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La opinión de
Óscar Díaz

SGAE: próximo objetivo

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Ahora que SGAE (nuestra sociedad gestora de autores y editores, anteriormente de España) parece tener todo controlado en cuanto a los derechos de autor del cine y la música, llega el momento de buscar nuevos horizontes. Hay un mercado, casi una industria, que está llena de artistas, editores, productores y, en definitiva, millones de personas que crean. Unos lo hacen porque quieren ganar conocimientos. Otros, porque les proporciona los ingresos necesarios para vivir. Incluso hay piratería en este campo del conocimiento y las inquietudes humanas. Pero, hasta ahora, parece haber permanecido ajeno a tasas, subvenciones o atención por parte de quien pueda dale un “empujoncito” hacia un estado superior. Obviamente, me refiero a los videojuegos y la informática en general.

En países como Canadá, las ayudas del Gobierno son suficientes para que conocidas empresas norteamericanas trasladen y funden divisiones en su vecino del Norte. En España, ya empiezan a recibirse los primeros apoyos oficiales, como ayudas al desarrollo. Los noticiarios, a diario, tienen sitio para relatar datos positivos y no tan favorables sobre los videojuegos. En Navidades, la oferta actual se pelea con las tradicionales muñecas o juegos de mesa, ganando claramente la contienda. Algo similar sucede en los centros comerciales y, sorprendentemente, en los regalos para padres, abuelos y tíos de avanzada edad. Sí, por fin tenemos un reflejo de nuestra afición, más allá de las tiendas especializadas y los corrillos.

Tal es la importancia de los videojuegos, que pocos nos explicamos cómo SGAE o algún otro organismo controlador de los derechos de autor no ha reparado en ellos. Si hacemos un repaso por lo que contienen, encontraremos música original y adaptada, efectos de sonido creados expresamente o provenientes de bibliotecas con derechos de autor. También hay imágenes compuestas de diseños expresos o adaptados desde la obra de otros artistas. Por supuesto, el cine está presente en los videojuegos… y las películas se pueden ver directamente desde Xbox Live, o descargarlas a nuestros discos duros. Es, precisamente, en las consolas donde más facilidades se dan para copiar CDs de música y poder escucharlos posteriormente. Sólo hay que introducirlo en la unidad y, al cabo de unos segundos, se puede sacar el disco y meterlo en su caja. ¿Una copia sin la autorización de los dueños de los derechos? Sí, y todo ello sin el control de SGAE. ¿Programas de televisión y grabación de estos? Por supuesto, sólo hay que conectarse a la Red o utilizar el adaptador correspondiente.

La conclusión que podemos sacar de esta situación es tan sencilla como que nadie es aún todopoderoso, aunque lo parezca. Queda algún trabajo que hacer en los frentes ya abiertos, como para que las gestoras de derechos se centren en los videojuegos. La duda llega cuando abrimos las apuestas y pensamos en la fecha de caducidad para la “libertad” de derechos de los videojuegos. ¿Quién se moja?

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