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La opinión de
David Martínez

Rubias y videojuegos

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La semana pasada tuve la suerte de cenar con Amanda Dyar. Esta chica de Alhabama (que es un encanto) ha tenido pequeños papeles en series como The Walking Dead, y en películas como Hugo, Contagio o la próxima entrega de Resident Evil. Pero coincidimos porque también es la directora de BioGamerGirl (una revista de videojuegos para mujeres) y escribe para Fangoria. Ambos estábamos cubriendo la misma exclusiva, en una presentación mundial.

La verdad es que hicimos buenas migas, y cuando tuve confianza suficiente, le pregunté ¿en qué se diferencia un análisis escrito por una mujer de uno que pueda escribir yo? La respuesta no me convenció mucho:

Eh… mira, es que esto es una presentación mundial y yo soy la única chica.

Sí, pero ¿crees que por eso escribimos diferente? Yo no miro si las noticias del periódico las firma un hombre o una mujer.

Ya bueno, pero es que… la diferencia es que me podría disfrazar para poner unas fotos en el análisis.

Y con eso terminó la conversación. Resulta que Amanda (que es fan de los juegos de terror) tiene decenas de fotos en Internet, en que posa de la manera más sugerente, y 3.000 seguidores en su página de Facebook. Resulta que Amanda, en realidad, es casi una sex symbol para muchos jugones, y su imagen tiene más fuerza que sus textos. Vamos, que se ha convertido en lo contrario de lo que pretendía ser.

No la juzgo. Ojalá pudiera validar mis opiniones con una foto atractiva, sin preocuparme de nada más. Pero ¿no es esto lo que tratamos de evitar? Afortunadamente conozco muchas compañeras de este sector, como Sara, Natalia o Macarena, que desempeñan su labor con toda la profesionalidad del mundo, sin ser solamente “caras bonitas” ni presumir de ser chicas "gamer". Bien por ellas.

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