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La opinión de
David Martínez

El juego de Ender

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Este libro de Orson Scott Card, uno de mis favoritos, ganó los premios Nebula y Hugo, a la mejor obra de ciencia ficción. Tranquilos, que no voy a destriparlo, pero me parece interesante porque trata de la instrucción militar de un niño, Ender Wiggin, para convertirse en el general de las tropas humanas en la guerra contra los insectores (una especie alienígena). Uno de los métodos utilizan en la academia para formar el carácter de Ender es un videojuego; el coronel Graff  “entrena” su  empatía y agresividad a través de una aventura que se desarrolla en un mundo de fantasía.

Hace unos años, durante un E3, tuve la oportunidad de hablar con Scott Card (que ha vivido algunos años en España) acerca de cómo el libro se adelantó a su tiempo, especialmente por el uso de los foros en Internet (ya que Peter y Val, los hermanos de Ender se dedican a manipular la política internacional con identidades falsas). Pero no era el único caso de “clarividencia”, ya que por aquel entonces aparecía Full Spectrum Warrior, la versión comercial de un juego utilizado para el entrenamiento de los ranger de los EE.UU.

Y eso es sólo el principio. Desde los simuladores que utilizan los corredores de F1, a los programas de instrucción de pilotos de UAV Predator (aviones no tripulados), los juegos se han convertido en una inmejorable herramienta para formar profesionales. Sobre todo, se trata de un buen sistema para evitar gastos desorbitados, como si estrellamos un avión, o males mayores, como un error durante una delicada operación quirúrgica.

Yo me pregunto, ¿llegará el día en que se pueda sustituir la educación “tradicional” por videojuegos? Desde luego, las ventajas son infinitas: es más barato, se acerca más a la realidad y también parece más divertido...

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