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La opinión de
David Martínez

El E3 del desmadre

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Estoy a menos de una semana de volver al E3, la feria de videojuegos más importante del mundo, y no sé con qué nos vamos a encontrar (en la expedición vienen también Dani Quesada y Justo Moreno, el cámara de Hobbynews). Durante los últimos años este evento se ha masificado, atrayendo a muchos medios no especializados, y las compañías también se han vuelto más serias.


Pero hubo otro E3, mucho más salvaje y divertido (me temo) que todavía guardo en la memoria. Aquellos fueron los años de Shigeru Miyamoto portando la espada y el escudo de Link para presentar Zelda Twilight Princess (en GameCube)  y en el que probamos por vez primera DS y PSP. Recuerdo jugar a Metal Gear Solid 3 Snake Eater, quedarme sorprendido con un “desapercibido” God of War para PS2… y gritar como un salvaje en mi primera partida multijugador de Halo 2 (a puerta cerrada, contra periodistas de todo el mundo).

 

 

Aquella era una feria capaz de destrozarte: En pie a las 5 de la mañana por culpa del jet-lag, una sesión de gimnasio (o de ver la teletienda) y desayuno pantagruélico, porque era la única comida del día. Después tocaba un paseíto hasta el Centro de Convenciones, y enfrentarse a la música a todo volumen, las luces, las colas y una moqueta capaz de castigar las piernas más que el Tour de Francia. Con la agenda más apretada que se pueda imaginar uno iba empalmando entrevistas, sesiones de juego, concursos, fotografías… de forma ininterrumpida, de nueve de la mañana a  seis de la tarde. Entonces salíamos de aquel infierno, con la mochila cargada de papeles (y merchandising de lo más variado, desde posters a un tanga de Rumble Roses) para ducharnos, escribir algunas notas y salir de fiesta.


 

¿Qué tocaba hoy? ¿Fiesta de Sony en el estadio de los Dodgers, con actuación de los Black Eyed Peas o unas copas rodeado de bellezas (desnudas, pero con el cuerpo pintado) en la mansión Playboy? ¿O acaso era el día de la cena con el resto de periodistas españoles…? Tampoco era cuestión de irse muy tarde a la cama, que al día siguiente tocaba madrugar, y entrevistar a Miyamoto, Kojima, Igarashi… o charlar conOrson Scott Card (autor de El juego de Ender) que resultó estar enamorado de nuestro país. Con el tiempo se me habrán olvidado los detalles, pero creedme, aquel era el lugar donde se fabricaban los sueños.   

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