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La opinión de
David Martínez

Fuga de cerebros

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Lamento que Peter Molyneux abandone Lionhead. He tenido ocasión de hablar con él varias veces en los últimos meses (tanto en San Francisco, en el Xbox Spring Showcase, como en el Gamelab de Barcelona) y, de verdad, me gustaba el rumbo que estaba tomando Fable The Journey.  Sin embargo, parece que los creadores más brillantes y las grandes compañías no se llevan del todo bien.

Es un caso muy parecido al de Fumito Ueda (el responsable de The Last Guardian) al dejar Sony, o incluso Yu Suzuki cuando salió de Sega. Y es que, resulta muy difícil ponerse creativo cuando una multinacional te exige beneficios. Lo mismo que las estrellas de rock, que pierden su “esencia” cuando se venden a las grandes discográficas.

Quizá la solución esté en manos de Tim Schaffer. La cabeza visible de Double Fine, y creador de obras maestras como Maniac Mansion o Monkey Island. Después de desarrollar Brutal Legend, primero para Vivendi y finalmente para Electronic Arts, ha sabido mantener su independencia en multitud de proyectos (os recomiendo especialmente Stacking o Costume Quest) mientras colabora con grandes compañías en juegos como Sesame Street: Once Upon a Monster. Incluso ha dado la campanada con su aventura gráfica financiada por crowfunding (financiación en masa).

 

La otra cara de la moneda son los Hideo Kojima (que desde el 2008 se ha dedicado a “remakes” y producción de juegos como Castlevania) o Shigeru Miyamoto, que ha cedido sagas como Zelda a Eiji Aonuma, o Super Mario a Koichi Kayahida, mientras se dedica a pensar en nuevas IPs. Se me ponen los dientes largos pensando qué habrían podido desarrollar si hubiesen mantenido la independencia creativa de los primeros años. 

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