La opinión de
Sonia Herranz

Sólo para mayores de 18 años

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El otro día, un amiguete mío (hijo de una vecina), me preguntó que qué juegos creía yo que eran verdaderamente para mayores de 18 años… Estaba claro por dónde iban los tiros (va con segundas :-): quería que yo le diera mi bendición para que los Reyes le trajeran Black Ops II. Y es que tiene “casi” 17 años…

Como cualquier cosa que impone un límite edad, ya sea legal o recomendado, siempre va a haber gente que no esté de acuerdo, porque se considere muy mayor y muy madura aunque no haya cumplido los 18. Pero hay que poner un límite y nada mejor que la mayoría de edad legal, que es cuando se supone que tenemos la madurez suficiente para elegir lo que es mejor para nosotros. Y digo se supone, por que algunos con 40 seguimos sin saber elegir…

El código PEGI que acompaña a todos los videojuegos en su carátula es un código orientativo, de edad recomendada, y es el criterio de los padres el que debe poner realmente el límite y hacerlo bajo su responsabilidad. Y los jugadores menores de edad deberían respetar la decisión de sus padres… Aunque pueden intentar convencerles de lo contrario, por supuesto.

No deja de ser curioso que habiendo tantos, tantísimos juegos, recomendados para edades inferiores a 18 años, los chavales (y lo digo cariñosamente) sólo quieran jugar a los que tienen el código rojo bien resaltadito en la portada. Basta que te prohíban algo para que lo quieras. A todos nos ha pasado alguna vez… ¡Ese libro no lo toques! Pues lo toqué, lo toqué. Y casi me mato trepando a estantería donde pretendía esconderlo mi madre…

Supongo que el hecho de que todo el mundo hable de Call of Duty o de GTA hace que todo jugador de pro lo quiera jugar, tenga 12, 14 o 17 años. Además, es verdad que no siempre que haya mucha sangre implica que el juego pueda influir negativamente en las personas. En ocasiones, sin sangre, la huella emocional es más grande. Como en Heavy Rain, por ejemplo. Se te queda un cuerpo con algunos finales…

Por otro lado, esta tendencia de que querer lo “prohibido” también nos incita a renegar de lo “adecuado”. Supongo que esas edad tan sensible, en la que no eres un niño, pero tampoco eres un adulto, te hace mirar mucho a los que te rodean para rechazar los comportamientos o creencias que te puede excluir de los que forman parte de tu grupo. Aunque esas creencias, comportamientos o juegos no sólo sean “adecuados”, si no que además te gustan… No deja de ser curioso que queramos demostrar lo maduros que somos haciendo lo que hacen los demás. ¿Pero eso no es síntoma de inmadurez?

Mi vecino, por ejemplo, disfruta mucho, mucho, con los Ratchet & Clank. Yo se los he dejado todos y siempre han sido de sus favoritos… Hasta ahora. Ojo, que los sigue jugando, pero a escondidas. Y si yo quisiera dejarle en ridículo (y mira que farda el tío por ser mi vecino) no tendría más que preguntarle delante de sus amigos si le ha gustado el HD Collection…

Y ahí es donde todo se desmorona. Resulta que tienes edad para jugar a Call of Duty, pero no para reconocer delante de tus amigos que también te gustan otras cosas, con más colores, menos sangre y más humor. A mi modesto entender, más entretenidas y con más cosas por hacer (ya sabéis que los juegos de guerra no me gustan ).

Cuando su madre venga a preguntarme, que lo hará, me quitaré de en medio como pueda, y le diré que es ella la que tiene que decidir. Que si le deja ver pelis de acción, de tiros y de guerra no sé porqué no le pude dejar jugar a Call of Duty, pero que mejor lea cosas por ahí o se vea unos cuantos vídeos. Nadie mejor que su madre para decidir.

Cada persona tiene su propia sensibilidad. Por ejemplo, yo puedo estar viendo una peli en la que cae hasta al apuntador y ni me estremezco, pero como muera el perro del protagonista lloro como una desconsolada… Vamos, que ya no veo películas donde salgan perros, porque si no termino hipando como los bebés…

A mi hijo le dan miedo, miedo visceral, ciertos personajes de películas tan amables como Toy Story 3. Tras ver al mono de los platillos no ha querido volver a ver la peli (algo tiene el mono, que no sale ni la web oficial de la peli). Eso sí, Monster House ("La casa susto", como dice él), se la ha visto varias (muchas) veces…

Esa sensibilidad personal, única de cada uno, es la que debe señalar a qué podemos y a qué no podemos jugar. Y lo que opinen los demás, lo que vayan a pensar los que nos vean jugar, debería importarnos más bien poco. También es verdad que desde mi perspectiva es fácil decirlo, ya no tengo necesidad de hacerme la “adulta” (más bien al contrario, que también pasa). Pero es a lo que deberíamos tender… ¿Qué quieres jugar a Call of Duty y tienes 16 años? Habla con tus padres y explícales qué es lo violento que tiene y porqué no te va a influir… Pero que sea verdad.

¿Qué te apetece jugar a LEGO El Señor de los Anillos, porque las pelis te gustan y el juego te parece divertido y simpático? Pues juega. El que te llame crío por hacerlo es mucho más crío que tú.

Y a mí no me preguntéis. Ya os he dicho la decisión tienen que tomarla los padres… y en el caso de que no les importe a qué juegas, tómala tú mismo, pero desde el sentido común. Hay veces que se tienen pesadillas con las cosas más insospechadas. Yo estuve semanas sin dormir bien por culpa de Poltergeist. La hubiera disfrutado más si hubiera dejado pasar unos añitos, que me pilló muy tierna… Pero ¿cómo iba a hacerle caso a mi madre?