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La opinión de
Manuel del Campo

MEGA Campeones

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España se ha convertido en líder de visitas en Mega, la nueva web de Kit Dotcom, el responsable de la ya cerrada Megaupload. Estados Unidos ya piensa en incluir a nuestro país en la lista de los más piratas.

Kim lo vende como un servicio de almacenamiento al estilo de Dropbox, donde ahora la novedad está en que habrá privacidad y contraseñas para los usuarios (y para dificultar el seguimiento por parte de las entidades que busquen vulneración de derechos de propiedad intelectual). Lo que ha hecho es adaptarse a las cuestiones más básicas de las leyes para, según sus propias palabras, “llegar a un Internet libre y en el que todo sea gratis”. Y digo yo, ¿y quién va a crear los contenidos si nadie paga?

En fin, que no deja de ser una evolución de su Megaupload toreando las leyes.

Sí, ya sé que lo primero que pensarán muchos es que España está sumida en una terrible crisis, y es normal que la gente acuda a sites como este para adquirir contenidos gratuitos. Vale. Los que me hayáis leído alguna vez conoceréis mi discurso en este sentido: Lo siento, pero no me vale. No me vale cuando veo que el miércoles pasado hay un estadio de fútbol a rebosar por ver a unos multimillonarios corriendo, donde el espectáculo tiene un precio medio por encima de los 100 euros. No me vale en un país en el que la gente es capaz de gastarse 12 o 15 euros en tomarse un copa (y se toma varias en una noche). Estoy seguro que de las 400.000 (en realidad muchas más, porque los datos que da el medidor ComsCore siempre son menores que los reales), hay un enorme porcentaje que no lo ha hecho porque realmente no tenga un euro para gastarse en una canción o 5 en una película o 60 en un videojuego (para empezar entiendo que la mayoría de ellos se puede permitir un ADSL). Lo hacen porque pueden, porque es fácil y no hay riesgo de castigo, y porque está en la cultura de este país, y ahora, inmersos en esta crisis, lo estamos viendo más que nunca.

Los políticos –al fin y al cabo nuestros “representantes”- roban, se aprovechan del dinero público y reciben sobornos por tomar decisiones interesadas. Los empresarios pagan en negro mientras se quejan de que no pueden despedir aún más barato. Los clubs de fútbol pagan millonadas a sus estrellas y acumulan deudas ingentes, pero el estado les ampara una y otra vez, porque, amigo, aquí el fútbol no se toca. Mucha gente defrauda a Hacienda (se calcula que el 25%, aquí también somos campeones, el doble que la media Europa), que en realidad es defraudarnos a todos (y lo digo con todo el sentido, nos gusten más o menos determinados impuestos es el dinero que ponemos entre todos para gestionar el país, otra cosa es que luego nuestros gobernantes sean unos ineptos o unos ladrones).  Esa es nuestra realidad y de ahí que tenga toda la lógica que la cultura de la piratería forme parte de nuestro ADN. Esta forma de ver la vida podría estar muy bien, el problema es que esto –en gran medida- nos ha llevado a estar como estamos. A mí, desde luego, me gustan más sociedades como las de los países del norte donde el respeto a las leyes y a las normas y a los demás (y a los principios básicos como el de no apropiarte de algo que no es tuyo)  les permiten ser países solventes (y donde los políticos dimiten por el simple hecho de no haber pagado una multa). Siempre que hablo de esto me sale el ejemplo de lo absurdo que sería aquí esa fórmula de comprar los periódicos sin vendedores, cogiendo el ejemplar y dejando el dinero…

Ahora estamos con la polémica de si las nuevas consolas van a permitir o no reproducir juegos de segunda mano. Muchos piensan (entre ellos uno de los creadores de Xbox, en este interesantísimo blog que os recomiendo que leáis), y yo en parte lo comparto, que es un error estratégico. Pero a la vez entiendo que las compañías se agarren a las posibilidades limitantes que da la tecnología para proteger sus productos igual que los que promulgan el “libre albedrío” como Dotcom, bucean en la inmensidad de la red para todo lo contrario.  Cuando yo veo alguna de nuestras revistas colgada enterita en Internet me llevan los demonios (diría algo menos cursi pero me sigue dando apuro expresarme aquí en otros términos) y os aseguro que si tuviera la opción tecnológica de evitarlo lo haría sin dudarlo. Una cosa es que alguien se compre la revista y la comparta con su hermano o un par de amigos. Otra cosa es que un capullo (lo siento, no he podido eviatarlo) cuelgue la revista en la red y haya 1.000 o 2.000 personas que se la descarguen. Eso ya no me hace ninguna gracia, porque cuesta mucho hacerla, y ninguno de los que la hacemos somos millonarios, os lo aseguro.

Volviendo a las nuevas consolas. ¿Qué lo ideal sería llegar a un término medio, en el que los precios fueran más asequibles y hubiera un proceso de intercambio de juegos regulado que dejara a todos satisfechos? Claro, pero hemos visto como los precios de la música han bajado hasta el euro (o menos) por canción, o han llegado opciones como Spotify y la gente sigue pirateando música a mansalva. Al igual que hay películas a precios muy asequibles y también videojuegos (aunque no sean la última novedad). Y libros a menos de 2 euros,y la gente se hace con 1.000 títulos que nunca será capaz de leer solo para llenar su biblioteca y leer los dos o tres que le interesen. Y, en cualquier caso, mientras haya gente como el -no lo olvidemos- multimillonario Dotcom que se aprovechen de las ventajas del sistema y la tecnología para hacer lo que les dé la gana, no habrá tregua.

Y en cuanto a España, pues eso, que tenemos lo que entre todos hemos creado.

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