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La opinión de
Sonia Herranz

Un círculo vicioso contra la originalidad

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Hace poco estuve echando un ojo a números antiguos de Playmanía. Siempre es divertido lanzar una miradita atrás… Curiosamente, fijándome en los juegos he tenido más sensación de involución que de evolución.

No es que me parezcan mejores los juegos de antes que los de ahora. Obviamente, la calidad ha crecido mucho en más de una década. Hasta nuestras capturas son mejores ahora que hace 10 años, que la tecnología mejora para todo. Lo dicho, no es que note menos calidad, es que me falta variedad.

En el número 2 de Playmanía hicimos una comparativa de juegos de fútbol… ¡Y había 10 juegos! ¿De cuántos juegos podríamos hacerla hoy día? Hicimos comparativas de deportes de riesgo, porque había juegos de skate, de snow y hasta de wakeboarding… Podíamos hacer comparativas de juegos de pistola, de juegos de rally, de plataformas 3D y platafomas 2D; de aventuras con saltos o con acción, de juegos de Fórmula 1… Hasta nos podíamos permitir el lujo de hacer una comparativa de shooters bélicos (es decir, sólo de juegos de guerra…). Con deciros que hicimos comparativas hasta de puzzles…

No hemos dejado de hacer comparativas, pero ahora no hay tantas opciones ni tanta variedad. ¿Qué ha pasado en estos 10 años? Quizá el mercado de los videojuegos ha madurado, se ha hecho mayor y ya no busca la diversión por la diversión… Quizá los videojuegos son ahora más que nunca un negocio, un entretenimiento sin más…

De primeras podríamos echarle la culpa a las compañías y, hablando de España, a las distribuidoras, que no quieres traer juegos más variados. Pero las distribuidoras te contestan que no es que no quieran, es que no pueden. No pueden, porque no se venden. “¿Un juego de fútbol? Para qué, si sólo venden PES y FIFA?”. Cada vez que se la juegan con un título y no se vende tienen graves problemas económicos (más o menos grandes según la fortaleza de la distribuidora en cuestión). Y además, se quejan de que cuando traen algo un poquito especial en los medios especializados no nos hacemos eco… No hablamos de ellos con la misma profusión y profundidad…

Y es verdad. No podemos dedicarle el mismo espacio a Katamari que a Tekken… Porque a nuestros lectores les interesa más Tekken y quieren saber más cosas de Tekken que de Katamari. Y claro, si llenas la revista de cosas que no interesan, pues no te compran…

¿La culpa es entonces de los jugadores? ¿Los usuarios nos hemos vuelto vagos, no nos apetece probar cosas nuevas, nos tiramos al cuello de los grande títulos y no queremos mirar más allá? Pues sí, es bastante posible. Si me tengo que gastar 70 euros en un juego, miro muy mucho qué juego me compro. Y si sé que me lo voy a pasar en grande con God of War III y no tengo muy claro si Dante’s Inferno me va a gustar… Pues me quedo con GOWIII… Los jugadores (o al menos la mayoría) quieren jugar a lo seguro.

Me parece muy razonable. Por ejemplo, yo soy (o era) una ávida lectora. Tenía siempre tres libros en la mesilla. Por si acaso. Leía todo lo que caía en mis manos. Eso me permitió descubrir grandes joyas sin nombre y también me obligó a tragarme bodrios infumables. Pero claro, sin los bodrios nunca habría descubierto las joyas… Ahora tengo mucho menos tiempo y leo mucho menos. La conclusión. Selecciono. No me lo leo todo. Es más, me he dado cuenta de que, para mi vergüenza, sólo leo best-sellers… Si una novela le gusta a todo el mundo, algo tendrá… Tengo tan poco tiempo para leer que no puedo permitirme el lujo de perderlo en algo que puede que no me guste. Sé que me estoy perdiendo grandes obras, pero ojos que no leen…

Si esta experiencia la traslado a los videojuegos y le sumo la diferencia de precio (y no sólo la del tiempo, que también), pues entiendo a los jugadores. Y a las distribuidoras y a los medios especializados.

Y os seguro que me da mucha pena entenderlos a todos…

Es un círculo vicioso que se hace cada vez más agobiante. Si no traen juegos originales no los compro, pero no los traen porque nadie los compra y en los medios no se habla de ellos porque a la gente no le interesan, y no no les interesan porque no hay, y no hay...

Voy a intentar romperlo. Hoy mismo voy a coger un libro a boleo...

¡Por favor, que no me toque un bodrio!

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