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La opinión de
Javier Abad

El laberinto de Xbox One

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Los expertos en psicología deportiva mantienen que una de las claves para alcanzar los objetivos es visualizar el éxito en los momentos previos a las grandes citas: los goles decisivos que va a meter un delantero, la carrera perfecta que hará un velocista, etc. Si aplicamos esto mismo a Microsoft, no me cabe duda de que su visualización del lanzamiento de Xbox One era radicalmente distinta al revuelto panorama que afronta ahora.

Hace apenas un par de meses, el viento parecía soplar favorable a los planes de la compañía de Redmond: PS4 había tenido una tibia acogida tras el fallo garrafal de Sony al no mostrar la consola en su presentación, Nintendo se había echado a un lado en la pugna de las consolas next gen que se esperaba en el E3 2013, y todas las miradas se dirigían hacia la puesta de largo de Xbox One.

Pero llegó el gran día del Xbox Reveal, el 21 de mayo, y los jugadores que esperaban con ansia lo que Microsoft tenía que enseñarles recibieron un jarro de agua fría: la nueva consola exigiría estar siempre conectado y limitaría la “vida útil” de los juegos usados. Al comprensible revuelo que se montó le siguieron unas explicaciones bastante confusas durante el E3 y, para rematarlo todo, la bofetada al saberse que el precio de PS4 estaría 100 euros por debajo del de su competidora.

El siguiente paso ya lo conocéis: Microsoft asumió el error e hizo lo que ya se conoce como un “Xbox 180”: darle la vuelta como un calcetín a lo que había anunciado respecto a la conexión y la segunda mano. El último capítulo de esta historia de terror lo acabamos de vivir el lunes, con el “fichaje” por Zinga de Don Mattrick, jefazo de Xbox y responsable último, por tanto, de todo este desaguisado.

Oficialmente, su salida no tiene nada que ver con todo lo que os acabo de resumir (si sabéis inglés, aquí podéis leer una justificación que apunta a que un cambio a estos niveles exige muchas semanas previas de negociaciones), pero es inevitable pensar que detrás de todo esto hay un pacto “tipo Mourinho”: no decimos que te hemos cesado, pero qué contentos estamos de que te vayas.

Lo que a mí me sorprende de todo este embrollo es que una mega corporación como Microsoft gestione tan mal la estrategia comercial de uno de sus productos clave, y lo haga aún peor con su política de comunicación. Pero como siempre trato de sacarle un lado positivo a todo, creo que la rápida reacción a las críticas de los usuarios es algo digno de alabar. Y no vale que me digáis que lo hacen porque veían peligrar sus cuentas. ¿O es que a estas alturas hay que recordar que todo esto es un negocio?

Ahora su gran reto es convencer a los potenciales compradores de Xbox One de que la máquina tiene el valor diferencial suficiente sobre PS4 como para justificar un desembolso mayor. Parte de la nueva estrategia de comunicación deberá ir enfocada a destacar los aspectos tecnológicos de la propia consola, y otra centrarse directamente en su apreciable catálogo de juegos exclusivos, en el que figuran títulos como Dead Rising 3, Titanfall o Forza Motorsport 5. ¿Funcionará? En noviembre lo sabremos, pero de lo que no cabe duda es que alguien va a tener un verano muuuy atareado...

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