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La opinión de
Manuel del Campo

Y el Oscar 2017 es para... La La ¿Light? Crónica de una gala inolvidable

Oscar 2017

Con un alucinante final que ni el mejor guionista podría haber imaginado, las estatuillas se repartieron entre un puñado de muy buenas -que no memorables- películas en una gala que hasta el esperpento final estaba siendo la mejor de los últimos años

Al igual que sucede al final de La La Land (ATENCIÓN SPOILER si aún no la habéis visto), durante unos breves segundos en los Oscar 2017 todo el equipo de la película más popular del año vivieron lo que pudo ser y no fue, la alegría de la victoria y la amargura de la derrota en riguroso directo. Así es la magia del cine, capaz de llevar incluso a su fiesta más importante un giro argumental tan inesperado que se recordará para siempre, quizá mucho más que la calidad de las películas nominadas en esta edición.

Todo marchaba a la perfección en una de las galas más dinámicas y divertidas de los últimos años. Jimmy Kimmel, que había causado no pocos recelos cuando fue designado como maestro de ceremonias, desplegó una gracia aguda y elegante, con chistes muy ingeniosos sin resultar groseros y las pullas justas hacia Donald Trump. El evento, además, comenzó de la mejor forma posible -con una irresistible performance de Justin Timberlake con su exitazo "Can´t stop the feelin´" que puso a todo el auditorio en pie-, y nos ofreció algún gag tan brillante como original, como fue la llegada de unos despistados turistas que no tenían ni idea donde se metían y se llevaron la mayor sorpresa de sus vidas. Salvo la cara de cabreo que tuvo Denzel Washington durante toda la noche (¿alguien sabe qué le pasaba a este hombre?) incapaz de mostrar ya no una sonrisa, sino una leve mueca ni cuando Kimmel le hizo "casar" a dos de los turistas (más bien pareció que les sentenciaba a muerte) ni cuando Casey Affleck le confesó que había sido su inspiración como actor, todo el mundo lo estaba pasando en grande.

Mientras, la entrega de premios empezaba a mostrar con el reparto discrecional de estatuillas que, como viene sucediendo en los últimos años, no había ningún film claramente destacado de los demás, con un irreprochable acierto en el reconocimiento a las fortalezas de cada obra: la música y la fotografía de La La Land, los alardes técnicos de La Llegada y Hasta el último Hombre, los guiones de Moonlight y Manchester frente al Mar, los actores de reparto de Moonlight y Fences, el maquillaje de Escuadrón Suicida o los impresionantes efectos visuales de El Libro de la Selva

Todas las candidatas conforman un puñado de muy buenas películas, con algún ramalazo de brillantez en algunas de ellas, pero sin que ninguna pueda alcanzar el estatus de obra realmente redonda. Si echamos un vistazo a todas las ganadoras de las últimas décadas, en este siglo XXI cuesta encontrar algún film que reúna todos los requisitos de clasicazo imperecedero. Tan solo El Señor de Los Anillos en su conjunto (aunque solo cantara bingo la tercera entrega, El Retorno del Rey) puede considerarse un referente dentro de la historia del séptimo arte.

Algo muy diferente a lo que ocurrió en la última década del siglo pasado, donde hallamos varios títulos dentro de las ganadoras que son para ponerse en pie y llevarse la mano al corazón en señal de respeto. A saber: Sin Perdón, El Silencio de los Corderos, Forrest Gump, American Beauty, El Paciente Inglés, La Lista de Schindler... Ahí es nada. Con todo el respeto a las dos triunfadoras de este año, La La Land y Moonlight, películas de incuestionable calidad, ninguna va a pasar al Olimpo de los clásicos, y su gloria será efímera.

Dicho esto, ¿es Moonlight merecedora de el máximo galardón? En mi humilde opinión, sí (aunque no habría puesto ningún pero si hubiera sido la propia La La Land o, la que más me ha gustado, Comanchería, que por supuesto no tenía ninguna opción). Moonlight es una historia tremenda contada con una sensibilidad exquisita. Y tiene el enorme mérito de lograr que tres actores diferentes se metan en la piel del mismo personaje mimetizándose con él, un personaje que además tiene la peculiaridad (y dificultad) de ser poco hablador. Es una película diferente e hipnótica, que había de superación y compasión, de violencia y soledad, de rabia y amor. Un film que engancha sin aspavientos, con sutilidad, y deja un poso muy agradable.

En cuanto al resto de los premios, nada que objetar salvo en dos categorías. Casey Affleck hace un trabajo muy contenido y de una profundidad conmovedora, pero me cuesta entrar en su personaje. Washington o el propio Viggo Mortensen podrían haber sido dos opciones muy sólidas. Y en cuanto a la animación, reconociendo que Zootropolis cumple con nota con todo lo que se espera de una producción de Disney, no haber premiado a una de las mejores películas de los últimos años (sea o no de animación) es imperdonable. Kubo y las Cuerdas Mágicas debió llevarse el premio de calle. Pero esta vez, para desgracia del estudio Laika, no hubo confusión en los sobres.

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