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La opinión de
José Luis Sanz

El Dr. Game y Mr. Watch...

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Buenas. Me llamo Dr. Game y el otro día toqueteé una Nintendo DSi XL y vi que traía por el morro algunos puntos de regalo para comprar juegos en la tienda DSiWare. Con ellos, podía hacerme con una edición especial de algunas de las Game & Watch de Nintendo. Ya sabéis, esos aparatejos de juego portátiles, que salieron a principios de 1980, y que palmaron por causas naturales a finales de esa misma década por culpa de Nintendo y ese pelotazo llamado GameBoy.

Si en aquellos tiempos eras demasiado little, o estabas aún en la mesa de mezclas del cielo a la espera de ser concebido, debes saber que las Games & Watch son a los videojuegos lo mismo que los garabatos de la cueva de Altamira a la pintura. El caso es que ese contacto con las Game & Watch me hizo recordar las maquinitas que tengo en casa, así que decidí probar a jugar con unas cuantas (Octopus, Fire Attack y Parachute) a ver qué tal me iba. Dicho y hecho. Las cogí de su estantería, las metí un par de pilas de botón, las encendí y... debo reconocer que pequé. Pequé y mucho.

¡¡Qué horror!! ¿A eso le llamaban juego? Pero si había tenido encendida cada máquina dos minutos y uno de ellos lo había malgastado en configurar el reloj (recordad que tenían una utilísima alarma). Vaya aburrimiento. ¿A quién le apasiona a estas alturas de la película limitarse a conseguir puntos sin sentido? Si no hay polígonos, texturas, fases, el personaje no aprende nuevas habilidades, no hay barra de energía, no puedo salvar la partida, los enemigos no tienen inteligencia artificial, los efectos de sonido brillan por su ausencia... pero si esto es una auténtica birria. ¡¡Me acababa de transformar en Mr. Watch!!

Pero como ocurre en muchas películas, apareció el héroe capaz de emprender una cruzada cuando más complicadas se ponen las cosas. El intrépido justiciero que vence a la herejía. ¡¡Deshonrar la memoria de las Game & Watch!! ¡¡Habrase visto semejante afrenta a uno de los pilares del Sacrosanto credo de los videojuegos!!

Ese personaje, el Dr. Game, curtido en mil batallas, cincelado a golpe de Pong y forjado en las mismísimas fraguas de los 8 bits, era capaz de ver un destructor espacial de La Guerra de las Galaxias en un simple píxel. Así que abofeteó al hereje Mr. Watch y salió corriendo como alma que lleva el diablo a por un pañito mojado para limpiar por enésima vez sus joyas de más de treinta años.

Las cosas habían vuelto a su cauce y, más tranquilo, el Dr. Game se sentó frente al ordenador, buscó por Internet algún recuerdo que le hiciera soltar una pequeña lagrimita y... lo encontró.

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