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La opinión de
José Luis Sanz

El cliente siempre se lleva el pescozón

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Imagina que estás de viaje, en un lugar exótico, con mucho sol, vas bien acompañado y estás ya un poco harto de las maletas y del vuelo. El taxi desde el aeropuerto, encima, va pisando huevos y el tío que conduce no para de hablarte de la última visita que hizo a España. A Barcelona, concretamente. Tienes unas ganas locas de echarte una siestecita para aliviar el jet lag. Llegas al lobby del hotel, sacas los papeles de tu reserva pero nadie te atiende. Lo peor no es eso. Es que tocas una y otra vez la campanilla para que alguien venga a darte las llaves de tu habitación y nadie acude.

Empiezas a estar muy mosqueado. Miras a tu alrededor y descubres que los empleados de uniforme andan por los pasillos haciéndole la zancadilla a los clientes. ¿Cómo? No sólo eso. Es que hay un grupo de botones persiguiendo a una parejita joven que huye despavorida hacia la salida entre pescozones y empujones. Empiezas a mosquearte. ¡¡Vaya servicio dan en este hotel!! La primera y última vez que vengo. ¿Pero qué manera de tratar a un cliente es ésta?

"Este tío está muy mal", pensaréis, pero lo cierto es que así me siento (como el cliente del hotel) cada vez que compro un juego de PC. En los últimos tiempos Mass Effect 2, Warhammer 40.000 Dawn of War II Chaos Rising, Dragon Age Awakenings, Batman Arkham Asylum, Just Cause, Bioshock 2 y alguno más que me dejo en el tintero. Es cierto que hay piratería. Es cierto que encontrar a un usuario que compre juegos originales es tan complicado como salir a cazar bisontes por la Sierra de Guadarrama, pero eso no quita para que las compañías que buscan proteger sus juegos, sus inversiones y su derecho a ganar todo el dinero que puedan, no nos puedan tratar un poquito mejor.

A ver si alguien entiende que las protecciones sólo las padecen los que compran juegos originales. Los que se descargan los juegos no. Cuando meto mi CD-Key el que espera un minuto a la validación del servidor soy yo. Los que se descargan los juegos no. El que tiene que andar con pies de plomo para que la conexión no se caiga y la partida no se vaya al garete soy yo. Los que se descargan los juegos no. Los que tienen limitaciones de instalaciones, autorizaciones y demás gaitas soy yo. Los que se descargan los juegos no. Entonces, ¿para qué tantas narices de protecciones?

Señores de las compañías, mimen a los que compramos de verdad. Promuevan más comunidad entre sus fieles, estírense y hagan que nos sintamos importantes. ¡¡Ah!!, y olvídense de los que no compran juegos originales, muchos no lo harán jamás. Así que mejor quedarse con lo que tienen, aunque seamos pocos, que seguir perdiendo clientela como la del hotel.

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