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La opinión de
José Luis Sanz

Cuando Spy vs Spy y la Guerra Fría hablaron español

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A pocos juegos les tengo tanto aprecio como a los de la serie Spy vs Spy de First Star Software que salieron a la venta, por vez primera, para Commodore 64, Apple II y ordenadores Atari de 8 bits allá por el año 1984. Un juego (multijugador podríamos decir ahora), en el que dos espías debían hacerse la puñeta todo lo posible mientras buscaban afanosamente unos informes por el escenario y, después, corrían como alma que lleva el diablo hacia la salida para escapar en avión.

Un desarrollo que, pensaréis, no es nada del otro mundo pero que cuando se disfrutaba junto a otro amigo, con dos joysticks, se alcanzaban cotas de pique que ya las quisiera para sí el mismísimo FIFA. Pues bien, ese fenómeno de Spy vs Spy tuvo tanto éxito que contó con un par de continuaciones y remakes para plataformas tan dispares como ZX Spectrum, Amstrad CPC, MSX, NES, Game Boy, Mega Drive, Xbox y un sinfín más.

No sé vosotros, pero yo cuando jugué por vez primera con el Spy vs Spy de Commodore 64 en los 80 (¿en el 85 tal vez?), pensaba todo inocente que la historia de estos personajes era 100% digital. Es decir, que había sido creada por y para los videojuegos. Pero poco después vi que no, que es de MAD (la revista de humor americana que tiene más de 60 tacos a sus espaldas), de donde venían los navajazos.

¡¡Uf!!, lo que hacía vivir a 8.000 Km de distancia. En España. En un mundo sin Internet. Y es que como nunca había leído una revista MAD... ¡¡no me hacía a la idea de la importancia de Spy vs Spy!!

Spy vs Spy y sus espías Blanco y Negro (jajajaja, parece que estamos hablando de Pokémon, ¿no?) tienen su origen en unas tiras cómicas que empezaron a publicarse en el año 1961. Para que os hagáis una idea, la Guerra Fría estaba en pleno apogeo y quedaba muy poquito para que se produjera la crisis de los misiles (con Cuba) y, poco después, para que mataran a JFK.

Precisamente, allí en Cuba, vivía Antonio Prohías, un dibujante que trabajaba en algunos medios cuando llegó Fidel Castro con su 'revolución' para instaurar una dictadura que todavía perdura. Según Prohías, "los que no apoyaban al nuevo régimen eran considerados espías" y fue a partir de ese pensamiento cuando le vino a la cabeza su idea de Spy vs Spy.

Así las cosas, Antonio salió por patas de la isla y se instaló en EE.UU. en 1960, en Nueva York, donde enamoró a los editores de MAD y empezó a publicar periódicamente sus trabajos que, por cierto, tenían una peculiaridad: en las tiras cómicas de Spy vs Spy no había bocadillos con diálogos. Sólo Boom, Kboom, Fweeee, etc. ¿Y por qué? Pues muy sencillo: Antonio Prohías no hablaba inglés y de la necesidad hizo virtud. Así que se dejó de chistes hablados y recurrió a los gestos, a las acciones de los personajes.

Desde entonces, la relevancia de Spy vs Spy y sus dos protagonistas ha sido constante (en EE.UU. por lo menos), llegando a protagonizar anuncios de TV para marcas conocidas de refrescos y coches, y contando en Internet con páginas de fans que recuerdan sus tiras cómicas con enorme devoción.

¿Pensáis que se me ha ido la olla con esta entrada? Tal vez, pero yo al menos tengo a estos juegos de Spy vs Spy entre los mejores de todos los tiempos y, ciertamente, es complicado encontrar una saga de videojuegos que tenga tras de sí una historia tan apasionante como esta... ¿no os parece?

¡¡Larga vida al espía Blanco y al espía Negro!! Vida, por cierto, acrecentada por una reciente versión para iOS (iPhone o iPad).

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