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La opinión de
Sonia Herranz

He leído que con Twitter ha cambiado el cuento

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No hace mucho, menos de lo que la mayoría pensamos, para informarte de algo o bien te ibas al Telediario o a la radio o a la prensa escrita. No había más. Periódicos, revistas, informativos… Y el boca a boca, claro, que ese siempre ha estado ahí, desde las cavernas.

Sin embargo hoy día el que no se informa es que no quiere. Ya no es que te mires el periódico en Internet, es que miles de blogs te dan detalles de absolutamente todo lo que pasa en el mundo. Y de lo que no pasa, también. Y están las redes sociales, que tan pronto te ayudan a decidir si cambiar de restaurante (porque lo han puesto a caer de un burro en Foursquare) o a enterarte en Facebook de que se organiza una protesta en contra de… lo que sea, da igual, cualquier excusa es buena…

Por cierto, hay nueva especie de listos, caraduras, estafadores o como queráis llamarlos. Son los que van a una casa rural y le dicen al dueño que como no los regales una noche, o una cena o lo que sea, van a ponerle a parir es sus perfiles sociales y no va a volver ni dios a su cuco hotelito… Y como estos pequeños empresarios no puede permitirse más publicidad que la de las opiniones de las web y de las redes sociales…

Y qué decir de Twitter, que se ha convertido en el que más sabe, más dice y más informa. Nunca en la historia (ni en la prehistoria) hemos estado tan informados, tan conectados y tan mareados como hoy día. Y no deja de ser curioso que nos quejemos de que no hay curro, de lo cara que está la vida, del precio de los videojuegos, las casas o las patatas, pero vayamos todos (es un decir) con un smartphone en el bolsillo y pagando tarifa de datos (reconoceréis a los que no tienen tarifa de datos, porque van pegándose a los escaparates de los comercios con wi-fi, como auténticos “wifigüeños”).

Ya no hace falta que un periodista de reconocido prestigio te descubra una gran noticia. Ahora todos somos juez y parte en la realidad de lo que ocurre y la credibilidad y la sensatez quedan en segundo plano. Y es que para cubrir tanta demanda ya no se sabe qué inventar. Los periódicos lo tienen crudo frente a la inmediatez de la web, pero es que las webs tampoco saben ya qué inventar para tener sus portadas actualizadas, cambiantes, “nuevas” cada 15 minutos. Y si no hay noticias, pues te las inventas, llegando a poner titulares de risa, convirtiendo en noticia de alcance planetario cualquier chorrada que se ponga de moda en las redes sociales y lleve un “jastag” asociado…

En el afán incansable de estar en la última y en diez segundos mejor que en 20, los periodistas, juntaletras, contadores de historias o como nos queráis llamar, rebuscamos en las redes sociales para haber si encontramos algo que nos sirva para actualizar un carrusel que lleva 20 minutos con los mismos temas… De ahí surgen esas supernoticias que dicen que va a salir Red Dead Redemption 2, porque un señor ha actualizado su perfil de Linkedin y dice que ahora trabaja en un nuevo proyecto de Rockstar en el que salen caballos… Y claro, ya se ha liado, porque las interpretaciones pueden ser muchas y Twitter y sus ciento y pico caracteres dan para mucho “teléfono estropeado” (¿sabéis de qué iba ese juego?).

¿Queréis ejemplos? Acordaos de aquel Twitter que dio la vuelta a España que decía que Iniesta donaba su prima por ganar la Eurocopa… Falso, más falso que un billete de 15 euros… Eso sí, qué bien cae Iniesta y como nadie se ha encargado de mandar un Twitter de desmentido…

Este verano, cuando estaba a punto de cerrarse el mercado de fichajes futbolísticos, apareció un perfil en Twitter de un representante de jugadores de mucho postín (o eso parecía) y cada vez que este señor tuiteaba algo se llenaban las páginas de los periódicos y las webs deportivos de posibles fichajes, decisiones y despidos… Cuando se cerró el mercado se descubrió que el supuesto agente era un chavalín que quería demostrar lo absurdo que es todo esto…

Pero aquí estamos todos, inmersos en este absurdo, persiguiendo noticia que no lo son y buscando datos y detalles de cosas que no existen, pero que venden. Y es que si yo titulo este post como “GTA V sólo va a salir para Wii U” sé que su deidad Google me va a poner de número 1 y los internautas van a caer como moscas y a pinchar el link como posesos. Que luego sea mentira da igual… Ya han entrado, ya ha contado una visita, ya sube en las auditorias de audiencia, ya puedes tener más publicidad… Lo dicho, da igual mañana se habrá olvidado y a otra cosa mariposa.

¿O no da igual?

Os diría que no, que no da igual. Que la buena información, la veraz, es más importante que la información a cascoporro. Pero claro, yo soy de otro siglo. Cuando para conseguir una noticia había que pelearla y no valía cualquier cosa. Cuando todo lo que se publicaba era verdad y además el que tiraba la piedra tenía la obligación de demostrarlo. Ahora es el acusado el que debe demostrar su inocencia, aunque se le acuse de una sandez. Si Twitter lo dice es que es verdad. Estás condenado y juzgado, por ese orden, independientemente de que sólo pasaras por allí. Y a ver quién es el guapo que lo desmiente. Los tuits que dice barbaridades se propagan como la gripe. Los que desmienten no suelen pasar de un par de retuits… Si lo dicen las redes es que es verdad.

Pero yo no me lo creo ni me lo quiero creer. Porque yo tengo más respeto por el lector o, como se dice hoy día, por el usuario. Me gusta pensar que respeto la inteligencia del que me lee y que respeto la dignidad del mencionando en mis textos. Quiero pensar que yo sí que confirmo mis fuentes y que cuando escribo algo lo hago porque creo que es verdad. Quiero creerlo.

Pero el cuento ha cambiado tanto, tantísimo, que ya no sabes lo que es verdad o no aunque lo quieras comprobar… Ya hay tanta información sobre tantas cosas que no sabes donde mirar. Terminas preguntando a tu amigo, ese que lo sabe todo, porque te fías más de él que de lo que aparece escrito en cualquier sito. Ya no te puedes fiar ni de las fuentes oficiales, porque las herramientas de marketing le dan las vueltas a los datos y, aunque parezca increíble, cualquier derrota puede ser una victoria. No hace falta ni mentir, todo depende de la parte de verdad que te quieran contar.

Pero ¿da igual o no?

No sé en qué va a terminar todo esto y hasta qué punto importa o no. A mí me importa, pero un grano no hace granero. Quiero creer que llegará un momento en que nos hartemos, todos, de no saber si lo que leemos es digno de ser leído o no. Quiero pensar que tarde o temprano maduraremos lo suficiente como para comprender que no todo lo publica al amparo de nick y bajo una cabecera vacía, sin equipo detrás, es verdad. Quiero creer que nos cansaremos del contar por contar y que querremos saber, si no la verdad (que siempre he pensado que los absolutos no existen), al menos sí algo que se corresponda con la realidad. Ya no sé qué creer y qué no.

Un ejemplo. Hace poco estuve buscando el origen de una frase: “El periodismo es literatura con prisas”. Siempre había creído que era de Larra. Pues bien, buscando en Internet he visto esta frase adjudicada a 6 autores distintos. Es una chorrada, no cambia nada, porque la frase es buena. Es hasta verdad. O lo era. Pero ahora ni tan siquiera sé si Larra existe. Bueno, sí, porque tiene página en la Wikipedia, que si no…

Preguntadle a vuestro amigo de confianza de quién es la frase. Es sólo curiosidad, pero es que en el Twitter no encuentro nada…

Por cierto, a lo mejor empiezan a cambiar ya las cosas. Me acaba de entrar un tuit que reza así: “El derecho de rectificación se extiende a las redes sociales”. Y linka a un artículo que podéis leer pinchando aquí. Ojalá sea sólo el principio.

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