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La opinión de
Sonia Herranz

Felices 20 años, PlayStation

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¿Dónde estabas tú tal día como hoy de hace 20 años? Yo, por más que me esfuerzo, soy incapaz de acordarme. Nada, ni miajita. Me imagino que estaría aquí, en Axel Springer (Hobby Press por aquel entonces y en otra dirección) y muy seguramente estaría jugando con una PlayStation. No de las que se iban a poner a la venta ese día, probablemente con un modelo japonés, de esos que necesitaban transformador de corriente y que nos dieron más de un susto…

Sí, seguramente andaría en ello, aunque el reportaje sobre la consola ya lo había terminado hacía unas semanas y ya estaba publicado en Hobby Consolas… Pero nada, que no me acuerdo. Es lo que tienen los hitos históricos, que hasta que no pasa el tiempo no te das cuenta de su importancia y pese a haberlos vivido a veces se te escapan por las fisuras de la memoria. Que mira que es caprichosa… Me da rabia no acordarme, porque tendría una bonita historia que contar.

 

Es curioso que estén tan cerca dos aniversarios tan importantes. Ayer se cumplieron 25 años del lanzamiento de Game Boy en España (tampoco me acuerdo de qué hacía yo…) y hoy 20 del de PlayStation. Cuando me he parado un segundo a pensarlo, me he dado cuenta de que han sido las dos consolas que más me han impactado en mi vida. Y aunque hayan sido por cosas distintas, la razones han sido muy parecidas.

Con Game Boy descubrí el placer de llevarme los videojuegos a cualquier parte. Fue la primera consola portátil de verdad. Ya había experimentado la magia con Lynx, una máquina excepcional, técnicamente sobresaliente y bien pensada. Pero más bien poco portátil y una devoradora implacable de pilas. Y Game Gear, con su pantalla a color y su buenos gráficos, aunque más manejable que Lyxn, seguía siendo poco portátil y también con un hambre insaciable. Había que jugar enchufados a la corriente, salvo que fueras accionista mayoritario de Duracell… Sin embargo, Game Boy, con su minúscula pantalla sin iluminación, su manejable tamaño (para la época) y sus juegos en blanco y negro (vale, amarillo verdoso), sí era una digna compañera de aventuras. No era la mejor consola portátil ni de lejos, pero Game Boy se impuso donde las otras fallaron porque era lo que decía ser: una portátil. Y no sé si lo he dicho alguna vez, pero me encantan las portátiles… Eso de poder desconectar en cualquier momento y lugar, sin preparación ni previo aviso, no tiene precio.

PlayStation me fascinó desde el momento en que la saqué de la caja y cargué el primer juego: Ridge Racer. Ninguna otra consolas me ha producido el impacto que me produjo PlayStation. Es el salto entre generaciones más real del que he sido testigo y se apreciaba ya con el primer juego. De ese día sí que me acuerdo, aunque no sepa señalarlo en el calendario (además, soy malísima para las fechas). De la máquina gris que saqué de la caja me gustó todo. Especialmente, que no parecía un juguete.

Es cierto que Saturn me produjo sensaciones parecidas, que sus juegos también iban un paso más allá y que la experiencia seguía siendo diferente y mágica. Pero no fue lo mismo. Probablemente una mala selección de juegos, una arquitectura más compleja de lo previsto, una mala herencia y un alto precio condenaron a la máquina de Sega. Pero haciendo un análisis mucho menos sesudo, más visceral, he llegado a la conclusión de que si PlayStation le ganó la partida a Saturn no fue por todo eso. Simplemente fue porque PlayStation era lo que decía ser: una estación de juego. Sin más.

En un momento en el que lo “multimedia” estaba “súper de moda”, Ken Kutaragi defendió con uñas y dientes que quería hacer una máquina para jugar. Nada más y ni nada menos. Sin cartuchos MPEG para ver vídeo CD, sin películas interactivas, sin experimentos. Sin pagar una pela de más, ni tener una prestación de menos (como el anuncio aquél). Eso sí, sería una consola con CD, pero un CD que no estaría lleno de cosas raras (como estaba sucediendo con muchos productos para PC de la época), si no con polígonos y emoción. Un CD negro que marcó una época y que abrió un hermoso camino que hoy se ha convertido en una autopista de cinco carriles. Para coches rápidos que no admiren el paisaje…

PlayStation fue sólo una consola de videojuegos y al mismo tiempo muchísimo más. Cambió las reglas de un juego que Sega y Nintendo llevaban mucho tiempo jugando sin cuestionarse si podía hacerse de otra manera. Abrió la puerta para que los jugadores con cierta edad pudiéramos salir del armario sin avergonzarnos; se atrevió a experimentar con ideas locas y dio alas a géneros inexplorados y poco aptos para el usuario tradicional de videojuegos. Cambió mi manera de jugar, pero también cambió mi vida de una manera particular y única. Una consola tan especial necesitaba otro tipo de revistas y yo tuve la suerte de que se me encargara la tarea. Y desde entonces, ahí ando, ligada a una cabecera, la de Playmanía, que ha sido testigo de cómo una consola puede cambiar las cosas y que no tendría más de 200 números en su portada si no hubiera sido por el éxito de una marca que se ha convertido en sinónimo de videojuego.

PlayStation cumple 20 años en España y no sé si felicitarla o darle las gracias. Por los buenos momentos que me ha hecho soñar, por mi carrera profesional, por su revolucionaria postura de no posturear y querer ser sencillamente lo que se es. Sin trampa ni cartón. Claro, que hace 20 años todos éramos distintos, todo era distinto, y valía con ser lo que se era. 20 años después lo que importa es parecer ser más de lo que se es. Qué pena, con lo mágico que era simplemente jugar…

Me da rabia no acordarme de qué hacía yo el 29 de septiembre de 1995 porque ese día se hizo historia y yo probablemente sólo estaba jugando… ¿O eso es justo lo que debía hacer para poner mi granito de arena en la historia? ¿Y tú? ¿Qué hacías tú el 29 de septiembre de 1995? 

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