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La opinión de
Sonia Herranz

Mujeres al borde de un ataque de gamers

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El jueves pasado (en pleno cierre, todo hay que decirlo), tuve la suerte de asistir a las Jornadas Mujeres y Videojuegos en la Universidad Complutense de Madrid. Lástima que se celebraran en la peor semana del mes para mí (por el cierre, no por nada femenino) y no pude asistir a las charlas de relevantes mujeres de la industria del videojuego en nuestro país, ni soltar yo una propia. Algo que seguro que agradecieron los asistentes, porque cuando yo me pongo a hablar…

Pero sí que estuve presenta en una mesa redonda en la que participaban mujeres tan interesantes como Tatiana Delgado (una teleco que diseñaba niveles para Rebel Act y actualmente trabaja en un juego para ayudar a niños enfermos a medicarse correctamente); Ana María Rodríguez (licenciada en Bellas Artes, actualmente en MercurySteam trabajando en el nuevo Castlevania); Teresa Rico (tester en Mercury) o Irene Sánchez (jugadora profesional de Counter Strike). Me doy envidia a mí misma por haberlas conocido. Y es que no sólo eran apasionadas por los videojuegos, sino también encantadoras, inteligentísimas y muy preparadas. Bueno, pues eso, mujeres ;-)

Ahora en serio, no había sido consciente, o por lo menos plenamente consciente, de la ausencia de mujeres en esta industria hasta que me vi allí sentada. Supongo que estoy acostumbrada. Cuando empecé a trabajar en Hobby Press, allá por 1992, era la única mujer en una redacción de hombres. Había chicas, sí, pero en publicidad, marketing y maquetación. En la zona de jugar, donde estaban las consolas y los ordenadores para escribir, era la única. Y lo sigo siendo en la actualidad. Rara Avis para unos, bicho raro para otros. Aunque es verdad que hoy día ya no genero la misma malsana curiosidad… Y en prensa sí hay más mujeres, aunque sigamos siendo pocas.

Cuando esta jovencísima industria nació decidió lanzarse a por el mercado masculino transmitiendo una imagen que se ha mantenido en el tiempo y, lo que es peor, que ha calado en el subconsciente de las mujeres. La imagen de que los videojuegos son cosa de hombres y de que las niñas tienen entretenimientos más prácticos que perder el tiempo matando gente...

Esa imagen está empezando a cambiar, pero el rumbo vira lentamente. Las grandes compañías, con Nintendo a la cabeza, se esfuerzan en cambiar esa creencia, paso a paso, campaña tras campaña. Obviamente no me refiero a lanzar juegos que se llamen “Juguemos a las mamás” y poner a la venta consolas rosas, me refiero a no poner en los carteles a superhombres salvadores del mundo y a mujeres ligeras de ropa y sobradas de atributos. Me refiero a crear guiones con sustancia y a vender una imagen de aventura y no de testosterona. No se trata de hablar de niños y niñas, padres y madres, miembros y miembras, se trata de vender que Assassin’s Creed III es un juego de aventuras con transfondo histórico; no de vender que es un juego de matar en el que te conviertes en un letal asesino capaz de derrotar al ejército inglés tú solito.

Sea cual sea el mensaje, el juego obviamente es el mismo. La sensación que transmites al que desconoce el mundo de los videojuegos, no lo es. Pequeños detalles, como que Nathan Drake no sea un héroe perfecto, inmaculado y siempre bien peinado, refuerzan este cambio de imagen. Cualquier mujer jugadora sabe perfectamente que no hay juegos para hombres y mujeres (salvo curiosas excepciones) y que es, simplemente, cuestión de gustos.

Cada persona, sea hombre o mujer, que se acerca por primera vez a los videojuegos descubre que hay un género, un estilo o una ambientación que les gusta. En muchos casos deben sacudirse de encima los prejucios y cuando lo hacen se dan cuenta de que los videojuegos ni son tan malos, ni tan violentos, ni tan sexistas, ni tan descerebrados como pensaban. Pero no puedes coger de la mano a todo el mundo y ponerlo frente a una consola. Debes convencerles de que quizá les podría gustar jugar. Y la única manera de hacerlo es con la imagen que trasmites. A ninguna mujer jugadora nos molestan los detalles “machistas” que se ven en muchos juegos, porque sabemos que disfrutar de un juego no es cuestión de sexo. Pero hay que pensar en las mujeres que no lo saben y que interpretan que esos detalles machistas son en realidad un reflejo de lo que les espera en un videojuego.

Quizá haya que buscar en todo esto la razón de que se convoquen Jornadas de Mujeres y Videojuegos; de que Sony hiciera una presentación de PS Vita sólo para mujeres o de que yo escriba un post hablando de ello… Que ocurran estas cosas sólo demuestran que las mujeres aún no forman parte del mundo de los videojuegos de una manera natural, pese a que la tendencia del mercado hable ya de que el 42% de los jugadores son mujeres. ¿A lo mejor hemos llegado ya a esa cifra tan alta porque cada vez es más difícil encontrar casos de flagrante machismo? En esto, como en casi todo, la educación es fundamental, pero nos educamos muy lentamente...

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