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La opinión de
Sonia Herranz

Prescriptores en la Madrid Games Week 2014

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Últimamente le ha dado a la gente por llamar a la prensa de videojuegos de muchas maneras distintas y a cuál más peculiar: analistas, prescriptores, influenciadores… Dándome una vuelta por Google (que es como ir al centro comercial cuando hace mucho calor y no sabes qué hacer en casa) he descubierto que los mismos palabros se aplican a otros periodistas, como si decir “periodista” no fuera suficiente… La verdad, a mí eso de prescriptor o influenciador me suena fatal y no me gusta nada que me lo llamen… Así, entre nosotros, no me considero ni una cosa ni la otra, es más, ni si quiera sé qué significan exactamente estos palabros: cuando oigo “prescriptor” no puedo evitar pensar en el médico extendiéndome una receta. Lo que se me pasa por la cabeza con lo de “influenciador”, mejor ni lo cuento…

El caso es que, como me gusta conocer el sentido real de las palabras (que luego se utilizan mal y dan lugar a equívoco, como bizarro), me he pasado por la RAE, que a mí el diccionario de la Real Academia me da como seguridad. Ninguna de las palabras existe, aunque en ambos casos te remite al verbo. En el caso de influir, la acepción (referida a personas) es “Ejercer predominio o fuerza moral”. Pues vamos bien. Si hablamos de prescribir la definición es “Dictar preceptos, ordenar, determinar algo. Recetar, ordenar remedios.” Ya la hemos liao del tó.

En toda mi humilde carrera como periodista, jamás he pretendido ejercer un predominio sobre nadie. Voy más allá, he huido de ello y creo que es lo que se debe hacer. Puedes (en según qué trabajo periodístico, que géneros hay muchos) dar una opinión, formular una teoría, ofrecer un punto de vista, sugerir una opción o aventurar una explicación. Pero nunca imponer, nunca “ejercer predominio” y menos aún “fuerza moral”. Que la moral, como todos sabemos, es muy de cada uno y nadie ve las mismas cosas del mismo color. Puedes influir, como influye la luna en las mareas, sin querer, sin necesidad de imponer. Así, como de natural. Todos estamos influidos por lo que tenemos en nuestro entorno, aunque la fuerza de esa influencia siempre va a depender de un delicado equilibrio con otras fuerzas, interiores y exteriores.

La cosa mejora si buscas “influenciador” en Google. Ahí sí que aparece el palabrejo que, como casi todos los de este corte, tiene que ver con el marketing. Siguiendo esta línea, el “influenciador” es una persona que “genera información de cualquier tema y que tiende a interactuar y a participar con otros usuarios compartiendo sus opiniones, pensamientos, ideas o reflexiones”. Aquí me siento más cómoda, aunque en realidad esta acepción hoy día sería aplicable a cualquier que tenga un blog o una cuenta de twitter, por ejemplo. El 80% (o más) de mi carrera profesional se ha desarrollado en la edad pre-internet, vamos, que de eso de interactuar, más bien poco. Y tampoco soltaba yo demasiadas reflexiones (aunque ahora recupero el tiempo perdido ;-).

Volviendo a “prescriptor”, no recuerdo nunca haber soltado un precepto o haber ordenado algo a alguien. ¿Te imaginas?: “Os ordeno a todos que os compréis la Turbografx”. Sin comentarios. Si miramos hacia el marketing, la definición vuelve  a variar bastante. “Prescriptores son aquellas personas, personalidades y /o entidades capaces de influir en un determinado público con sus opiniones, valoraciones y/o decisiones de compra: medios, personas famosas, o cualquier otra profesión en la que se otorgue poder y autoridad a quien habla”. Ahí va otra: “persona o entidad que, por su importancia, su autoridad o su experiencia es capaz de influir en una gran cantidad de usuarios, que siguen los consejos, la valoraciones o las decisiones de compra del prescriptor porque lo consideran una fuente de plena confianza.” Los ejemplos que acompañan a esta definición son Susana Griso y el Actimel y Concha Velasco y el Indasec. Es decir, son personas que prestan su imagen, sus conocimientos y su posible “influencia” para promocionar un producto a cambio de dinero…

Sólo lo estoy empezando a digerir. Aún no lo he pensado muy bien y corro el riesgo de decir una barbaridad, pero creo que al próximo que me llame “influenciador” o “prescriptor” le voy a meter el diccionario por… los ojos. Para que lo lea. A ver, al periodista que hace una crítica, sea de una película, un videojuegos, un libro, un restaurante o un álbum musical, se le llama “crítico”. Y un crítico es un crítico, no un prescriptor. Su crítica puede influir en que vayas o no al cine, en que te compres o no un videojuego, o que leas o no una novelas, pero un “crítico” no te va a “prescribir” un restaurante, una película o un concierto. Al menos, no debería. Una crítica, por mucho esfuerzo que se ponga, siempre va a ser subjetiva porque en cualquier forma de arte (y los videojuegos lo son), la subjetividad es parte consustancial. El arte es arte y no ciencia precisamente porque es único, personal y a veces hasta irracional. La crítica de ese arte será igual de personal.

Puede que haya periodistas a los que les guste que les llamen prescriptores y los habrá que hasta se sientan orgullosos de ello. No es mi caso. No me gusta, no me siento cómoda. Creo que hay que poner a cada uno en su sitio. Sí creo que hay prescriptores, influenciadores y periodistas, pero son cosas distintas y la clave está en saber distinguirlos. No podemos aplicar las mismas reglas al periodista que informa, opina o critica sujeto a las normas de su medio y de su profesión, es decir, a un profesional de la información, que al influenciador que se define por sí mismo, por ser como es y por actuar bajo sus normas personales… Me da la sensación de que últimamente se confunden y entramos todos en el mismo saco, cuando nos corresponden sacos distintos, para lo bueno y para lo malo.

Sobre los prescriptores no sé qué decir, sigo imaginándome a mi médico de cabecera cada vez que oigo la palabreja. O, lo que es peor, a Punset y el pan Bimbo…

El caso es que este domingo me han invitado a participar, junto a otros periodistas, en una mesa redonda en la Madrid Games Week. El tema es “Informar sobre videojuegos” y en el guión sale varias veces la palabra “prescriptores”. Madre mía, creo que la voy a liar… Si os pasáis por allí, me sujetáis, please  ;-)

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