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La opinión de
Paco Delgado

A puerta cerrada

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<p style="text-align: left;">En un evento como el E3, cuyas cifras llegan a marear (este año se habla de más de 200 compañías y cerca de 45.000 asistentes), llega un momento en que la cantidad de juegos a contemplar, admirar, ignorar -de todo hay y de todo se puede hacer- es tan abrumadora también que resulta imposible tener una visión completa de todo lo que se ha mostrado.

En un evento como el E3, cuyas cifras llegan a marear (este año se habla de más de 200 compañías y cerca de 45.000 asistentes), llega un momento en que la cantidad de juegos a contemplar, admirar, ignorar -de todo hay y de todo se puede hacer- es tan abrumadora también que resulta imposible tener una visión completa de todo lo que se ha mostrado. Ni con toda la voluntad del mundo, ni aunque tuviéramos superpoderes, sería posible ver todos los juegos que se exhiben, en tan solo tres días.

 

Por supuesto, las superproducciones copan el interés y el tiempo de la mayoría de asistentes a la feria. Nadie, o casi, se va sin haber visto un poquito de un Gears of War 3, un Modern Warfare 3, un Need for Speed the Run... Pero lo que me ha dejado  sorprendido, y hasta me asusta un poco, es la poca presencia de los "tapados" en esta edición del E3. 

 

Un "tapado" es uno de esos juegos que llegan sin hacer ruido, puesto que las compañías que los presentan no tienen grandes presupuestos para invertir en un gran stand. Un juego que viene, por tanto, de una compañía pequeña pero que según lo ves notas que es especial y que posee un potencial enorme.

 

No hay que confundir un tapado con un juego indie. Son cosas distintas. Los tapados no cuentan con el apoyo de un gran editor al uso, una "major" como un EA, un Square Enix, un Ubisoft, pero son títulos que afrontan géneros mayoritarios con todas las de la ley y son capaces de competir de tú a tú con las grandes producciones. Es su forma innovadora en diseño y jugabilidad, o su originalidad al dar una vuelta de tuerca al género en que se enclavan lo que los hace diferentes y les puede hacer triunfar de forma masiva.

 

Algún ejemplo de tapado de los últimos años podría ser The Witcher. Cuando se presentó en el E3 por primera vez, los responsables del estudio te "asaltaban" en medio de un pasillo o a la entrada de algún pabellón y en un minuto -aquí el tiempo es oro- eran capaces de convencerte para que acudieras a la sala que habían alquilado en el Staples Center -ni siquiera en el propio Convention Center- a ver lo que ellos estaban seguros de que era un salto significativo en el género por su particular modo de ver el Rol desde la perspectiva de Geralt de Rivia. Hoy, algo más de cinco años después de aquel momento, su segunda parte ha salido a la venta, con cerca de 500.000 unidades vendidas desde el 17 de mayo, y las críticas de todo el mundo lo consagran como una obra maestra del género y ponen a CD Projekt Red a la altura de vacas sagradas como BioWare.

 

Pero, a falta de un día para que el E3 2011 concluya (lo que me da alguna esperanza), no he visto tapados en la feria. ¿Por qué? Bueno, no creo que haya un único motivo, en mi opinión. Las superproducciones se imponen, eso está claro. Pero es que en formatos como las grandes consolas, los cada vez más prohibitivos costes de desarrollo también en consolas portátiles -no digamos ya con las nuevas presentadas en esta edición- y el ansia de experimentar con nuevos sistemas de control, hace casi imposible que un estudio pequeño pueda entrar en el juego. El PC se mantiene aún como vía de entrada para estos estudios, pero es complicado. DS fue hace unos años la gran esperanza de estos estudios, pero el R4 hundió el mercado y las posibilidades de estas compañías. 

 

Hoy está la vía de las producciones indie o el mercado de juegos para smartphones y móviles. O las plataformas de distribución digital -que muchas veces, falsamente, se asocian inmediatamente a juegos "menores"-. Pero son otra cosa. No son tapados

 

Esta edición del E3 ha venido marcada por otra cosa, que cada vez es más habitual y, sinceramente, no sé si mejor -no es que sea algo nuevo, pero cada vez es más normal-: hay que ver los grandes juegos a puerta cerrada. Y eso que, siendo un privilegiado, he podido tener acceso a muchas de estas presentaciones y he disfrutado como un enano. 

 

Ayer mismo ya hablé de Skyrim. O de Hitman. Son juegos maravillosos, para caerse de espaldas. Juegos que casi duelen de lo buenos que son. Y hoy también he tenido la inmensa fortuna de ver varios de esos: Aliens Colonial Marines, por ejemplo. O XCOM, que es tan original y puede ser tan genial -apunta a bombazo- como lo fueran sus predecesores. O ese apabullante, brutal, demoledor BioShock Infinite, que golpea tus sentidos y tu alma de jugador como un martillazo de genialidad en estado puro y te deja temblando como si hubieras tenido el orgasmo de tu vida. Que se va a convertir en uno de los grandes clásicos de 2012 es algo tan evidente que no tengo ni que apostarme nada. Sencillamente, es increíble.

 

Estos juegos seguirán haciendo de mí un apasionado de este mundo, porque el talento enamora y aunque no seas fan de un género concreto, si ves algo magistral como cualquiera de estos títulos, has de reconocerlo. Pero echo de menos a mis tapados. Aunque, quién sabe. Quizá mañana. Buenas noches, desde Los Ángeles.

 

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