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La opinión de
Sonia Herranz

El dilema del Pastor: 2.100 pesetas = 25 euros

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La mejor época para los videojuegos en nuestro país, desde el punto de vista del desarrollo, fue la década de los 80, la llamada Edad de oro de software español, cuando empresas como Dinamic, Topo, Opera o Zigurat / Made in Spain, ponían su creatividad la servicio de los MSX, Spectrum y Amstrad y España era el segundo productor europeo de juegos… Aunque, paradójicamente, no se consumía casi (justo lo contrario de lo que ocurre hoy día).

La cuestión es que jugar sí que se jugaba, aunque pagar, lo que se dice pagar, como mucho se pagaba al señor de El Rastro que te vendía la cinta pirata por 300 pesetas y además te dejaba su número de teléfono por si no te funcionaba. Es verdad que la red de distribución no era como la actual, que puedes encontrar videojuegos en cualquier sitio, era más difícil, más marginal y bastante caro. Los juegos estaban sobre las 2.100 pesetas (12 euros). Para que os hagáis una idea, un periódico costaba sobre las 80 pesetas (0,50 euros). Así las cosas, las cotas de piratería rondaban el 90%, parecido a la incidencia actual de la piratería, pero con el peligro añadido de que la industria del videojuego estaba en pañales y corría el riesgo de desaparecer aún antes de asentarse. Apuntito estuvimos de que la industria abandonara nuestro país y lo diera todo por perdido…

Por suerte, hubo reacción y Erbe (que controlaba más del 80% de la distribución en España) dio un golpe de mano: bajó el precio de los juegos a 875 pesetas… Lo que casi hunde (y de hecho hundió) a algunas compañías más pequeñas que no pudieron aguantar los ajustes y la pérdida de margen, aunque salvó a la “industria” en nuestro país. La gente sí estaba dispuesta a pagar esas 875 pesetas por un juego original. Se pasó de unas cifras de ventas de 1.000 unidades totales a 150.000 unidades (según los datos del libro "8 Kilates", muy interesante, por cierto).

Hoy, en 2013, se habla de que nuestro país mantiene unas cotas de piratería del 80% (es bastante difícil de comprobar) y se quiere invocar el espíritu de Paco Pastor (cerebro de la campaña de las 875 pesetas), con la idea de que una bajada de precio de esa envergadura acabaría con la piratería como ocurrió en 1987 y relanzaría el sector al multiplicar las ventas por 150. Estaríamos hablando de bajar los juegos de 60 euros a 25…

Yo no soy tan optimista. La época no tiene nada que ver. La coyuntura económica tampoco. Ni la industria ni el usuario. Actualmente no se compran copias piratas: nos las bajamos de Internet. No hablamos de pagar un poco más por tener el juego original, hablamos de “pagar”. El mercado está más globalizado que nunca y es impensable fijar una política de precios únicamente para un país. Desgraciadamente, y me duele decirlo, no creo que la solución sea el Plan Paco Pastor.

Y una de las señales que me hace pensar así es la polémica con Whatsapp… España es uno de los países donde esta aplicación de mensajería instantánea se ha adoptado con más fuerza. A todos nos gusta comunicarnos así, mandando mensajitos inmediatos que no nos cuestan nada, más allá de la tarifa de datos, por supuesto. Te vale para echarte unas risas y para coordinar a un grupo de amigos. Nosotros la usamos hasta para trabajar… Se ha convertido en una de las aplicaciones de nuestros teléfonos más usada y más extendida. El otro día oí decir a un señor que comparaba un  teléfono: “sí, si, está muy bien, pero ¿puedo tener guasa?” Pues bien ¡nos negamos a pagar 89 céntimos! ¡89 céntimos! Alucino. Si se ha montado la que se ha montado por 89 céntimos (que en realidad yo creo que es por el hecho de “pagar”)… ¿Qué nos hace sospechar que una bajada de precios de los juegos lograría que se vendiera más? Ojo, digo vender más. Los que compran seguirán comprando, por supuesto, pero eso no sería suficiente, habría que vender miles de unidades más para sostener el sistema…

Estamos acostumbrados a pasearnos por las tiendas digitales y a descargar lo gratis. Y cuando algo nos gusta, nos es útil, nos funciona… algunos pagamos 0.89 euros, la gran mayoría se niega en redondo a soltar 89 céntimos y, además, se carga de razones de lo más peregrinas… Pues nada, oye, a lo mejor te toca reconstruir toda tu red de contactos, crear grupos nuevos, convencer a tus amigos y conocidos de que se bajen otra aplicación gratis y que también reconstruyan su red de contactos… Seguro que es más práctico que pagar 89 céntimos…

La verdad, si yo tuviera que decidir si arriesgar mi negocio bajando el precio de los juegos con la esperanza del que el público reconociera el esfuerzo y comprara 3 veces más, no sé si lo haría. Y eso que siempre he sido defensora de la bajada de precios. Lo que oigo por ahí me hace sospechar que lo único que lograría es hundirme un poquito más deprisa… Lo que nos hace falta es otro cerebro, fresco y con ideas nuevas, que dé con la fórmula mágica como hace 26 años lo hizo Paco Pastor. Creo que los españoles de hoy que “compran gratis” no estarían dispuestos a “comprar pagando”…

¿O sí? No sé, parece que cada día que pasa me vuelvo más pesimista y con menos fe en las personas… y en el sistema. Hablamos de bajar los precios y fijaos en lo que os digo: apuesto a los que juegos de PS4 costarán 80 euros. Vale, 79,95, que al cambio son 13.302 pesetas… Igualito, igualito que el dilema del Pastor.

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