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La opinión de
Sonia Herranz

Una promesa, es una promesa

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Como lo prometido es deuda, aquí estoy contándoos lo que pensé de PS3 cuando se empezó hablar de sus maravillosas posibilidades: su disco duro, su conexión a Internet, sus opciones de actualización… Pensé: ¡esto es un PC disfrazado!

Y sí, tuve mucho miedo. Me explico. Cuando yo empecé a jugar a esto lo que mandaba era su excelencia el señor Spectrum. Un ordenador con teclas de goma y en el que se cargaban los juegos vía casete… Después de una eternidad aguantando un ruido insoportable (ojo, que el volumen podía influir en que cargara o no) podías jugar en blanco y negro (qué queréis, la tele que tenía para jugar era en blanco y negro) a juegos tan sencillito como divertidos. Eso siempre y cuando después de aquella eternidad atronadora no te encontraras con el típico “Tape Loading Error” que te daban ganas de tirar por la ventana el casete, la cinta y hasta el propio Spectrum… Pero no lo hacías. Cogías un boli Bic para rebobinas la cinta y te armabas de paciencias (subiendo o bajando un poquito el volumen, según terciara)…
Para alguien tan “cagaprisas” como yo os aseguro que era un infierno…

Luego vinieron los disquetes, las instalaciones eternas, los problemas de configuración variopintos… Hasta que descubrí las consolas. ¡Eso sí era jugar! Abrías la tapa, metías el cartucho, le dabas al power y hala, a disfrutar. Ni cargas, ni errores… Los ordenadores habían muerto para mí y, salvo por algún juego de estrategia, siguen muertos para mí…

¿Os imagináis el escalofrío que me recorrió el cuerpo cuando descubrí que las consolas se iban a convertir el ordenadores encubiertos? Al final fue más el susto que otra cosa, pero confieso que tanto rollo todavía me agobia un poco…

Un secreto. Hace un tiempo estaba deseando jugar tranquilamente en mi casa a un juego de PS3 del que no voy a dar título. Llegué tarde por la noche, cansada pero emocionada con mi Blu-ray. Encendí la consola, metí el juego y… Tuve que actualizar el sistema. Vale. Que actualice. (Cené mientras tanto). Arranco el juego y… Nuevo software disponible… Vale. Lo descargo (me lavé los dientes, me puse el pijama). Ahora sí, iba a jugar y… Tenía que instalar. Instalé, pero me fui a la cama. Nunca más he vuelto a poner ese juego. Y os garantizo que tenía le tenía ganas…

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