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La opinión de
Daniel Quesada

Dragon Ball Forever

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Me vais a perdonar, pero en esta entrada de blog no voy a hablar de videojuegos. No es lo normal, lo sé, pero es que tengo unas ideas que me hacen run-run en la cabeza y quería compartir con vosotros. Sí, son sobre Dragon Ball, soy un cansino. Ya habréis visto que durante las últimas semanas nos hemos hecho mucho eco de lo que concernía al estreno de Dragon Ball Z: Battle of Gods. En parte es porque me mola, pero sobre todo es porque os mola a muchos de vosotros. Las noticias sobre Goku y compañía suelen estar entre las más vistas de la semana en la web, ya sean sobre una nueva página de manga o sobre el personaje que se estrena en Dragon Ball Xenoverse.

Por eso, la llegada de la película a las carteleras españolas tras un enorme retraso era algo que no podía pasar por alto. Ya me la sé de memoria, pero aún así tenía intención de ir a verla el mismo día del estreno. Entre pitos y flautas, no me ha quedado otra que ir a verla ayer lunes, junto a mi colega Jacob, que también es un frikazo del tema.

¿Cómo no ir a verla? Hace 20 años, el Danielín teenager habría flipado con la posibilidad de ver a Goku en una pantalla de cine. ¡Y hasta con efectazos por ordenador! Por eso, yo no he ido a ver la película. Ha ido Danielín teenager. Era algo que el DESTINO le debía.

Las productoras de cine saben que un amplio porcentaje de los espectadores de hoy son los chavales de los 80 y 90 con algo más de poder adquisitivo. Por eso nos inundan a remakes de Robocop, Desafío Total, Pesadilla en Elm Street... Somos los "acartonados" los que podemos ser víctimas más claras de estas películas, mientras que, probablemente, los más jovencitos se quedan bastante indiferentes ante esas propuestas. ¡Una película de El Rubius! ¡Eso sí que molaría! Vale, vale, es una broma, no os piquéis. XDDD

La cuestión es que picamos, vaya si picamos. Yo mismo soy consciente de que lo último de los saiyanos es una película bastaaaante floja, como ya os dije en mi crítica de Battle of Gods. Verla en una pantalla grande no va a hacerla mejor, objetivamente. Pero sí ha hecho mejores mis sensaciones. Ver el logo de Dragon Ball Z inundando la sala, escuchar las peleas en surround, comprobar cómo se han reunido los dobladores originales una vez más para interpretar a estos héroes (¡y decir Kamehameha o Shunkanido bien por una vez en la vida!) es una sensación que los nativos digitales quizá no aprecien, pero que los que peleábamos con la censura Dragonbollera de Canal Sur, TeleMadrid, etc. en los 90 vemos como un sueño hecho realidad. Al salir de la sala volveremos a nuestras hipotecas, nuestras peleas con el jefe y nuestra declaración de la renta, pero durante algo más de una hora volvemos a ser niños.

En ese sentido, quiero agradecer a empresas como Selecta Visión y Alfa Pictures el que se hayan pegado el currazo de adaptar y traer a España la película. Muchos se quedarán con el "pues vaya mierda de película han estrenado, para eso que no hubieran traído nada", pero yo, que he hablado con ellos bastante, soy consciente de la guerra de guerrillas que ha tenido que suponer lograr este paso. Sí, la película dista mucho de ser una maravilla, pero ojalá sirva para que se reactive la apuesta por el anime en el cine. El Studio Ghibli lo tiene más o menos fácil, pero... ¡Anda que no molaría ver Akira o Ghost in the Shell en pantalla grande!

Dicen que en Barcelona, la proyección ha sido un éxito. En Madrid, en nuestra sala de cine, al final, solo estuvimos 5 personas. De esas 5, dos eran pareja. Al acabar la película, el chico decía a la chica: "pues oye, volvería a verla una cuarta vez".

Supongo que ser fan de este mundillo es como ser del Atleti. Si eres fan de Bola de Dragón, lo eres para siempre, aunque a veces te toque sufrir mucho.

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