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La opinión de
Javier Abad

Microsoft necesita su Naughty Dog

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Bueno, pues ya hemos pasado el “parto” de las nuevas consolas, y parece haber unanimidad en la crítica respecto a lo que nos ha deparado su primera hornada de juegos para PS4 y Xbox One: aunque algunos destacan más que otros, a ninguno se le puede considerar “el juego” que marque el nuevo estándar esperable de la next-gen. Y reconozcámoslo, no es algo que nos haya sorprendido especialmente, porque ya hemos vivido algo similar en anteriores transiciones de una generación a otra.

Por un lado, ocurre que los títulos desarrollados expresamente para las nuevas máquinas (Ryse Son of Rome, Killzone Shadow Fall...) apuntan cosas positivas en ciertos aspectos, pero todavía no explotan a fondo su potencial. Es normal, y diría que hasta necesario: sería decepcionante saber que lo que nos ofrecen PS4 y Xbox One en su primer día de vida está dándonos ya el nivel de todo lo que queda por llegar en el futuro. ¿Hubiera sido posible GTA V en todo su esplendor sin el “know how” (¡eh, que sé inglés!) acumulado desde el lanzamiento de PS3 y Xbox 360?

Por su parte, los juegos multiplataforma que están a caballo entre las dos generaciones “sufren” una asignación de recursos lógica: ante un desarrollo compartido, los estudios dedican la mayor parte de la pasta a las versiones para las consolas “antiguas”, que son las que más retorno (ingresos por las ventas) les aseguran en el momento actual. Por eso los Assassin´s Creed IV, Call of Duty Ghosts o FIFA 14 de PS4 y Xbox One están más cerca de sus "hermanos pequeños" de lo que nos gustaría. Es una tendencia que se invertirá con toda seguridad en los próximos años, cuando al desarrollo de las versiones next gen sí que le toque la mayor porción del pastel presupuestario.

Sabiendo como están las cosas, a mí me gusta hacer mis propios estudios de opinión de andar por casa. Cada vez que surge el tema en conversaciones informales con compañeros, lectores, amigos, etc. me encuentro la misma respuesta: no es que el catálogo inicial de PS4 sea superior al de Xbox One, pero la gran mayoría están seguros de que la primera acabará imponiendo la fuerza de sus juegos exclusivos. ¿Por qué esa confianza? No hay más que enfrentar el magnífico 2013 que se ha marcado Sony lanzando The Last of Us, Beyond: Dos Almas o Gran Turismo 6  en PS3 con la ausencia casi total (la excepción es Gears of War Judgment) de juegos firmados por Microsoft para Xbox 360. El sentir general, al menos en España, no es solo que la compañía nipona apoya más a su plataforma, sino que además tiene mejores juegos exclusivos. Vamos, que puestos en una balanza, al usuario español le tira más Uncharted 4 que Halo 5.

Si yo fuera Microsoft, es algo que me haría mirar de forma prioritaria, porque no es nada fácil cambiar la percepción de los consumidores. ¿Como lograrlo? En mi opinión la respuesta está en el titular: la compañía de Redmond necesita imperiosamente encontrar su Naughty Dog, un estudio capaz de lanzar el tipo de superproducción-aventurera-de-corte-cinematográfico que tanto llega al corazoncito de los jugones de consola. ¿A quién elegir? Si nos ponemos en plan entrenador y miramos el banquillo en busca de un candidato, quizá sean los finlandeses Remedy Entertainment quienes mejor se ajusten al perfil. En su día lo hicieron muy bien con Alan Wake y ahora tienen a Quantum Break instalado entre lo más prometedor del año que viene para Xbox One. A partir de ahí, la estrategia debería pasar por crear un par de franquicias AAA que nos aseguren un capítulo cada par de añitos y nos "obliguen" a comprar una Xbox One, porque solo así podremos disfrutarlas. No creo estar descubriendo la pólvora, pero ahí queda mi consejo, por si hay alguien de Microsoft leyendo esto (y además, como ya casi estamos en Navidad, se lo dejo gratis).

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