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La opinión de
José Luis Sanz

"Una guerra os daba yo..."

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No es mi intención empezar el año así a lo bestia, instando a que nos peguemos unos con otros por alguna tontería absurda. No. No van por ahí los tiros. Lo de "una guerra os daba yo..." es una frase hecha que me decía mucho mi abuela y que viene a significar que a los que se quejan (o nos quejamos) de vicio, o de no querer algo por puro capricho, no les venía mal un poco de necesidad, de penurias. Es decir, que a lo mejor no nos vendría mal que nos cortarán el grifo, que no pudiéramos tener acceso a tanto con tanta facilidad como tenemos desde la irrupción de Internet.

¿Es mala esa oferta tan desmedida de todo? Evidentemente no, pero creo que sí afecta a nuestra manera de percibir el valor real que tienen las cosas. Dicen todos los estudios que se hacen sobre cómo usamos Internet (y casi todas las cosas gratis que tienen que ver con el mundo digital) que somos caprichosos, que vamos de acá para allá en muy pocos segundos, que entramos en muchos sitios aceleradamente y estamos poco tiempo y que no terminamos la mayor parte de las tareas que empezamos a hacer (leer, jugar, etc.). ¡¡Que nos falta paciencia vamos!!

No seré yo el que le encuentre una explicación pero es cierto que esto es así. Que es tan grande la oferta de contenidos digitales que es difícil seleccionar lo que hacemos sin que no nos perdamos por el camino. Además, ese ingente volumen de información y experiencias a las que tenemos alcance nos hace que limitemos nuestro tiempo de tolerancia al mínimo. Bajamos música rápidamente, escuchamos los primeros 5 segundos del primer tema (mientras estamos leyendo alguna noticia con el otro ojo) y si no nos gusta la quitamos y pasamos a otro LP (que se decía en los 80). Total, no nos ha costado nada. Con la misma facilidad que lo conseguimos, lo olvidamos.

Con los juegos pasa lo mismo. Muchos de los usuarios que optan por abrazar el Reverso Tenebroso de los Juegos Gratis y hacen cosas como jailbreakear dispositivos, customizar firmwares, meterles cartuchos mágicos a sus portátiles, bajarse medicinas, etc., no hacen más que bajarse juegos como churros y probarlos sin el menor asomo de interés, más allá del simple hecho de verlos. Cogen uno recién bajado, lo ponen en marcha y si no les gusta lo que ven en los primeros instantes (¡¡ay, si la intro es muy larga!!), lo apagan y pasan al siguiente.

Evidentemente, al margen del perjuicio económico (que no es el tema de esta entrada), están dando los pasos necesarios para acabar con una percepción distorsionada sobre el valor que tienen las cosas. Y lo más importante, sobre el valor de lo que cuesta conseguir las cosas.

Es por eso que, figuradamente, "una guerra les daba yo...". Una guerra de austeridad, de no poder acceder a todo al instante, una guerra de tranquilidad, de paciencia, de probar sólo lo que nos interesa, sin intentar abarcarlo todo. A todos esos (y me incluyo), les daba una guerra de links caídos durante un añito para ver si así recuperamos el aprecio por lo que podemos procurarnos nosotros mismos, sin atajos ni megauploads instantáneos, para ver si así somos capaces de ser pacientes y valorar lo que otros hacen. Una guerra que nos permita disfrutar de un juego entero pagado con el sudor de nuestra frente (que también decía mi abuela) y luego saltar a otro, y luego a otro, y así hasta que nos cansemos de jugar con videojuegos.

Seguro que muchos de vosotros pensaréis que "la guerra me la dabais a mí...". Pero debo informaros que, como buen ochentero que ha crecido al calor de los microordenadores de 8 bits, tengo parte del trecho para recuperar la paciencia ya recorrido gracias a lecciones magistrales como las que recibíamos vía LOAD "".

Y si no me creéis, mirad lo que podíamos tardar en jugar con un videojuego desde que metíamos la cinta en el casete (a ver si me demostráis que no necesitáis "guerra alguna" viendo ENTERITO, de principio a fin, este vídeo)...

 

¿Habéis aguantado?

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