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La opinión de
Cristina Fernández

Juegos de chicas

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El otro día, charlando sobre el mercado de los videojuegos con el jefe de prensa de una gran compañía me comentó: “deberíais abrir las páginas de e-girl a todo tipo de juegos y no hablar sólo de los juegos para chicas”. Le expliqué que, en contra de lo que pueda parecer -sospecho que el aspecto de la revista es el que produce esta primera impresión- desde el principio siempre hemos hablado de todo tipo de juegos o, mejor dicho, elegimos los títulos a los que juegan las chicas, con todo lo que esto implica.


Nunca nos han gustado las etiquetas y, cuando empezamos a trabajar en el proyecto hace dos años, teníamos claro que hay muchas chicas que juegan (Adese dice en su último informe sobre hábitos y usos de los videojuegos en España que un 19% de las mujeres se declaran gamers activas) y que es muy peligroso encasillar en un único tipo de juego a ningún jugador (chico o chica). La oferta es tan grande que, según el momento, el tiempo, la edad o los intereses de una persona, le puede apetecer echar una partida a una cosa u otra.


En cualquier caso, menos mal que tomamos esta decisión porque, de no haber sido así, ahora no tendríamos casi juegos para hacer la revista. Me explico.
Hace dos años empezaron a aparecer juegos que bajo el paraguas de “cosas de chicas” que nos proponían, entre otras cosas, cuidar bebés, ser cantantes, profesoras, veterinarias, peluqueras, maquilladoras y todo lo que os podáis imaginar. No tengo nada en contra de estas temáticas; con independencia de mis gustos personales a la hora de jugar, creo que si son buenos juegos, ahí está la libertad de cada uno para comprarlos o no. Lo que no me parece bien es que, amparados por el interés que parecía haber por este tipo de juegos, automáticamente muchas compañías se subieron al carro, lanzándose a una vertiginosa carrera por publicar nuevos juegos para chicas, sobre todo para Nintendo DS, sin preocuparse por mantener unos mínimos de calidad y originalidad.
Así, de tanto copiarse a si mismos o copiar a otros, lo que ha ocurrido es que han acabado matando entre todos la gallina de los huevos de oro… suponiendo que hubiera una gallina o fuera necesario inventarla.

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