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La opinión de
Rafael Aznar

Ojo al parche: a Nintendo, lo que es de Nintendo

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Con el auge de la conectividad online y los discos duros en el mundo consolero, PS3 y Xbox 360 pusieron de moda los parches y las actualizaciones para solventar pequeños problemas que pudiera sufrir cualquier juego que se hubiese puesto ya a la venta. Sin embargo, con el paso de los años y, especialmente, con la llegada de la nueva generación (¿hay algún plazo estipulado para dejar de llamarla así de una vez?), lo que nació como un recurso esporádico se ha convertido en una pérfida costumbre destinada a arreglar títulos que llegan a las tiendas deprisa y corriendo, sin haber sido debidamente pulidos o, incluso, acabados. Con PS4 y Xbox One, raro es que, la primera vez que se introduce un disco en la consola, no salte una descarga de varios gigas deseosa de zamparse una buena porción del dispositivo de almacenamiento.

The Witcher 3, Project CARS, Mortal Kombat X, Borderlands: Una colección muy guapa… Son sólo algunos ejemplos de títulos recientes que, en mayor o menor medida, se pusieron a la venta sin estar del todo terminados, con la salvaguarda de saber que, el día de lanzamiento, se distribuiría un parche para hacer pulimentos técnicos o añadir opciones que no se hubiesen podido incluir de serie. A veces, la cosa es aún más grave, con títulos que, directamente, llegan ‘rotos’ a nuestras manos, como Assassin’s Creed Unity y LittleBigPlanet 3, dos bebés prematuros que daban repelús en sus primeros días.

Por suerte, en medio de este desierto de apósitos, aún queda un pequeño oasis, representado por Nintendo, una compañía que lleva muchos años yendo a su libre albedrío. En los últimos tiempos, la Gran N ha recibido duras críticas, por temas como su política de distribución de las figuras amiibo o la supuesta falta de juegos de Wii U –algo que es cierto en cuanto a títulos multiplataforma, pero no en cuanto a exclusivas–, pero pocos le han reconocido su respeto hacia los usuarios en el tema que nos ocupa. Antes de escribir este artículo, he ido a la pestaña de descargas de mi Wii U y me he encontrado con que sólo tenía actualizaciones de tres títulos: Mario Kart 8, Super Smash Bros y Captain Toad: Treasure Tracker. En los tres casos, si no me equivoco, se corresponden con actualizaciones de contenido: los dos packs de DLC del primero, el personaje de Mewtwo en el segundo y la compatibilidad con el amiibo de Toad del tercero. En ningún caso tuve que padecer una descarga el primer día que los introduje en la consola. The Legend of Zelda: Majora’s Mask, para 3DS, sí tuvo una pequeña actualización, dos semanas después de su lanzamiento, pero era para corregir errores muy menores que sólo saltaban si se ejecutaban ciertas acciones muy concretas.

La clave para que Nintendo se escape de la lacra de las actualizaciones está en la ventana de lanzamiento de sus títulos. Puede que también influya la reducida capacidad de almacenamiento de sus dos consolas actuales, pero, a ese respecto, no se puede establecer una relación de causa-efecto (no creo que, si Wii U tuviera de serie un disco duro de 500 GB, en lugar de uno de 32 GB, la cosa fuera distinta). Por lo general, la compañía tiene finiquitados sus proyectos con mucha antelación respecto a la fecha oficial de lanzamiento, algo que no se suele apreciar desde el punto de vista del usuario, pero sí desde el de periodista. Hoy en día, a la hora de hacer análisis, podemos darnos con un canto en los dientes si el juego de marras lo tenemos diez días antes de su lanzamiento. Con Nintendo, el margen suele ser mucho más amplio. Valgan algunos ejemplos.

Monster Hunter 4 Ultimate se puso a la venta el 13 de febrero, coincidiendo con la salida de New 3DS. Pues bien, de cara a hacer su análisis, yo lo recibí el 23 de enero. Es más: antes de Navidad, es decir, casi dos meses antes del lanzamiento, tuve ocasión de ver una versión que ya estaba localizada al español, aunque no era la definitiva. Con Majora’s Mask 3D, que salió también el 13 de febrero, sucedió algo aún más sorprendente. El código de análisis lo recibimos también el 23 de enero, pero lo curioso de esta remasterización es que había sido anunciada en noviembre de 2014 y, entonces, se dijo que la fecha estimada de salida era primavera. Sin embargo, en un Nintendo Direct del 14 de enero, la fecha se adelantó contra todo pronóstico. Como con MH4 Ultimate, también habíamos tenido ocasión de probar, antes de Navidad, una versión en español que parecía casi definitiva. Otro ejemplo es Splatoon, que se pone a la venta este viernes, 29 de mayo, y al que mi compañero Gustavo Acero lleva jugando desde principios de mayo, con sus servidores totalmente habilitados. En este caso, ya está confirmado que va a haber actualizaciones, aunque van a ser para añadir DLC con sustancia jugable y de forma gratuita (que tomen nota otras compañías).

Como confirmación definitiva de estos cautelosos plazos que sigue Nintendo, os puedo decir que yo ya estoy jugando a la versión definitiva de Yoshi’s Woolly World, cuando su fecha de salida oficial es el 26 de junio. Es decir, un mes y unos días antes de su salida, ya está no sólo rematado, sino también en circulación para unos pocos privilegiados. Eso sí, por motivos de embargo, el análisis no se puede publicar hasta poco antes de su lanzamiento.

Este mimo de Nintendo a sus ventanas de lanzamiento sólo ha tenido una pequeña excepción en el próximo Zelda de Wii U, aunque ésta se produjo en circunstancias ‘especiales’. El pasado mes de diciembre, en los Game Awards, Eiji Aonuma, productor de la saga, y Shigeru Miyamoto, protagonizaron un vídeo inesperado en el que se les veía jugando a una demo del título. En la distendida conversación entre ambos, Aonuma decía que el juego llegaría al año siguiente (refiriéndose a 2015), tras lo que Miyamoto replicaba que Star Fox llegaría antes. Sin embargo, hace unos meses, se anunciaba que el juego se retrasaba, sin dar una fecha concreta, aunque es de prever que vea la luz en 2016.

Los parches son una de las grandes lacras de la industria de los videojuegos en la actualidad, pero, por suerte, aún hay una compañía que los mira con tan malos ojos como los usuarios. Me vuelvo a seguir conduciendo al bueno de Yoshi por la Isla Remiendos, que ya os anticipo que es lanuda.

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