda temporada, que ya estaba en proceso cuando acudimos al evento de presentación de Las chicas del cable en Berlín para ver los paneles de See What's Next.

Buenas intenciones, mejorable resultado

A estas alturas tener que seguir reivindicando los derechos de la mujer es un poco desesperante. Y quizás sea la propia sociedad la que por fin tenga que empezar a darle tintes de normalidad a la integración de la mujer en todos los planos y aspectos de la vida. Las ficciones que consumimos son uno de esos planos. En mi caso estoy cansada de que en los medios de comunicación la imagen predominante de la mujer tenga dos polos: el de cosificación o el de la victimización. Os propongo que analicéis de forma somera las últimas 10 películas y/o series que hayáis visto y os paréis a pensar en cuántas de esas ficciones las mujeres son "las guapas" o las víctimas de un asesinato, abuso o maltrato. Os vais a sorprender de los pocos matices que vais a encontrar en lo que consumís.

Es evidente que si ambientas una serie a finales de los años 20 y pones el foco en un grupo de mujeres como protagonistas, van a surgir tramas relacionadas con la realidad que se vivía en ese momento pero el prisma es tan actual y la serie busca de forma tan descarada en algunas ocasiones el morbo (no gratuito pero sí premeditado para enganchar al espectador), que esas buenas intenciones quedan empañadas.

¿Aboga Las chicas del cable por la igualdad de género? Digamos que te da una de cal y otra de arena... Ahora me explico mejor.

Las chicas del cable (Serie TV) - Cartel
Las chicas del cable (Serie TV) - Cartel

Los guiones intentan reflejar la lucha feminista (entendiendo feminismo como lo que es, la búsqueda de la igualdad a través del derecho de sufragio universal, por ejemplo); denunciar la represión sexual y el Estado paternalista que hacía dependientes a las mujeres de sus padres o sus maridos para poder viajar o disponer de su propio dinero, aunque ellas mismas lo hubieran obtenido a través de sus empleos; mostrar de forma descarnada el maltrato y poner la lente de aumento en las retorcidas formas en las que los hijos pueden convertirse en la moneda de cambio y el chantaje perfecto para mantener una relación perversa con una mujer atada a su familia...

Todo eso está en la serie, que además incluye también temas hasta ahora bastante tabúes que se han explotado menos como las relaciones abiertas, los tríos amorosos, la identidad de género... En este sentido todo se mezcla más y es un poco difícil discernir cuál es el mensaje porque el personaje de Ana Polvorosa es bastante ambiguo: al principio pensamos que es una mujer lesbiana, luego descubrimos que es bisexual y a la postre se nos adelanta que su identidad sexual es la de un hombre atrapado en el cuerpo femenino. Pero quizás es en este aspecto en el que la serie es más interesante porque resulta que las personas somos así, no simples portadoras de etiquetas, sino seres en constante evolución, con derecho a probar, a equivocarnos y a ir descubriéndonos a nosotros mismos poco a poco.

Visto así, nadie podría acusar a la serie de no ser firmemente feminista, pero cuando vemos los ocho episodios que integran la primera temporada, nos llevamos un chasco. Pasan demasiadas cosas en muy poco tiempo, en un mismo lugar, a las mismas personas. El edificio de telefonía de Madrid es el Smallville de la ficción española. Las motivaciones van y vienen y el motor de casi todas ellas es una visión mortificante e idealizada del amor romántico cuando no platónico e idealizado.

Las chicas del cable

El maltratador no es un personaje turbio en sí mismo por serlo sino que además es violento, infiel, etc. y carece de matices. En casi todos los casos los personajes son muy planos y en concreto, las mujeres que salen del círculo de las cuatro protagonistas son malvadas: la esposa y la secretaria de Francisco, la madre de Carlos... Es más, no son personajes que se definan demasiado por sí mismos, sino que son como extensiones de los personajes masculinos. Son interesantes por lo que pueden llegar a hacer para enturbiar el futuro de la protagonista, más que nada.

Nuestra protagonista pretende ser "una heroína oscura", pero se nos queda a medio gas, no termina de ser dueña de su destino porque siempre hay otros que la tienen en sus manos por medio de secretos aparentemente inconfesables. En este sentido la serie es bastante naif, como un culebrón de instituto y sorprende que esa trama tenga más fuerza que otras mucho más crudas y realistas.

Los creadores de la serie tampoco están especialmente contentos con el tratamiento que se le ha dado en determinados medios de comunicación a las protagonistas de Las chicas del cable y no me extraña. En la presentación en Madrid de la serie, Ramón Campos le lanzó una pulla a Pablo Motos que no pudo estar más desacertado en su entrevista diciendo cosas como que "las mujeres se dividen entre las que saben perrear y las que no". Sus palabras: "Hay un largo camino por hacer, perrees o no perrees". Le damos la razón. La serie ha abierto un camino para manejarse en las turbulentas aguas de las plataformas televisivas que copan el mercado con una abundantísima programación. Ha despertado interés, ha esbozado mensajes interesantes y tiene esa fuerza ahora para trasladarla a su segunda temporada incrementando la calidad de sus guiones, el carisma de sus personajes y reforzando su mensaje conciliador entre géneros. No creo que dejen escapar esta oportunidad.

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