Imagen de perfil de Rafael Aznar
La opinión de
Rafael Aznar

Los mejores juegos de 2016 - La opinión de Rafael Aznar

Hace tiempo que lo que algunos aún llaman la “nueva generación” se convirtió en la actual generación y, para muestra, este fabuloso botón que ha sido 2016, en el que los desarrollos intergeneracionales prácticamente han pasado a peor vida. En las últimas semanas, he tenido que leer algún comentario de gente que afirmaba, con vehemencia, que éste ha sido un año pésimo o que no hemos tenido más que remasterizaciones. Es el odio en los tiempos de internet… A saber cómo será un año bueno para esas personas.

Dishonored 2

No sé cuántos se merecen el calificativo de obras maestras, pero, desde luego, han sido doce meses de muchos y muy buenos lanzamientos. En mi caso, al menos un par de juegos han ido derechos a mi particular Olimpo del videojuego. De hecho, hacía tiempo que no tenía que hacer una criba tan gorda como la de este año para dejar mi lista de mejores juegos en sólo diez. Echando un vistazo a todos los números de Hobby Consolas de los últimos doce meses, me sale una lista de más treinta títulos dignos de ser jugados por cualquiera que no esté atado a prejuicios u odios viscerales. Los hay de todos los géneros, de todos los presupuestos y para todas las plataformas.

Ahí va una pequeña ristra sólo de nombres que ya adelanto que, por unas circunstancias u otras, no van a estar en mi cuadro de honor: Dark Souls III, Dishonored 2, Fire Emblem Fates, Overwatch, Battlefield 1, Titanfall 2, Inside, DiRT Rally, Ratchet & Clank, Watch Dogs 2, NBA 2K17, FIFA 17, King of Fighters XIV, Firewatch, Deus Ex: Mankind Divided, Quantum Break, XCOM 2, Civilization VI, Dragon Quest Builders… Y aún me faltan unos cuantos sobre los que disertaré más abajo. Si éste ha sido un mal año, que baje el dios del videojuego y lo vea.

Dark Souls III

El paraíso está en Madagascar

“La grandeza nace de pequeños comienzos” es el lema de Nathan Drake y, por eso, es inevitable empezar este repaso con Uncharted 4, para mí el mejor juego de 2016. Lo que ha hecho Naughty Dog con El desenlace del ladrón no es de este mundo. Era la primera vez que el estudio californiano trasladaba una de sus sagas de una generación a otra, algo que repetirá en el futuro con The Last of Us: Part II, pero, lejos de quedarse sin ideas, ha sido un broche de oro, zafiros, rubíes y diamantes para la serie. Tras su brillante trabajo en la primera aventura de Joel y Ellie, los directores Bruce Straley y Neil Druckmann han sabido darles una nueva dimensión a las aventuras de Nathan Drake, sin que se echara de menos a Amy Hennig, quien había sido su principal cabeza pensante hasta que salió del estudio, en circunstancias nunca esclarecidas.

Puede decirse, sin temor a la exageración, que Uncharted 4 es el juego con el mejor apartado técnico de lo que llevamos de generación. Naughty Dog ha clausurado las bocas de los que decían que las actuales consolas no podían ofrecer mucho más que sus predecesoras, algo ejemplificado en la famosa cantinela de resoluciones y tasas de imágenes por segundo con la que quien más y quien menos ha dado la tabarra en los últimos años. Los paisajes en los que se ambienta el juego, especialmente los de Madagascar, son un auténtico festín visual, igual que el modelado de los personajes, no muy lejos de una película.

Uncharted 4: El desenlace del ladrón

Pero todo ese envoltorio visual no serviría de nada sin contenido, y resulta que, tanto jugable como narrativamente, El desenlace del ladrón es un tesoro. El equilibrio de tiroteos, plataformas, exploración y puzles que ha conseguido el estudio es ejemplar, y va in crescendo. La introducción de la cuerda, la escarpia, las caídas por cuestas o el todoterreno en ciertas secciones de mundo abierto ha sido un acierto total. La historia también es la mejor de la saga, y se nota la influencia de The Last of Us. El hecho de plantear una encrucijada familiar, con Nathan Drake ya casado con Elena Fisher, la súbita ‘resurrección’ de su hermano Sam o la presencia del padre adoptivo Sully, funciona a las mil maravillas. A eso, hay que unir los dilemas morales que atenazan a Drake. Además, aunque a mí me es un poco indiferente, cuenta con un digno multijugador competitivo y, recientemente, se ha añadido un modo cooperativo. Es uno de esos juegos que te hacen bufar de incredulidad ante sus continuos trucos de magia. El ‘Gran Nate’ quedará para siempre en el recuerdo.

Un podio con coches y monstruos ninguneados

Decía al principio que algunos tienen la impresión de que éste ha sido un mal año y, a lo peor, es porque ignoran la existencia de propuestas que no copan grandes titulares, pero que están ahí. Hablo de Forza Horizon 3 y Monster Hunter Generations, dos juegos ninguneados y que suceden a otros dos juegos que ya formaron parte de mis listas en años anteriores. En 2014, yo puse en lo más alto de mi podio a Forza Horizon 2 y, al año siguiente, le concedí el segundo cajón a Monter Hunter 4 Ultimate. Pues bien, sus herederos los superan en todo y, como tal, los premio como creo que se merecen.

Forza Horizon 3

Por alguna regla no escrita, parece que estuviera prohibido que un juego de coches esté siquiera nominado a mejor juego del año. Un saludo de mi parte al jurado de The Game Awards… El género de la velocidad quizás no tiene ya el tirón de antaño entre el gran público, al menos en el mercado de las consolas, pero, desde luego, se merece mucho más reconocimiento del que tiene. En relación con eso, como amante del género que soy, agradezco que, este año, hayamos recibido en PS4 y Xbox One dos de los mejores juegos de PC de los últimos años, como son DiRT Rally y Assetto Corsa. He estado tentado de incluir el juego de rallies de Codemasters en mi top 10, pero, finalmente, no lo he hecho, por considerar que es un juego lanzado en 2015, aunque, entonces, sólo fuera para Steam.

Volviendo a Forza Horizon 3, Playground Games ha conseguido que un spin-off acabe siendo mejor que los Forza Motorsport ‘canónicos’, y eso tiene mucho mérito. Las dos anteriores entregas fueron ya sensacionales, pero esta tercera consigue superarlas, merced a su modo cooperativo y, sobre todo, su variada ambientación en Australia, que permite conducir por playas, desiertos, bosques, la ciudad de Surfer’s Paradise… La recreación de los coches es impresionantes, pero, sin duda, lo mejor, son los paisajes, con un ciclo día-noche y una climatología variable de la que ya podrían tomar nota algunos, incluido el estudio Turn 10, que, en Forza Motorsport 6, sólo fue capaz de hacer un acercamiento parcial a esas características. Microsoft tiene aquí una exclusiva impresionante a la que incluso el público profano debería darle un tiento.

Monster Hunter Generations

Monster Hunter es otra exclusiva tremendamente infravalorada, ésta por otros motivos. Pese al arrollador éxito de la saga en Japón, lo cierto es que a la saga le ha costado entrar en los hogares occidentales. De hecho, varias de las entregas para consolas de Sony nunca las hemos visto por estos lares. Sin embargo, tras hacerse con su exclusividad, Nintendo ha hecho grandes esfuerzos para que la serie de Capcom se asentara en Occidente. Tanto es así que esta entrega llegó aquí ‘sólo’ con ocho meses de demora. Generations sirve como tributo a la historia de la saga, al incluir tanto pueblos como criaturas de sus principales entregas, pero también añade novedades importantes, como los estilos de caza, que abren aún más el abanico jugable, o el manejo de los felynes. Con una dificultad muy bien medida, hoy por hoy, creo que no hay ningún multijugador cooperativo que se le pueda comparar. Baste con decir que yo conseguí que un amigo se comprara una 3DS para que conociera estas monterías, y no han sido pocas las horas que he cazado en su compañía, la de otro amigo y la de mi hermano.

Hablando de cooperativos online, otro juego que he incluido en mi lista, aunque sea casi al final, es The Division. Como era de prever, el juego no se ve tan bien como cuando se anunció en el E3 2013, pero es un shooter muy notable, con su particular sistema de coberturas, su progresión rolera y su ambientación en una nevada Nueva York. Veremos si, en marzo, Ubisoft logra superarse con un primo lejano de la familia Tom Clancy’s como va a ser Ghost Recon Wildlands.

The Division

Un fenómeno de dimensiones monstruosas

A mí el acercamiento de las compañías hacia el mercado de los dispositivos móviles siempre me ha generado reticencias. Sin embargo, Nintendo, que se ha estrenado este año en la materia, lo ha hecho con una naturalidad asombrosa. Dan cuenta de ello Miitomo, Super Mario Run y, sobre todo, Pokémon Go. El juego gratuito de Niantic ha sido, probablemente, el mayor fenómeno del año. Durante el verano, se desató una auténtica fiebre, tanto en los medios de comunicación como en la calle, con quedadas multitudinarias, accidentes cotidianos y toda suerte de chascarrillos. Tanto es así que, un día, para mi sorpresa, mi hermana, que no es aficionada a los videojuegos, me empezó a preguntar dudas sobre el tema. Igual que ella, fueron millones de personas las que se descargaron el juego en su correspondiente smarthphone, lo que demuestra el poder mediático que tienen las marcas de Nintendo.

Ese impacto ha repercutido muy positivamente en Sol y Luna, la nueva entrega canónica de Pokémon, con la que se ha celebrado el vigésimo aniversario de la saga. El juego está vendiendo a espuertas en todo el mundo. En Japón colocó 1,8 millones sólo en su primera semana, por 1,9 millones del mercado japonés; en España, ya es el segundo juego más vendido del año, sólo por detrás de FIFA 17. Yo colgué la gorra hace muchos años, concretamente con Rubí y Zafiro, es decir, en los tiempos de Gameboy Advance. Las siguientes generaciones, como Blanco-Negro o X-Y, las vi desde la distancia y la indiferencia. Sin embargo, este año, he tenido que ir al armario y desempolvar la gorra de entrenador, con el objetivo de hacerme con todos. Tan arriba me vine que, borracho de nostalgia, hasta acabé rememorando el pokérap y otras melodías de las aventuras de Ash Ketchum.

Pokémon Sol y Luna

El viaje por la región de Alola me ha devuelto a la infancia, una sensación potenciada por el regreso de infinidad de pokémon clásicos. Eso es algo que he agradecido, pues yo, en mis buenos tiempos, me sabía toda la pokédex, con los tipos de cada criatura o los ataques que podía aprender o dejar de aprender. Sin embargo, mi capacidad memorística se ha resentido, así que agradezco que Game Freak haya tirado tanto de viejos conocidos. Novedades como las pokémonturas, los movimientos-Z o el nuevo aspecto gráfico hacen que todo se sienta nuevo, pero, al mismo tiempo, sigue ahí casi todo lo que ya había cuando me adentré en la saga en los grises tiempos de Gameboy: combates, evoluciones (por nivel, por intercambio, con piedras, etcétera), MT… Nunca se deja de ser niño.

Haciendo la guerra por mi cuenta

En los tiempos de Xbox 360, el shooter se convirtió en uno de mis géneros predilectos, y reconozco que eché infinidad de horas al multijugador competitivo de títulos como Halo 3, Call of Duty: Black Ops II o Titanfall. Sin embargo, ya no estoy para esos trotes. Como buen manco que soy, no puedo dedicar decenas y decenas de horas a un juego online para intentar ser medianamente bueno y no frustrarme, así que los títulos enfocados al multijugador competitivo ni los contemplo. Lo siento, Overwatch… Sin embargo, en 2016, ha habido una gran cosecha de shooters con campaña. Destaco, en especial, Doom y Gears of War 4, que se han colado con todo merecimiento en mi lista de privilegiados.

Doom

Como ya hiciera con Wolfenstein, y como hará con Quake, Bethesda ha recuperado otro pionero del shooter subjetivo para la causa moderna: Doom. El reseteo de la saga de Id Software conserva todas las características del pasado, como la ausencia de retícula para apuntar en muchas de las armas, la ausencia de recargas al uso o el combate a pecho descubierto contra hordas infinitas de demonios, con un ritmo tan ágil y salpicado de gore y música cañera que es imposible no ponerse bruto. El multijugador no es gran cosa… pero a mí me es indiferente, porque la campaña es gloria infernal. Por las barbas de Belcebú que el ritmo frenético que se gasta es digno del mismísimo averno. Podría haberse llamado, perfectamente, 'Bailando con demonios'.

Algo parecido sucede con Gears of War 4. No me parece que esté a la altura de la trilogía original, pero, tras la decepción que fue Judgment, los nuevos responsables de la saga, The Coalition, han sentado un gran punto de partida para un nuevo arco argumental que, eso sí, no se olvida de un tótem como Marcus Fénix. La jugabilidad es tan genial como siempre, aunque no entiendo que hayan reducido el cooperativo de cuatro a dos jugadores otra vez, teniendo en cuenta que JD va casi siempre acompañado por dos o, incluso, tres personajes. En todo caso, la escena final me parece de las mejores del año, y no hay que olvidar la presencia del modo cooperativo Horda 3.0, para darles una guerra bien verraca a esos malparidos de la Colmena. De nuevo, el multijugador competitivo, ya tal. De hecho, nunca me ha convencido la jugabilidad de la saga para ese tipo de refriegas, ni siquiera en los tiempos en que aún me adentraba en ellas.

Gears of War 4

Electronic Arts también ha contribuido notablemente al género del shooter este año, con Battlefield 1 y Titanfall 2. Particularmente, agradezco que la saga de DICE haya apostado por una contienda como la I Guerra Mundial, colmando mi deseo y el de muchos de que uno de los grandes shooters bélicos volviera a ambientarse en un conflicto antiguo. En el lado opuesto, está el juego de Respawn, con sus gigantescos titanes y su parkour. A diferencia de la primera entrega, sí que hay un modo historia al uso, cuyo diseño de niveles está muy bien pensado. Eso sí, aunque se agradecen, ambas campañas son bastante breves y tampoco es que resulten memorables.

Dicho eso, es incomprensible la estrategia comercial que ha seguido EA con estos dos títulos, lanzados en el plazo de una semana, casi boicoteándose a sí misma, lo que ha repercutido negativamente en las ventas de Titanfall 2. A eso, hay que añadir el hecho de que, poco después, llegara Call of Duty: Infinite Warfare, al que también se ha alabado, precisamente, por tener una campaña notable, si bien he de reconocer que yo no lo he jugado, porque hace tiempo que renegué de la agotadora cadencia anual de la saga. Ahora bien, el ritmo de ventas de esta entrega de la saga de Activision ha sido bastante peor que el de Black Ops III, algo que ya se preveía, teniendo en cuenta la negativa reacción general al anunciarse que se ambientaría en el espacio. La propia compañía debía de estar con la mosca detrás de la oreja cuando decidió hacer una remasterización del querido Modern Warfare y obligar a comprar la nueva entrega para conseguirla… Siguen siendo cifras que ya quisieran para sí el 99% de las sagas, pero el cambio en la curva de ventas es evidente.

Mirror's Edge Catalyst

Fe en correrías y narrativas diferentes

Tanto crítica como usuarios le han dado palos hasta en el carnet de identidad a Faith Connors, pero yo soy un gran defensor suyo y, por eso, Mirror’s Edge Catalyst está en mi lista de mejores juegos de 2016. La primera entrega ya me pareció sensacional, y ésta mejora prácticamente todos sus apartados, a pesar de que la historia no sea gran cosa. El fluido parkour por un mundo abierto y la belleza minimalista de la ciudad de Glass a mí me cautivaron, igual que la banda sonora, con Chvrches a cargo del genial tema principal. Me parece que una propuesta tan fresca y original como la de DICE se merece un reconocimiento.

Hay otros dos juegos que no he incluido en la lista, pero que se han quedado cerca, por su gran trabajo narrativo. El primero es Quantum Break, el exclusivo de Xbox One y PC, que también tuvo una acogida bastante tibia entre crítica y público. La jugabilidad, con sus poderes temporales, me pareció correcta, pero, sin duda, lo mejor es su narrativa transversal, que combina el propio juego con una serie de televisión, que sirve para contraponer las historias de los protagonistas y los antagonistas. Es un retazo de lo que quiso hacer el infame Don Mattrick con Xbox One antes de que le dieran boleto, pero, a mi entender, la propuesta de Remedy Entertainment funciona muy bien. Eso sí, dentro de lo que es el propio juego, la herramienta narrativa de volcarlo casi todo en kilométricos documentos y correos electrónicos me parece un muermo. Da una de cal y otra de arena.

Mafia III

El otro juego es Mafia III, al que se le dieron más palos que a una estera, por su apartado técnico y por su supuesta monotonía. Para mí, es un sandbox de mucha categoría. No es el mejor en lo jugable ni en lo técnico, pero, en lo narrativo y lo contextual, sí es un capo. Me recuerda, en buena medida, a Sleeping Dogs y creo que, dentro de unos años, se tendrá de él el recuerdo de que fue un juego injustamente machacado. Su narrativa en dos planos para contar una historia de venganza mafiosa me parece genial, echando mano de las típicas escenas de vídeo y, al mismo tiempo, de un formato de documental, con declaraciones de personajes desde el futuro y los testimonios de un juicio. Igual de buena es la ambientación en New Bordeaux, una versión de la Nueva Orleans de 1968. Toda la problemática social de esa época está muy bien tratada, en especial lo relativo a la Guerra de Vietnam y a la segregación racial. Y no me puedo olvidar de la maravillosa banda sonora, con canciones de Creedence Clearwater Revival, The Rolling Stones, Elvis Presley o Dusty Springfield que no sólo suenan en la radio, sino que presiden también muchas de las misiones.

Magia con diez años a rastras

El año que se acaba será recordado por habernos dejado, al fin, dos juegos que llevábamos esperando una década: The Last Guardian y Final Fantasy XV. Ambos son experiencias que ningún amante de los videojuegos debería perderse, por la magia y la personalidad que desprenden, pero no están exentas de problemas, fruto de lo eternos y caóticos que han sido sus desarrollos. De antemano, ya digo que, de haber sido más redondos, ambos estarían mucho más arriba en mi lista.

The Last Guardian

Empiezo con el juego de Fumito Ueda, que, al ser más estanco, está mejor cerrado. Se anunció en 2009, aunque el proyecto viene de 2007, cuando tenía el nombre en clave de Project Trico. Iba a salir para PS3 y, tras múltiples retrasos y rumores de cancelación, se acabó trasladando a PS4. El resultado es un juego único, digno sucesor de ICO y Shadow of the Colossus, aunque no tiene el mismo impacto que estos dos en su día. La relación entre el niño protagonista y el ave pone los sentimientos a flor de pluma, y el desarrollo combina plataformas y puzles con mucho acierto, de modo que, aunque la estructura del juego es lineal, hay que darle al coco para saber qué hacer en muchos momentos. Añadid a eso una bellísima dirección artística y unas animaciones de la criatura que enternecerían al mismísimo Rambo.

No obstante, hay problemas técnicos que lo alejan de la perfección. Uno es la cámara, que, en los espacios angostos, da más de un quebradero de cabeza. El otro, más frustrante, es la IA de la criatura. Fumito Ueda y su equipo querían darle un comportamiento real y simular la creación progresiva de un vínculo de confianza con ella, de modo que, de primeras, no hiciera demasiado caso al niño. El problema es que, incluso al final del juego, hay ciertas acciones que Trico sólo lleva a cabo si está cuadrado en una postura milimétrica, como comer barriles o encaramarse a ciertas paredes. Puede tocar mucho las narices ver que no hace lo que tiene que hacer o que, al final, decida hacerlo por pura aleatoriedad.

The Last Guardian

Y voy con Final Fantasy XV, un juego del que no sé muy bien qué pensar, pues me ha dejado una sensación rarísima: agrio, dulce, amargo y salado, todos los sabores en un mismo bocado. Para mí, es el Metal Gear Solid V de Square Enix, un juego cuyo desarrollo debe de haber sido un dolor tan fantasmagórico como el de Big Boss. Se anunció en 2006 con el nombre de Final Fantasy Versus XIII, como parte de la Fabulla Nova Crystalis, igual que Final Fantasy XIII, pero, tras mucho tiempo sin saberse demasiado de él, acabó por convertirse en la decimoquinta entrega numerada, con el mismo protagonista y ciertos elementos heredados, pero con la mayoría de conceptos replanteados. Además, la dirección pasó de las manos del atareado Tetsuya Nomura, que está con Kingdom Hearts III y Final Fantasy VII Remake ahora mismo, a las de Hajime Tabata, responsable de los spin-off Crisis Core y Type-0.

El juego tiene muy buenas ideas, empezando por el cuarteto protagonista, formado por un príncipe llamado Noctis y sus tres amigos y protectores, Gladiolus, Ignis y Prompto, quienes, nada más empezar, se ven embarcados en un viaje para recuperar el trono del reino de Lucis, tras el asesinato del rey en extrañas circunstancias. El argumento en sí es bastante bueno, por la camaradería que se respira entre los cuatro, y el final es de los que llegan dentro. Ahora bien, la narrativa hace aguas por todas partes, lo que invita a pensar que el guión debe de haber dado decenas de tumbos durante estos diez años. El desaguisado es tal que Square Enix está lanzando actualizaciones con escenas ampliadas, algo sin precedentes que yo recuerde ahora mismo. La ejecución es francamente extraña, con personajes desaprovechados, otros que caen en el olvido porque sí, un némesis que es un tuercebotas… Me duele, sobre todo, lo desperdiciada que está Lunafreya.

Final Fantasy XV

Tras Final Fantasy XIII, que tengo que decir que a mí me gustó mucho (yo no te olvido, Fang), hubo un clamor popular de que, más allá del Gran Paals, había sido una entrega demasiado lineal, como si eso fuera algo necesariamente malo. La gente quería un mundo abierto… y, aquí, entramos en otro de los potenciales vaivenes el desarrollo. ¿Estaría ya previsto que Versus XIII fuera un juego de mundo abierto o eso es algo que vino a posteriori, para contentar a la turba? Si habéis llegado a la segunda parte del juego, estaréis conmigo en que fue lo segundo. Se nota a kilómetros que hay algo raro. Baste con ver que hay ciudades, como Altissia, que no forman parte del mundo abierto del juego, sino que se hallan en una suerte de limbo aparte. No entraré en destripes, pero la excusa para poder volver a la zona de mundo abierto me parece bastante peregrina y no casa con la trompicada narrativa.

Es verdad que el mundo abierto de Eos tiene zonas fantásticas, como un volcán o una mazmorra de plataformas en dos dimensiones, pero, en general, siento que el mundo es un gigantesco páramo vacío. Ahí, entra en escena el Regalia, un coche que podemos conducir con Noctis o ceder a Ignis. Manejarlo manualmente no aporta gran cosa, pues va casi sobre raíles y, a poco que nos intentemos salir de ellos, notaremos la increíble tosquedad del control. Las travesías son de varios minutos y se hacen realmente tediosas… aunque, como mal menor, podemos pagar diez guiles y ahorrarnos el paseo. Eso sí, si hacemos tal cosa, puede que nos perdamos algunas conversaciones de lo más divertidas, o a Gladiolus leyendo un libro, a lo que se une la curiosidad de que podamos quedarnos sin gasolina. No obstante, lo peor es que las misiones secundarias son encargos de relleno sin demasiada justificación argumental, en su mayoría de cazar y hacer de recadero. En ese sentido, juegos como The Witcher 3 o Fallout 4 están a años luz. La historia principal dura veinticinco horas, lo cual es poquísimo para un Final Fantasy. También se nota a la legua dónde se han calzado los espacios para los futuros DLC en que podremos manejar a Gladiolus, Ignis y Prompto. No obstante, hay que reconocer que el ‘postjuego’ sí que tiene mucha sustancia.

Final Fantasy XV

El sistema de combate tiene sus más y sus menos. En general, el cambio de los turnos al tiempo real le ha sentado bastante bien a la saga. Sólo manejamos a Noctis, pero, en general, los otros tres personajes se defienden muy bien y, aunque mueren, podemos levantarlo con relativa facilidad, en contraste con lo que sucede en otros RPG de acción, donde los compañeros son más un estorbo que una ayuda. La forma de plantear los ataques y las esquivas, así como el ‘teletransporte’, me gustan, pero hay cosas que me chirrían. Una de ellas es el ritmo caótico, que, unido a algunos problemas de cámara, hace que se acumulen múltiples enemigos en pantalla y, a  veces, no sepas ni de dónde te vienen las tortas. Los eones, por cierto, ni pinchan ni cortan. El sistema de progresión tampoco me convence mucho. Ya no es como antes, cuando ibas desbloqueando nuevas habilidades, sino que la cosa se reduce, más bien, a mejorar parámetros. Lo que sí que me ha gustado es que, para asimilar la experiencia, haya que acampar o pasar la noche en un hotel. En relación con eso, cuando se va el sol, el mundo abierto del juego se llena de criaturas de altísimo nivel, y eso genera una lograda sensación de peligro.

La traducción es muy peculiar. Imagino que estará hecha a partir de la japonesa, pues, si juegas con las voces en inglés y los textos en castellano, todo parece muy libre y enrevesado. Una palabra tan sencilla como ‘god’ puede transformarse en ‘sidéreo’, en lugar de en ‘dios’, igual que una frase entera puede pasar a tener una construcción que no tenga nada ver. Tal vez la culpa sea más de la traducción inglesa, pero no está de más comentarlo. Eso sí, se lo perdono porque se ha incluido el mítico palabro ‘allevoy’.

Final Fantasy XV

Tras haber leído todo lo que he escrito, os preguntaréis por qué Final Fantasy XV está en mi lista. Es difícil de explicar, y hace falta jugarlo para entenderlo, especialmente el capítulo 14. Pese a sus múltiples fallos, es un juego muy especial. Merece la pena llegar hasta el final para ver lo que tiene que decir. Además, está lleno de guiños a los fans de la saga. Cuando viajamos en el Regalia, o incluso cuando vamos en el coche de San Fernando con MP3 en mano, podemos escuchar toda la discografía de la saga. Para ello, basta con ir comprando en las distintas tiendas el disco de cada entrega. Y esperad a oír a Noctis tararear la célebre fanfarria de victoria al final de algunos combates. No obstante, si hay algo que cale, es la banda sonora de Yoko Shimomura, con temas como el maravilloso Somnus o Gratia Mundi. Mención especial merece la versión de Stand By Me a cargo de Florence and the Machine. La lástima es que podríamos estar hablando de una obra maestra si su proceso de desarrollo y su culminación hubieran sido diferentes.

Un gran año, condensado en diez títulos

A partir de todo lo que he dicho hasta ahora, se me ha quedado el siguiente cuadro de honor:

1. Uncharted 4: El desenlace del ladrón

2. Forza Horizon 3

3. Monster Hunter Generations

4. Doom

5. Pokémon Sol y Luna

6. Mirror’s Edge Catalyst

7. Gears of War 4

8. The Division

9. The Last Guardian

10. Final Fantasy XV

NBA 2K17

Son juegos tan dispares que me ha costado mucho poner el orden más allá de los del podio y, si me preguntaran otro día, no sería raro que dijera otro distinto o que, incluso, metiera alguno de los que se han quedado a las puertas, como Quantum Break, Mafia III, Battlefield 1 o Titanfall 2. Y eso, sin contar los juegos deportivos de rigor, cuya presencia procuro limitar, por aquello de su anualidad, porque FIFA 17 o, sobre todo, NBA 2K17 serían merecedores de estar en la lista.

Como digo todos los años, he incluido sólo títulos que haya jugado. Procuro abarcar todo lo que puedo (este año, he catado más de 40 juegos), pero el tiempo es finito. De los títulos que se me han quedado en el tintero, por lo que se ha dicho de ellos, creo que Dishonored 2 y Watch Dogs 2 habrían tenido muchas opciones de ser claros candidatos, en especial el juego de Arkane Studios. Si echáis en falta Deus Ex: Mankind Divided, no es porque no lo haya jugado, sino porque me parece mucho más plano que Human Revolution y, en última instancia, ha sido una pequeña decepción. En cuanto a Dark Souls III, no está porque no me van las propuestas mortales de From Software.

Watch Dogs 2

Puede que también echéis en falta juegos indies, y me doy a mí mismo un tirón de orejas por ello, y más teniendo en cuenta la calidad que ha habido. Títulos como Inside, Unravel, The Witness, Firewatch, Superhot, Alienation o Abzû han tenido una gran acogida, así que los tengo anotados en la agenda para el futuro.

No me quiero olvidar tampoco de hacer mención a las remasterizaciones que hemos tenido. Yo siempre he sido un gran detractor de ellas, pero el martilleo que hemos tenido en los tres últimos años ha sido tal que he llegado a aceptarlas como algo inevitable, sobre todo ahora que la generación de PS4 y Xbox One ha despegado ya definitivamente, sin medias tintas. En ese sentido, hemos recibido packs múltiples de lo más apetecibles, como Bioshock: The Collection, Assassin’s Creed: Ezio Collection, Resident Evil: Origins Collection o Heavy Rain con Beyond. A ellos, se han unido otros de sagas como Batman Arkham (sólo las dos primeras entregas), Dead Rising, Dead Island, LEGO Harry Potter o Amnesia. Si hablamos de juegos sueltos, han recibido lavados de cara Call of Duty: Modern Warfare, The Legend of Zelda: Twilight Princess, Skyrim, Valkyria Chronicles, Odin Sphere, Dragon Quest VII o Day of the Tentacle. Al final, son opciones para quien no los disfrutara en su día, y este año no se puede decir que hayan supuesto un gran incordio para el desarrollo de experiencias nuevas. Ahora bien, sigo esperando que Sega se decida a anunciar las remasterizaciones de los dos Shenmue…

Bioshock: The Collection

La burbuja de los precios se desinfla

En 2016, hemos asistido a una tendencia muy significativa en el precio de los videojuegos. En generaciones anteriores, el precio de 60-70 euros de los lanzamientos solía perdurar durante un período prolongado de tiempo. Era paradigmático el ejemplo de la saga Call of Duty, cuyas entregas tardaban una eternidad en experimentar rebajas significativas. Sin embargo, esa tendencia ha tocado a su fin y, hoy en día, es raro el juego que, a los pocos meses de su salida, no ha bajado ya, como poco, a 40 euros, a veces para siempre y, otras, por tiempo limitado.

Como es lógico, el fenómeno se observa, particularmente, en los juegos que han decepcionado, ya sea por críticas o por el volumen de ventas en sus primeras semanas en el mercado. Tal fue el caso de Battleborn, que, apenas dos meses después de su salida, ya se podía encontrar a 15 euros. Salió en mayo y, hace poco, un servidor lo llegó a ver a 7 euros. Algo parecido sucedió con Homefront: The Revolution. Sin embargo, la tendencia se hace extensible también a superproducciones o juegos que han tenido buena acogida tanto entre la crítica como entre el público, desde Uncharted 4 a Doom, pasando por The Division, DiRT Rally o Quantum Break. Si metemos ofertas especiales como las del Black Friday en la ecuación, tenemos ya la locura total. Apenas unas semanas o unos días después de su lanzamiento, uno podía encontrar gangas como Dishonored 2 y Watch Dogs 2 a 40 euros, o Titanfall 2 y Call of Duty: Infinite Warfare a 35 euros… Y eso, hablando sólo de compras en formato físico, porque las tiendas digitales también son muy dadas al chollo fácil.

Battleborn

Evidentemente, ésta es una tendencia muy sana de la que los usuarios nos beneficiamos, pero plantea muchas dudas. La más importante es hasta qué punto el precio de los juegos está sobredimensionado en el momento de su lanzamiento, si resulta que, a los dos meses, puede llegar a estar ya a mitad de precio. En relación con eso, quien compre un título de salida por 70 euros puede sentirse timado si, poco después, ve el mismo producto mucho más barato. ¿Qué pasaría si nadie comprara juegos en el día de su lanzamiento y decidiera esperar? Sería muy interesante saberlo…

La generación de PlayStation 4 y Xbox One parece haber traído consigo la defunción de las series Platinum o Classics. La excepción absoluta es Nintendo, que sí que tiene la serie Selects, tanto para Wii U como para 3DS, y que, al mismo tiempo, sigue desmarcada de esas brutales fluctuaciones en el precio de los juegos, para bien y para mal. Para bien, porque sus juegos suelen salir a 40-50 euros en el caso de la consola de sobremesa y a 40-45 en el caso de la portátil. Para mal, porque pueden llegar a pasar años para que esos títulos experimenten rebajas. Tengo mucha curiosidad por saber qué política comercial aplica la Gran N a los cartuchos de Switch, algo que puede ser muy importante, sobre todo si la consola tiene potencia suficiente para recibir títulos multiplataforma de PS4 y One, algunos de los cuales ya están confirmados, como Dragon Quest XI o Project Sonic 2017.

Dragon Quest XI

La ciénaga de los detalles técnicos

Lanzar revisiones de consolas es algo que siempre se ha hecho, pero, por lo general, se limitaban a reducciones estéticas o aumentos de disco duro. Sin embargo, ya el año pasado, se abrió una peligrosa veda con New 3DS: la de lanzar modelos de la misma consola con mayor potencia técnica. La máquina de Nintendo tiene, incluso, capacidad para tener juegos exclusivos respecto al modelo original, aunque, por suerte, la cosa ha acabado limitándose al título que la acompañó en su lanzamiento, Xenoblade Chronicles 3D.

En 2016, Sony y Microsoft han anunciado nuevo hardware en esa línea: PS4 Pro y Project Scorpio. La primera ya está a la venta, mientras que la segunda aterrizará a finales de 2017. En ambos casos, el catálogo de juegos será el mismo que el de PS4 y Xbox One, respectivamente, pero se introducen mejoras técnicas para sacar partido a los televisores de nueva generación, concretamente a los factores del 4K y el High Dynamic Range (HDR), si bien este último ya se ha añadido tanto en la PS4 normal, vía actualización, como en Xbox One S.

PS4 Pro

Microsoft ha ido más lejos que Sony, incluso, al afirmar que su intención es poner fin a las generaciones de consolas como las conocíamos hasta ahora. En ese sentido, promete que Scorpio ofrecerá juegos a 4K nativos y experiencias de realidad virtual, algo que para lo que no el modelo original no da de sí. Es decir, las consolas se van a parecer más a los PC, con ciudadanos de primera y de segunda, según la versión de la consola que tengan. Habrá que ver si eso es sostenible en el tiempo y si, dentro de diez años, los estudios de desarrollo siguen pudiendo meter en una Xbox One de 2013 la misma experiencia que en una Scorpio de 2017.

Esta tendencia me preocupa. A mí siempre me han importado los juegos, por encima de todo, pero esta generación se ha convertido en la de las resoluciones y las tasas de imágenes por segundo, en la del repudio a los 900p o los 30 fps. Estos días, a cuenta de un artículo publicado en IGN sobre las bondades sentimentales de The Last Guardian, he llegado a leer el comentario de un usuario que criticaba que se le diera relevancia a su componente emocional. “Esto se trata de videojuegos, analizad las características técnicas, no los sentimientos que os produce”. Todo ello, sazonado con una sentencia inequívoca: “Sobrevalorado”. A este grado de chaladura hemos llegado…

Project Scorpio

Pues no. Un juego es mucho más que un apartado técnico. Dependiendo del género, puede ser diversión, puede ser una jugabilidad variada, puede ser una historia, puede ser una narrativa, puede ser una banda sonora… Puede ser cualquier cosa. Cada juego habrá que valorarlo en global por lo que ofrece, por sus virtudes y por sus defectos, y no tendrá la misma importancia el argumento en un RPG que en un plataformas, igual que no tendrá la misma relevancia la vistosidad técnica en un juego de coches que en un título de estrategia. Ya sólo faltaría que fuera censurable, y no aplaudible, que una representación artística generara sentimientos…

Pérdida de peso y ganancia en ventas

Al margen de PS4 Pro y Scorpio, Sony y Microsoft han puesto ya a la venta PS4 Slim y Xbox One S, sustitutivas de los modelos originales de las dos consolas. Básicamente, se trata de dos modelos más ligeros y con menos consumo. Particularmente, la máquina de Microsoft lo pedía a gritos, pues la versión que vio la luz en 2013, cuando Kinect aún era una prioridad, tenía un diseño muy aparatoso, sobre todo por el famoso ‘ladrillo’ para poder conectarla a la corriente. Con este nuevo modelo, que incorpora el HDR, está ya más al día.

Xbox One S

Más allá de la bilis de los fanáticos de uno y otro bando, lo cierto es que ambas consolas gozan de una buena salud actualmente. PS4 ha vendido la friolera de 50 millones de unidades en sólo tres años, y eso que, en los últimos meses, pudo haber un pequeño frenazo, ante la previsión de que el modelo Pro estaba al caer. Tengo mucha curiosidad por ver en cuánto asciende la cifra global estas Navidades.

Por su parte, Microsoft ha llevado a cabo importantes cambios en el último año, al unificar los ecosistemas de Xbox y Windows 10, un movimiento que, pese a las críticas que generó, a mí me parece totalmente lógico, pues no creo que las consolas y el PC sean competencia directa, y sería estúpido no sacar partido a ese ámbito, que es inherente al ADN de la empresa. Además, con el lúcido Phil Spencer a la cabeza, Xbox One no para de mejorar, ya sea ampliando el catálogo de juegos de 360 retrocompatibles (gracias por ese regalo del infravalorado Lost Odyssey) o dando juegos de gran calidad cada mes con el programa Games with Gold, que deja en ridículo al de Sony con PS Plus, limitado casi siempre a indies de poca monta. Si la política de comunicación hubiera sido otra y la máquina hubiera salido sin Kinect, sin tanto foco en los contenidos multimedia y a 400 euros (gracias por nada, Don Mattrick), tengo pocas dudas de que los actuales 24,58 millones de unidades, según VG Chartz, serían muchos más.

Don Mattrick

La tímida puesta en escena de la realidad virtual

Tras fracasar ya en el pasado, 2016 debía suponer el advenimiento de la realidad virtual, con visores como Oculus Rift, HTC Vive y, sobre todo PS VR. Sin embargo, visto lo visto, mucho tienen que cambiar las cosas para que la tecnología acabe triunfando. Como se preveía, todos los visores se han acabado lanzando a precios muy elevados, incluido PS VR, con sus 400 euros, con el agravante de que PS4 Pro parece pensada, en buena medida, para darle un empujón en el futuro, pues la mengua de calidad visual que se produce es muy evidente, algo de lo que da cuenta DriveClub, que es mucho más discreto en su versión de realidad virtual que en la original, que era un auténtico portento.

Centrándome en PS VR, casi todos los títulos de lanzamiento han acabado por ser meras demos técnicas, más que juegos al uso. La experiencia que ofrece Batman Arkham VR es muy inmersiva, por ejemplo, pero es un abuso tener que pagar 20 euros por una hora de juego. Luego, están los juegos que inducen al mareo: con DriveClub VR, yo casi echo la papilla. A eso, hay que añadir lo incómodo que resulta montarlo, sobre todo por la cacharrería y el lío de cables que lleva asociado, algo que quizás se podría haber mitigado con PS4 Pro, integrando la circuitería en la propia consola, pero que no ha sido así.

PS VR

Lo más grave es que, ahora mismo, apenas hay títulos importantes anunciados. Resident Evil 7: Biohazard va a cargar con casi todo el peso de demostrar si merece la pena o no apoquinar por el visor. Yo ya lo he podido probar y lo cierto es que la angustiosa sensación, además de ser genial, casa perfectamente con la intención de volver a las raíces del survival horror. De hecho, va a haber que echarle mucho valor para jugarlo de primeras con PS VR. Veremos qué sucede. Por ahora, Sony no ha sido nada clara al respecto, pero sería interesante conocer las cifras globales de ventas, igual que avienta las de los 50 millones de PS4…

También tengo curiosidad por saber qué plantea Microsoft con Project Scorpio de cara al uso de esta tecnología. Lo previsible es un acuerdo con Oculus Rift, pues, en este momento, el visor se vende ya junto con un mando de Xbox One, para usarlo en PC. Sería muy raro que esa asociación no se extendiera. Asimismo, habrá que ver si Hololens, el visor de realidad aumentada que la compañía está desarrollando, tiene algún papel que desempeñar en la función.

Resident Evil 7: Biohazard

Los vaivenes de Nintendo

Lo peor de 2016 ha sido, seguramente, la lenta agonía de Wii U, que se ha ido al otro barrio casi en silencio. Sin apoyo de las third parties, la consola apenas ha tenido un puñado de juegos, ninguno de ellos imprescindible. Pokkén Tournament, Star Fox Zero, The Legend of Zelda: Twilight Princess HD, Paper Mario: Color Splash y Tokyo Mirage Sessions #FE son, prácticamente, los únicos títulos que hemos podido llevarnos a la boca. Es una lástima, aunque confío en que ese ninguneo signifique que todos los estudios de Nintendo hayan estado volcados en cocinar deliciosos manjares para el corto y el medio plazo de Switch.

En contraposición a su hermana de sobremesa, 3DS sí que ha tenido un año de grandes exclusivas. Pokémon Sol y Luna, Monster Hunter Generations, Bravely Second, Fire Emblem Fates por partida triple, Yo-Kai Watch, Kirby: Planet Robobot, Super Mario Maker, Hyrule Warriors Legends o Dragon Quest VII dan cuenta de la buena salud de la consola. Además, pese a la llegada de Switch, ese estado de forma promete extenderse a 2017, pues aún tiene en cartera un puñado de lanzamientos destacados: Poochy & Yoshi’s Woolly World, Pikmin, Ever Oasis, Lady Layton: The Millionare Ariadone’s Conspiracy, Mario Sports Superstars…

NES Mini

Como comentaba con anterioridad, Nintendo también ha tenido un gran debut en el ámbito de los móviles. Me alegra que Satoru Iwata dejara bien definida la estrategia de la compañía para el corto plazo y que Tatsumi Kimishima la esté sabiendo aplicar. Ahí, se integra también el lanzamiento de NES Mini, que ha resultado ser un éxito, aunque, ya sea voluntaria o involuntariamente, a la empresa le ha pillado un poco a contrapié con el stock, como tantas otras veces, algo de lo que dan cuenta Wii o los amiibo. Esperemos que no suceda lo mismo con Switch, que yo, por si acaso, procuraré reservar desde el primer instante en que se pueda.

Los tropezones del año

Aunque son dos juegos en los que yo no tenía ningún interés particular, porque ya sabía que no eran para mí, hay bastante consenso en que Street Fighter V y No Man’s Sky son las mayores decepciones del año. El juego de lucha de Capcom llegó muy vacío de contenidos, sin siquiera modo Arcade, mientras que la aventura espacial de Hello Games no cumplió las expectativas y fue pasto de las acusaciones de no haber cumplido sus infinitas promesas, a precio de superproducción, para más inri, pese a su condición de indie. Podría meter en ese saco de decepciones también a Metroid Prime: Federation Force, aunque ésta se veía venir desde el E3 2015, así que no sorprende lo más mínimo.

No Man's Sky

Sin embargo, sí hay dos juegos en los que confiaba y que han resultado ser dos medianías: Star Fox Zero y Teenage Mutant Ninja Turtles. Cuando Platinum Games está a cargo de un juego, uno sólo puede esperar lo mejor, pero estos dos títulos los debieron de hacer sus becarios, que quedaron retratados. Así no, tú… La compañía japonesa suma otro par de manchas a su historial, en el que ya constaban Anarchy Reigns o The Legend of Korra.

Star Fox Zero aprovechaba el Gamepad de Wii U, pero lo hacía a un coste altísimo: el de la incomodidad. Era muy molesto tener que jugar con un ojo en el televisor y otro en el mando, al tiempo que se atendía al sensor de movimiento. Platinum debió de pensar que, si los protagonistas eran un zorro, un pájaro, un burro y una rana, el jugador bien podía ser un camaleón… En cuanto al juego de las Tortugas Ninja, soñaba con que recuperara el espíritu de la mítica recreativa Turtles in Time, pero  resultó ser un beat’em up cooperativo muy ramplón, más pensado para aprovechar el tirón de la película que para contentar a los jugadores de la vieja escuela.

Teenage Mutant Ninja Turtles: Mutantes en Manhattan

Hay varias tendencias negativas que también se merecen su espacio. La primera de ellas es que la fórmula de Telltale Games empieza a estar más quemada que la pipa de un indio. Su discreto Batman así lo atestigua. Trabajar en tantos proyectos simultáneos y aplicarles a todos las mismas mecánicas es algo que acaba pasando factura. Yo disfruté mucho de The Wolf Among Us o Juego de Tronos, pero resulta agotador ya ver tantos proyectos: The Walking Dead, Tales from the Borderlands, Minecraft: Story Mode, Guardianes de la Galaxia… A eso, se une el hecho de que lleven reciclando el mismo motor renqueante desde hace años, lo que les permite hacer el mismo juego para PS4 o Xbox One que para smartphones.

Este año, también hemos asistido a la caída de los juegos basados en figuras, con el fin de Disney Infinity y los rumores de que Skylanders podría seguir el mismo camino. Otro que también está en decadencia es Keiji Inafune, responsable de los discretos Mighty No. 9 y ReCore, aunque este último tiene buenos fundamentos. Finalmente, tengo que lamentarme por la senda que ha tomado Konami, ejemplificada en el estrambótico Metal Gear Survive, cuyos futuros zombis no parecen interesar a nadie, con el agravante de que se ve de lejos el reciclaje de contenidos de The Phantom Pain.

Metal Gear Survive

La redención de Nintendo

Si 2016 ha sido un año fantástico, 2017 puede ser maravilloso. En los últimos días, he tenido que preparar un reportaje especial de 32 páginas para el número 306 de Hobby Consolas, y me he venido arriba yo solo viendo la cantidad de citas ineludibles que va a haber. Si hay un algún aficionado a los videojuegos que no esté emocionado con la avalancha que se avecina, igual tiene que ir buscándose otro hobby…

Por encima de todo, lo que yo más espero es Switch, que se lanzará en marzo, pero de la que conoceremos todos sus detalles el 13 de enero, a las cinco de la madrugada. Su concepto de híbrido entre consola de sobremesa y portátil es ideal para desmarcarse de la guerra entre PS4 y Xbox One, aunque, aun así, espero que su potencia no esté demasiado lejos de sus modelos estándar. Confío en que Nintendo haya aprendido de los errores cometidos con Wii U y, sobre todo, en que le ponga un precio cabal, de entre 250 y 300 euros, pues ir más allá sería pegarse un tiro en el pie, algo que ya estuvo a punto de hacer con 3DS, aunque logró rectificar a tiempo con una bajada de precio y el programa de embajadores para compensar con juegos a quienes la hubieran adquirido de salida.

Nintendo Switch

Por ahora, sabemos que la consola contará con The Legend of Zelda: Breath of the Wild, aunque no parece que vaya a ser un título de lanzamiento. Ese honor recaerá en los títulos que, previsiblemente, deben de haber estado preparando Nintendo EAD o Retro Studios mientras Wii U agonizaba. Va a ser hambre para ayer y pan para hoy, en una inversión del dicho que seguro que acabaremos agradeciendo. Eso sí, espero que la compañía tenga un plan estructurado para todo el año y que el flujo de títulos sea continuo, y no una mera avalancha inicial a la que sigan meses de silencio. Un Mario 3D yo lo doy casi por seguro, y rezo por un Metroid Prime. Asimismo, creo que muchos de los títulos de Wii U van a tener una segunda oportunidad en forma de remasterización. Sería estúpido no aprovechar joyas como Mario Kart 8, Super Smash Bros o Splatoon. También doy mucha credibilidad al rumor de Eurogamer de que la consola contará con una consola virtual de Gamecube, que se estrenaría con Luigi’s Mansion, Super Mario Sunshine y Smash Bros Melee. Los dos últimos son dos de mis juegos favoritos de la historia, así que picaría con ellos como un merluzo.

Veremos cuántas de las 50 third parties que han mostrado su interés en la consola acaban realmente haciendo cosas. Por lo pronto, parece que EA y Ubisoft van en serio, con al menos un título por parte de cada una, sin contar Just Dance 2017, ya confirmado por parte de la compañía francesa. Aparte, ya hay anunciados algunos títulos, como Project Sonic 2017 (Sega), Dragon Quest X y XI (Square Enix) o indies como Monster Boy and the Cursed Kingdom y Seasons of Heaven, este último en exclusiva. No veo la hora de que sea 13 de enero para saber más.

Project Sonic 2017

Nostalgia seguera

En un salto con tirabuzón, paso de hablar de Nintendo a hablar de la que su fuera su archienemiga en los 90, Sega, que nos va a brindar un puñado de juegos de la vieja escuela en 2017. Para empezar, tengo mucha fe en Sonic Mania y Project Sonic 2017, con los que espero que el erizo más veloz y azulado de la historia vuelva a sacar las púas. El primero, aunque sólo se lance en formato digital, recuperará toda la esencia de las entregas de Mega Drive, incluidos los gráficos y la jugabilidad, mientras que el segundo apunta a ser un Sonic Generations 2 en toda regla, combinando al personaje clásico con el moderno. Otro plataformas seguero que volverá será Wonder Boy, reimaginado en Monster Boy and the Cursed Kingdom, un juego indie que cuenta con el beneplácito de Ryuichi Nishizawa, creador del original.

Me congratula que Sega vaya a darle otra oportunidad en Occidente a Yakuza, para mí una de las sagas más infravaloradas de la historia. El 24 de enero, recibiremos la precuela Yakuza 0, mientras que, en verano, llegará Yakuza Kiwami, un remake total de la primera entrega de PS2. Además, la compañía ya ha confirmado también el advenimiento de Yakuza 6: The Song of Life, para principios de 2016. Por lo pronto, la precuela nos va a llegar con voces en japonés y textos en inglés, pero, si se desempeña bien en el mercado, no sería de extrañar que Kiwami pudiera ser traducido, pues no hay que olvidar que el original sí que llegó en español allá por 2006, por lo que se podría recuperar la traducción (aunque era muy mediocre, todo sea dicho) y añadirle las nuevas líneas de diálogo. El caso es que, tras Yakuza 5, que llegó sólo en formato digital y con tres años de retraso respecto a Japón, vamos a volver a tener entregas en físico y con un lapso de tiempo más ajustado. Ojalá la creación de Toshihiro Nagoshi empiece a tener el reconocimiento global que se merece.

Yakuza 0

Supuestamente, 2017 debe ser también al año de Shenmue III, un juego que llevo anhelando desde 2001 y en cuya existencia nunca dejé de creer. Sin embargo, el plazo de lanzarlo en diciembre que maneja Ys Net, el nuevo estudio de Yu Suzuki, no me parece nada creíble, teniendo en cuenta que, para ese entonces, sólo llevaría dos años y medio en desarrollo, desde que se anunciara en el E3 2015. Además, aún no se ha visto nada del juego en movimiento y todos los proyectos nacidos de Kickstarter y otras plataformas de micromecenazgo acaban retrasándose: Yooka-Laylee, Bloodstained, Mighty No. 9, Star Citizen… Por tanto, no creo que lo veamos en 2017 y, de hecho, prefiero que el estudio se tome todos los años que hagan falta para que cumpla unas mínimas expectativas. Ryo Hazuki no se merece un bodrio tras tantos años rumiando su venganza contra Lan Di.

Un gran momento para ser usuario de videojuegos

Centrándome en juegos concretos, le tengo muchas ganas a Resident Evil 7. Habiéndolo podido probar ya, sé que Capcom no miente cuando afirma que será una vuelta a las raíces. Es una mezcla de casi todas las ideas de la primera y la tercera entrega, sólo que con perspectiva subjetiva. Lo mejor es que está ya a la vuelta de la esquina, pues sale el 24 de enero. Veremos si el remake de Resident Evil 2 llega igualmente el año que viene o se va a 2018. También confío al cien por cien en Red Dead Redemption 2, que será el debut de Rockstar en PS4 y Xbox One. Casi todo lo que toca la compañía se convierte en oro, y a este nuevo western estoy deseando echarle el lazo.

Red Dead Redemption 2

Tras su nefasto 2016, espero grandes cosas también de Platinum Games, que va a debutar en el género del RPG de acción por partida doble, con NieR Automata y Scalebound, exclusivos de PS4-PC y One-PC, respectivamente. El que más me apetece de los dos es el segundo, que viene con el sello inequívoco de Hideki Kamiya, uno de los mejores creadores de la historia, como demuestra su dirección en Resident Evil 2, Bayonetta, Devil May Cry, Okami o Viewtiful Joe. Otro juego japonés del que espero mucho es The Legend of Zelda: Breath of the Wild, que romperá muchas de las convenciones de la saga. No las tengo todas conmigo respecto al remake de Final Fantasy VII y su publicación en varias entregas, pero lo lógico sería que la primera parte viera la luz ya a final de año, coincidiendo con el trigésimo aniversario de la saga.

En 2016, PS4 ha recibido ya unas cuantas exclusivas de peso, pero 2017 va a ser una avalancha continua. Sólo en el primer cuatrimestre, van a llegar el ya citado Yakuza 0, Gravity Rush 2, Nioh, Horizon: Zero Dawn y Persona 5. A lo largo del año, aterrizarán también Gran Turismo Sport, Ni no Kuni II: Revenant Kingdom y Uncharted: The Lost Legacy. Si se confirmara que juegos como Days Gone, Spider-Man, Detroit: Become Human o God of War también llegan en 2017, estaríamos hablando de algo demencial en cuanto a exclusivas, sin olvidar que NieR Automata y Final Fantasy VII Remake también lo serían, al menos en consolas. De The Last of Us: Part II es mejor olvidarse hasta 2018, como poco.

Horizon: Zero Dawn

De un tiempo a esta parte, Microsoft está trabajando a corto plazo, por lo que seguro que, en el E3, coincidiendo con el anuncio de Scorpio, conocemos un par de títulos exclusivos para el final de año. Por ahora, de los que están anunciados, los que mejor pinta tienen son Scalebound, Cuphead (el run and gun indie con estética de dibujos animados de los años 20) y Halo Wars 2, desarrollado por los genios de la estrategia Creative Assembly. A eso, hay que añadir Crackdown 3, Phantom Dust, Voodo Vince Remastered o Sea of Thieves, si bien, personalmente, no espero con ansia ninguno de ellos. Confío en que Phil Spencer nos agasaje con anuncios jugosos en junio, como Halo 6, Forza Motorsport 7 y potenciales sorpresas.

Por ir poniendo ya el punto final a esta novela, añado una pequeña retahíla de juegos que espero que nos den grandes alegrías: Mass Effect Andromeda, Yooka-Laylee, Ghost Recon Wildlands, Project CARS 2, Rime, Prey, Valkyria Revolution, Star Wars Battlefront 2, Destiny 2… Sinceramente, estamos ante un momento inmejorable para ser usuario de videojuegos. Ojalá pudiera detener el tiempo para poder disfrutar del diluvio universal de juegazos que auguran los informativos.

Mass Effect Andromeda

Os deseo una feliz Navidad y un próspero nuevo, no si antes recordaros que podéis consultar lo que han dicho otros miembros de la redacción en su resumen de 2016. ¡No os atiborréis de mazapanes y turrones, que hay que hacer hueco para el banquete de juegazos que se avecina!

Lecturas recomendadas