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La opinión de
Javier Abad

Lizard Squad: pesadilla después de Navidad

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El ataque del grupo Lizard Squad a PSN y Xbox Live esta Navidad es una de las cosas más graves e indignantes que recuerdo en los más de 20 años que llevo trabajando como periodista especializado en videojuegos. Durante estos días hemos asistido atónitos a un "incidente" en el que se mezcla el drama con la comedia bufa (mención especial aquí para la entrada de Kim Dotcom en el papel de Robin Hood al servicio de los débiles), y que tiene tres intérpretes principales:

Actor 1: Lizard Squad. Este grupo de hackers es el autor del ataque y, por tanto y sin ninguna duda, el principal culpable de la situación. Su gran "hazaña" ha sido montar un ataque DDoS (denegación de servicio) que ha puesto patas arriba el servicio online de PlayStation y Xbox. Para los que no estéis muy puestos en el tema, os dejo este enlace a un interesante artículo en el que mis compañeros de Computer Hoy explican cómo se montan este tipo de ataques.

Puestos a explicar las razones, he leído justificaciones que van desde la chulería ("lo hicimos porque podíamos hacerlo") hasta una pseudo-reivindicación social ("son compañías con muchos beneficios que no pagan impuestos"). Que queréis que os diga, yo lo que veo son muchas ganas de fastidiar y más ganas todavía de adorar su ego. Muchas veces antes he intentado comprender las motivaciones de los hackers, y la única que me ha parecido "razonable", por llamarla de alguna forma, es que intentan que las propias compañías contra las que actúan acaben pagándoles un dineral o incluso contratándoles. La conclusión sería que es mejor tenerlos de tu parte y al cuidado de tu seguridad que como enemigos. Triste, pero real.


Actor 2: Sony y Microsoft. De entrada, no cabe duda de que ambas compañías son parte perjudicada en el asunto. Su imagen se ha visto dañada en la época de más venta del año, algo que ninguna marca comercial puede permitirse. Ahora bien, la caída de PSN y Xbox Live también ha puesto en evidencia unas debilidades que, a su vez, las convierte también en responsables a los ojos de los consumidores.

Y lo de menos, a mi modo de ver, es la compensación que estén pensando ofrecerle a los suscriptores de sus servicios. Para mí lo escandaloso es la evidencia de que dos gigantes tecnológicos como Sony y Microsoft, a los que millones de personas confían sus datos personales, cuenta bancaria incluida, no son capaces de garantizar la seguridad y privacidad de esa información ante actuaciones como la del grupo Lizard, por muy detestables que nos parezcan.

Hoy mismo he leído en El País que no queda mucho para que las contraseñas dejen paso a nuevas barreras de seguridad como el reconocimiento de la voz, la imagen o la huella dactilar. No soy un técnico experto en estos temas, pero se me antoja relativamente sencillo implementar cualquiera de esas tres opciones en las consolas (¡mira, a lo mejor le estamos encontrando por fin una aplicación práctica a Kinect!). Mucho me temo que después de todo esto la pelota ha quedado en el tejado de las dos grandes first party, que nos deben una explicación convincente y una solución que garantice que algo así no volverá a pasar. Quiero pensar que ya están trabajando en ello, así que espero noticias suyas.

Actor 3: Los usuarios. He aquí el eslabón más débil de la cadena, los sufridores que, sin comerlo ni beberlo (suena irónico decirlo en estas fechas precisamente), se han quedado sin poder jugar online en sus días de vacaciones y quién sabe si con su consola recién estrenada. Haciendo un paralelismo, los "adorables" miembros de Lizard Squad han usado a los jugones como rehenes igual que ocurre en muchas huelgas de transportes o de recogida de basura, por ejemplo, cuando los grandes afectados por el conflicto de turno son los inocentes ciudadanos de a pie.

Hay que ver el asunto en perspectiva y pensar que si en España se ha montado una buena, en Estados Unidos esto ha sido la mundial. Porque aquí todavía tenemos días de compras extra hasta que los Reyes Magos visiten nuestras casas, pero el día 24 Santa Claus se coló por las chimeneas de los hogares estadounidenses con el saco lleno de PS4 y Xbox One que no pudieron conectarse online porque el sistema estaba colapsado.

¿Qué podemos hacer ante esto? No mucho, me temo, más allá de expresar nuestro descontento, porque al menos que yo sepa no existe aún en ninguna parte una "Asociación de consumidores de videojuegos" con fuerza suficiente para ser tenida en cuenta. Una caída importante en las cifras de negocio sería una señal clara para Sony y Microsoft, pero a pesar de todo me sorprendería que ahora la gente comenzara a darse de baja y abandonara las partidas online. Al fin y al cabo, los videojuegos son nuestra pasión, y no es tan fácil separarse de ella por muchos disgustos que nos dé.

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