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La opinión de
Sonia Herranz

Padre no hay más uno, disfrútalo

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Acordarse uno de su padre el Día del padre no tiene mérito. Y menos en mi caso, ya que mañana habría sido su cumpleaños. Mi padre murió hace 7 años y cuanto más pasa el tiempo más cuenta me doy de todo lo que perdí. Mi padre era un hombre optimista, generoso (a veces demasiado), vital. De esa gente que nunca se queja (aunque tenga motivos) y siempre tiene ganas de bromas. Era una buena persona. Y, además, era vital, inquieto y curioso. Si ahora estoy aquí, escribiendo estas líneas, es gracias a él.

Mi padre me inculcó pasión por la lectura (y todos sabemos que leer mucho ayuda a escribir bien) y me transmitió su inquietud por la tecnología en una época en la que ser tecnológico era llevar un reloj a pilas y tener una calculadora científica. Le recuerdo jugando a Galaga, Galaxian y familia, matando moscas como decía él (el comecocos le ponía nervioso, como a mí). Me dejaba darle al disparador y a veces hasta me dejaba quemarle alguna vida (luego me daba 5 duros directamente). Una vez llegó a casa con una caja de la que salió magia. Se enchufaba a la tele y te dejaba jugar al tenis (con dos palos), al hockey  (cuatro palos) y hasta disparar a un cuadrado blanco con una pistola de luz. ¡Otro trasto!, le espetó mi madre (teníamos una casa realmente minúscula). También recuerdo con ilusión cuando llegó a casa con un mamotreto llamado Sony Betamax C7 que era lo más de lo más y te dejaba ver pelis en casa y sin anuncios. La leche. Y ahora que lo pienso, también me enseñó a disfrutar de la ciencia ficción (grabó con toda paciencia Galáctica de la tele, quitando los anuncios) y me llevó al cine a ver La Guerra de las Galaxias. Fuimos solos, que mi a mi madre esas cosas, como los trastos, no le iban.

Mi padre convenció a mi madre de que me merecía el Spectrum (mira qué buenas notas ha tenido la niña) y me llevaba al Rastro a comprar juegos (sí, piratas, aunque entonces no lo sabía). Le teníais que haber visto jugando, con todo el cuerpo, al Tetris de NES. Viciao, viciao. Le decía, papá, ¿me dejas? Y respondía, sí hija, que me duelen los brazos… Imaginaos :-) Y nos picábamos con Bomberman y otras veces nos ayudábamos mutuamente a solucionar los puzzles de Solomon’s Key… Fijaos si le gustaba la tecnología, que en el 93, aprovechando que me iba a Canarias de vacaciones, me pidió un traductor de inglés-español, que era una especie de diccionario digital con forma de calculadora… ¿Para qué lo querría?

Hay dos cosas que me dan mucha rabia de que mi padre ya no esté (la pena no me la quita nadie). Una es que no puede enseñarle a jugar al fútbol a su nieto (mi padre era muy niñero) y la otra es que no haya podido asistir al boom tecnológico de los últimos años. Y es que, aunque parezca que esta invasión de “smart” lleva aquí desde siempre, mi padre no llegó a ver un iPhone, ni una tableta, ni una Smart TV. ¡Lo hubiera disfrutado tanto! Me acuerdo mucho de él cuando se acercan estas fechas, porque no puedo dejar de pensar en lo que le regalaría (yo siempre acertaba con sus regalos, nos conocíamos bien). Me lo pasaba genial pensando en qué chisme podría sorprenderle… Lo último fue una tele portátil, el penúltimo un navegador (y eso que se sabía las calles como si fuera taxista) y esa Navidad que ya no disfrutó (al contrario que a mí a él sí le gustaba la Navidad), le iba a caer una Nintendo DS

No hubiera tenido que devanarme mucho los sesos para encontrar un regalo a la altura de su inquietud, de su curiosidad y de sus ganas de aprender cosas nuevas, porque en estos 7 años las cosas han cambiado mucho, muchísimo. Pensadlo un minuto. En 2006, de manera residual, se comercializó en España el primer ebook; el iPhone se lanzó en 2007, hasta 2009 no hubo WhatsApp, el iPad nació en 2010 (cuando el apagón analógico) y las Smart TV hacia 2011. Me hubiera jartao a encontrar regalos chulos, sorprendentes y divertidos, que seguro que le hubieran encantado y que no le habría dado miedo manejar, porque en lo que más ha evolucionado la tecnología es en hacer desaparecer barreras. Os aseguro que es más fácil configurar hoy una tableta de lo que era en su día poner en hora un vídeo Beta.

Si vuestro padre también es vital, inquieto, curioso y le gusta sorprenderse, no dudéis en regalarle tecnología. Y si le ayudáis a entenderla, descubriréis cuánto podéis divertiros juntos. Y si sois padres, compartid vuestras inquietudes con vuestros hijos, que nunca se sabe dónde les puede llevar esa afición vuestra que quizá parece tonta, pero que puede convertirse en su profesión de mañana. Seguramente si mi padre no me hubiera llevado a jugar a las maquinitas a los bares (¡cómo llevas a la niña a esos sitios!) yo no estaría ahora aquí felicitando a todos los padres curiosos y pidiéndoles a sus hijos que aprovechen el privilegio de disfrutar con ellos.

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