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La opinión de
Sonia Herranz

El negocio imposible de la información gratis

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En los últimos meses han brotado, como “megustas” en un vídeo de perritos, los estudios que defienden que el futuro del periodismo pasa por la información de pago. Que no habrá periodistas si no se logra que la información se valore en términos económicos. El hecho de que haya tantos estudios al respecto y que todos digan lo mismo sólo puede significar una cosa: el periodismo agoniza. Ya no podemos hablar de crisis de los medios de comunicación. Es una hecatombe. Y la clave no es la “crisis”, la “fórmula”, el “método” o el “paradigma” (signifiquen lo que signifiquen estas palabras de “Expertos”). Es mucho más fácil y más sencillo que todo esto: nadie quiere pagar por lo que puede tener gratis.

Los periódicos y las revistas ofrecemos nuestros contenidos gratuitamente en nuestros “muros” digitales. El razonamiento es que si no lo haces tú otro lo hará. A los periodistas se les pretende pagar con “prestigio”, vendiéndoles la burra de que fíjate cuánta gente te va a leer, vas a ser conocido. Como si la fama pagara la hipoteca o el prestigio se pudiera meter entre dos rebanadas de pan Bimbo. Y eso contando con que fuera verdad, porque ahora ni eso. No te queda ya ni el que te paren por la calle para pedirte una foto. Y, que yo sepa, no aceptan una foto a cambio del euro por receta… Hay hasta un hashtag en Twiter: #gratisnotrabajo

Y, claro, los medios de comunicación, asfixiados por que sus productos no se venden, se ceban en el periodista y le exigen más por menos. Aplastados bajo toneladas de exigencias, la mayoría de ellas enfocadas al resultado rápido y sin tener en cuenta las consecuencias, los periodistas rellenan más columnas de tinta, más caracteres de bits… Más y más. Y ya no importa ni la calidad, ni la trascendencia… Ya casi no importa ni la verdad. Sólo publicar y publicar. Hay otro hashtag para esto: #CopiarPegar

La información es gratis en la web, y los medios impresos cada vez ingresan menos por ventas. La publicidad, en ambos casos, es escasa y mal pagada.

Como una pescadilla de esas de enroscar, todo acaba y empieza por el mismo sitio. Y para comerte la pescadilla lo mejor es desenroscarla, no sea que te tragues una espina de la cabeza (a mí me gustan, por cierto). Y una vez descuajeringada (es inevitable) hay que empezar a comer por donde dios te dé a entender… Y no siempre el entendimiento es el correcto.

El intento más serio de desenroscar la pescadilla es el de cobrar por la información. Como siempre se ha hecho, vaya. El País publicaba en su editorial: “No hay información sin coste, y menos información de calidad. La contribución de los lectores ha sido un factor esencial para la independencia de los medios respecto del poder y de los anunciantes. Y eso también es aplicable a la red”. Es decir, cobrar por la información que se publica también en Internet. Y es que, aunque muchos se nieguen a aceptarlo, el trabajo hay que pagarlo y las cosas que más aprecian los lectores de cualquier medio suelen ser, qué casualidad, las que más trabajo llevan…

No deja de ser curioso que ahora que los medios de comunicación tienen más difusión que nunca, que llegan a más lectores que nunca, sea precisamente cuando más problemas tienen para susbsistir (para los que dicen que el prestigio es suficiente). Y es que, qué queréis que os diga, si tengo que elegir entre que me lean 100.000 personas sin recompensa alguna o que me lean 1.000 cobrando por mi trabajo, no os voy a explicar por donde se pueden meter la fama, el prestigio o el reconocimiento… Quedaría feo.

Se demanda periodismo de calidad, opiniones de calidad, análisis de calidad, noticias contrastadas. Y, a ser posible, bien escritas, con muchas imágenes, muchos datos y rapidito, mejor para ayer. Pero las queremos gratis. Todo gratis. Es la cultura del siglo XXI.

Si queréis mi opinión, no creo que hacer que las webs sean de pago vaya a solucionar el problema de fondo. Pero es que tampoco se me ocurre otra solución. Supongo que porque yo también estoy inmersa en el proceso de cambio, en la “reinveción”, el “reborn” de los medios de comunicación que, traducido al cristiano, significa básicamente no dar abasto, hacerte eco de chorradas y olvidarte de lo que importa…

Sin ir más lejos, nos invitaron a la presentación de FIFA 14 y no había juego ni ná. Vamos, que lo podría haber presentado yo, que me sé de memoria la charla de todos los años. Y, ojo, no sólo no había juego, sino que además ni tan siquiera podías decir que estabas en la presentación hasta el día no sé cuantitos de abril. ¡Ni tan siquiera decirlo! ¿Y porqué fuimos? Para publicar algo en la web, que si no otros lo harían… Aquí me viene al pelo otro hasthag que sólo tendríamos que modificar ligeramente para aplicar a videojuegos: #sinpreguntasnohaycobertura

A lo mejor sí que hay que reinventarse, pero ¿cómo? Me encantaría saber cómo va a funcionar algo tan especial como esta revista de fútbol (echadle un ojo). Desde luego, no es lo que te imaginas de primeras, ¿verdad? Algo así es la revista inglesa Edge y siempre ha vendido menos que cualquier otra revista de videojuegos, aunque todo el mundo “que sabe” la entrona en lo más alto (tipo los documentales de La 2)… ¿Cuál es el futuro que nos espera. ¿El #CopiarPegar, las publicaciones impecables (#gratisnotrabajo), los blogs de aficionados?

Me gustaría saber cuántos de vosotros pagaríais una suscripción (mensual, semestral, anual) a esta web. O, lo que es parecido pero no es lo mismo, cuáles son los contenidos por los que lo haríais. ¿Pagaríais por leer este blog o por los análisis? ¿Pagaríais por las noticias de cine o por las entrevistas? ¿Y por una Tertulia o un Cara a Cara? Por las guías de trucos ni os pregunto…

Seguro que ni vosotros mismos lo sabéis, porque os sonará a aberración: Internet es gratis, es libre, sin derechos de autor y sin rostro. ¡Qué fácil es dar la cara cuando se oculta tras un avatar! Supongo que necesitaréis unos minutos para digerir la posibilidad de que os podáis bajar por la cara la última de novela de éxito, el último estreno de cine, el último álbum de vuestro artista favorito y, por supuesto, todos los videojuegos que os dé la gana y sin embargo tuvierais que pagar por la información… ¡Qué cosas se nos ocurren a los periodistas!

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