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La opinión de
José Luis Sanz

Control, control y control

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Hace poco apareció un interesante libro llamado ¿Cómo lo haría Google?, que venía a decir, más o menos, que las relaciones de las empresas con sus clientes han cambiado tras la irrupción de Internet y que hay que ir de la mano de tus potenciales compradores dejándoles que participen, incluso, en los procesos de creación de los propios productos de la compañía.

De sobra conocida es la historia de los últimos diez años y lo bien que le luce el pelo a la industria discográfica, que ha cavado su propia tumba gracias a las ideas geniales de algunos ejecutivos abonusados que creían que un empitrí (MP3) era el nombre de un grupo de raperos del Bronx. Con los DVD y las películas van camino de repetir tan luctuosa historia de tratar a los usuarios como delincuentes, criminalizando a todo lo que se mueve sin ningún tipo de vergüenza. En ambos casos, en la música y el cine, la industria oficial sigue empeñada en vendernos su burra coja que duerme en formatos del siglo XX (compact disc y DVD), olvidando que ya NADIE los utiliza (¿conocéis a alguien que use un CD para escuchar música?).

Pero ahí no queda la cosa. Algunas compañías de telefonía ya amenazan con que, o usas el móvil como ellos dicen, o te lo bloquean por que les sale de la pantalla amoLED, aunque te hayas dejado 500 pavos y sea tan tuyo como el brazo derecho con el que lo sujetas cuando hablas. ¿Os imagináis al señor de Armani entrando por la puerta de vuestra casa para quitaros una camisa por que durante cinco minutos la habéis combinado con el pantalón del pijama, incumpliendo así el contrato de licencia de uso de la camisa de Armani? ¿Pero a dónde vamos a llegar?

Control, control, control...

Por desgracia, ahí no acaba el problema. En los videojuegos también las compañías están sufriendo un ataque de caudillismo y ya nos dicen que la vieja costumbre de vender los juegos cuando ya estamos hasta el gorro de verlos tirados en las estanterías cogiendo polvo se va a acabar. Que lo del mercado de segunda mano es muy malo (para ellos, se entiende), por que dejan de vender los nuevos que sacan. Resumiendo: cuando compras un juego, realmente te estás casando con él y tendrás que tenerlo en la salud y la enfermedad, en lo bueno y en lo malo... hasta que las tres luces rojas os separen.

Y digo yo. Pues no me sale del pixel dejar de vender ese juego a otro chaval que quiera jugarlo. Yo me he gastado un dinero en un videojuego (el mío, el que gano todos los meses o el que me da mi padre porque soy muy simpático) y si lo considero oportuno, quiero recuperar parte de mi inversión para gastármelo en lo que me dé la gana (incluso en otro videojuego). ¿Acaso no saben los hombrecillos de las compañías de videojuegos que nuestra civilización, sistema económico o chiringuito monetario (como quieran llamarlo), se cimenta en tres pilares esenciales: libertad, propiedad y justicia? Señores de las compañías, repitan conmigo: propiedad, propiedad, propiedad. Con d.

No me quiero poner en plan Pep (por lo de filósofo que dijo Ibrahimovich), pero a esta facción autoritaria del ocio digital me gustaría recordarles una cita que tiene más de 140 años...

"La propiedad..., por lo tanto, es intrínsecamente inseparable de la economía humana en su modalidad social."                                         – Carl Menger

Pues eso.


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