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La opinión de
José Luis Sanz

Download Party

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Pues sí. Llevo ya algún tiempo alucinando con la Campus Party. Y reconozco que este alucine no es nuevo, viene de lejos. Cumple años y todo. Y es que no deja de sorprenderme que se empeñen en darle un barniz divulgativo a un evento que es, en realidad, un inmenso taller de dercargas alegales. Y no lo digo yo, lo reconocen a pecho descubierto los propios asistentes con frases del tipo "podremos descargar todo el contenido de la Wikipedia en tan solo 30 segundos". 

Resulta que los responsables de la Campus Party dicen que es una fiesta, "una puerta al conocimiento digital", en la que se celebran talleres, conferencias, cursos y, además, es un trampolín muy interesante que en los últimos años ha permitido a compañías presentar sus juegos y todo. En la edición anterior de 2009, si no me equivoco, Blizzard estuvo enseñando su StarCraft II, entonces sin fecha oficial de lanzamiento.

Pues bien. Por mucho que me lo explican, esa intención loable de hacer universal el conocimiento y de compartirlo con tu prójimo con alegría yo no lo veo por ningún sitio. Y cuando digo que no lo veo, es que no lo veo. Concretamente en los medios, que somos, al fin y al cabo y a pesar de todo, el escaparate en el que se mira el lector/televidente/navegante para enterarse de algunas cosas.

Yo, por más que me empeño, no hago más que hacer zapping por las teles en los últimos días y lo único que reseñan de la Campus Party es que la gente que asista dispondrá de una conexión a Internet de 8,5 Gb (eso son como unos 870 Mb por segundo) y que el manual del buen campusero consta de tres sacrosantos elementos fundamentales: el PC (o Mac, o Xbox 360 ¿modificada?, o Nintendo DS, o PSP ¿con CFW?), un arsenal de gigas con forma de discos duros y una lista de la compra.

Sí, sí, una lista de la compra. Que en román paladino significa llevar un Excel con todo lo que me quiero bajar para este año gracias a la conexión que la Campus Party y Telefónica me regalan. Es más, cuando alguna tele le pone un micrófono a alguno de los campuseros, reconocen sin problemas que están allí para bajarse todo lo bajable. Esté sujeto o no a derechos de autor.

¿Y no creéis vosotros que esta, y no otra, es la razón que mueve a los asistentes a ir a la Campus Party? Bueno, las descargas y la fiesta, por supuesto. El conocimiento imagino que interesará a alguien también (siempre hay alumnos aplicados que aprovechan su tiempo), pero me da a mí que en un segundo, tercer o cuarto plano...

Así las cosas, queda demostrado que la Campus Party permite compartir conocimientos a una velocidad de 8,5 Gb con el mundo, asistir a conferencias, bajar esas decenas de series y películas que en casa no puedo, conocer a Steve Wozniak (co-fundador de Apple y gurú en sus ratos libres), bajarme esas aplicaciones por las que no voy a pagar, asistir a un taller web y, finalmente y en honor a Blizzard que en la sala de al lado está presentando StarCraft II, bajarme todos sus juegos por si algún día los utilizo.

Yo propongo un pequeño cambio para la edición 2011. Llenen la Campus Party de cursos (más de los que ya hay), organicen decenas de conferencias (más de las que ya hay), junten a Steve Jobs con Bill Gates y hagan un bonito cara a cara entre ellos y... ¡¡ah!!, limiten la velocidad de la conexión a Internet a 1 Mb por puesto. ¿Cuántos asistentes creen que irían a la próxima Campus Party? ¿No es el conocimiento lo que importa? ¿O son las descargas?

Lo dicho, que la llamen Download Party.

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