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La opinión de
Sonia Herranz

¿En qué piensan los lectores?

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Acabo de volver de vacaciones. Y las necesitaba. Estaba muy cansada. Este está siendo un año muy duro, porque esa cosa que se ha colado en la vida de todos, escurriéndose por las grietas de nuestra felicidad y que han dado en llamar “crisis”, nos agota. Sorbo a sorbo, día a día…

El sector de la automoción, la construcción, la televisión, la hostelería, los videojuegos… Y la prensa. Ya, ya sé que de eso no se oye hablar tanto como de la crisis del ladrillo o el turismo. Será porque a los periodistas nos da pudor destapar nuestras vergüenzas en público, aunque no nos importe señalar (y hasta recrearnos) en las desgracias ajenas.

A lo mejor es que no queremos convertirnos en protagonistas de la noticia. O, simplemente, escondemos la cabeza en un agujero, repitiendo la letanía esa de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. A nadie le gusta reconocer que su vida se convierte en papel mojado… Y nunca mejor dicho.

La prensa en papel pasa por un momento crudo, crudo. Cierres de periódicos, de revistas, ERES masivos en agencias de comunicación… Y además da igual donde mires. Hasta hace poco las revistas femeninas (en especial las del corazón), se salvaban de la debacle. Pero ya ni las fieles amas de casa, las peluquerías y las consultas del dentista compran lo mismo que antes (a lo peor es que los dentistas también han cerrado consultas).

Puede que vosotros, que sois gente culta, que me habéis demostrado a lo largo de estos dos últimos años vuestra inteligencia y vuestro sentido común, podéis ayudarme ahora. Eso espero. Tranquilos, que no os pido que me deis la solución. La varita mágica sólo es de Harry Potter (y de los que jueguen a Wonderbook). Os pido que me ayudéis a entender porqué la gente ya no quiere leer en papel.

Yo, que intento ser moderna y moverme con soltura en el mundo digital, sigo sin verle la gracia a leer en un monitor. Se me cansan los ojos, oye. Por mucha pantalla retina que tenga delante, donde esté un libro en papel (o un e-book de tinta electrónica), un periódico en papel (aunque la brisa de la playa te lo desmonte), y una revista en papel, tan organizadita, tan visual, tan fácil de leer mientras tomas un caña, que se quite todo lo demás.

En una revista tengo una selección de lo mejor; me siento segura leyéndola porque sé que se lo han currado y que todo lo que pone está contrastado y es verdad. Porque claro, una revista, una vez impresa, permanece ahí para siempre. No se puede borrar una metedura de pata de un segundo para otro…

Sin embrago, el papel parece tener cada vez menos adeptos. Seguramente sea porque el papel ya no nos da lo que queremos los lectores. Ya no llena ninguna de nuestras necesidades, sean información o simplemente entretenimiento. Y ahí va la pregunta que os hago… ¿Qué queremos los lectores?

Me resisto a creer que Internet se convierta en el único vehículo posible para la información escrita. Pero pertenezco a otra generación y hoy día, cuando tecnología corre más que Usain Bolt, 10 años más o menos es como cambiar de siglo...

Siempre he pensado que internet y papel podían coexistir, como buenos hermanos, como la radio y la televisión, como el teatro y el cine. Pero es posible que haya estado equivocada todo este tiempo, cerrando los ojos a lo inevitable, a lo que no me gusta. Y no, no me quiero cerrar en banda. Y no, no me niego a cambiar. Si hay que ir, se va… Aunque sea para nada. Eso sí, me gustaría conocer el camino…

Seguro que vosotros podéis sacarme del error o darme algunas pistas de lo que queréis leer, de lo que esperáis encontrar en una revista. Aunque, ahora que lo pienso, a lo mejor el problema no está en las revistas en si mismas. Puede que el problema esté en que ya nadie se pasa por el quiosco a ver qué se compra… Eso sí que sería malo, porque tendría muy mala solución. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Me echáis una mano?

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