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La opinión de
Sonia Herranz

Tener amigos sale muy caro

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Cuando yo era joven, hace siglos, me sabía de memoria los números de teléfono de mis amigos y si no estaban en casa me tocaba patearme el barrio para encontrarlos. Les podía dejar mensajes mediante sus madres o si quería contactar con toda la panda iniciaba una cadena telefónica (que se solía romper si dejabas el famoso mensaje). Algunos de mis amigos tenían apodos, pero normalmente sabía su nombre y, por supuesto, donde vivían. Hacer una ronda de puerta a puerta también era frecuente…

En estas circunstancias no podías tener cientos de amigos. Era muy trabajoso cultivar una amistad. Pero la tecnología, que tanto ha evolucionado en los últimos 15 años, lo ha cambiado todo. Ya no tienes límite para tener amigos. Puedes tener cientos o miles, según cuánto tiempo dediques a tu perfil de Facebook, a tuitear lo que desayunas a reenviar mensajes chorras por correo o a jugar online… No, no me olvido del “guasa”. Además, puedes tener amigos de fuera de tu barrio, de fuera de tu ciudad, de fuera de tu país y hasta de tu continente. (Lo de los planetas lo dejamos para dentro de unos añitos).

Eso sí, estos amigos tienen casi siempre una arroba en su nombre, no nos sabemos de memoria sus números de teléfono (a veces tampoco los tenemos en la agenda) y muchas veces ni tan siquiera sabemos su nombre real, qué aspecto tienen o qué edad. Ando yo enganchada a un MMO de iOS y estoy en una alianza con gente muy maja. Todas las tardes me echo unas risas con ellos y todavía no tengo claro ni cuáles son hombres y cuáles mujeres. Puede incluso que alguno de vosotros pertenezca a Ghostsoldier y yo sin saberlo. El jefe ha creado un grupo de Facebook y le he puesto cara a algunos. Me ha hecho una ilusión…

En fin, que este tipo de amistades virtuales que tenemos ahora son muy distintas a las amistades de hace unos lustros. Tengo amigos de verdad, de carne y hueso, con los que me comunico casi en exclusiva mediante tecnología… Es tan fácil. Ni tan siquiera tienes que molestarte en salir de casa para echarte unas risas... Triste y frío, pero fácil. ¡Me he vuelto una comodona!

Eso sí, mis amigos de antes me salían gratis. Vale, les dejaba darle un mordisquito al helado o comerse mis ganchitos, pero no me costaban ni una peseta. Por desgracias, cultivar mis amistades digitales me sale un poquito más caro… Tengo tarifa plana de Internet en casa y otra en el móvil, además de sendas líneas de teléfono, claro. Además, yo pagué por el WhatsApp y pago por PS Plus (algo que será imprescindible si quiero tener amigos en PS4). Me sale caro tener amigos.

Está claro que hoy días pagamos por cosas que son gratis por naturaleza. Que por su esencia no cuestan dinero. Hasta pagamos por aparcar en la calle. Bastaría con que sacaran un dispositivo que se inserte en la nariz y digan que elimina las trazas de polen y polución para que pagáramos por respirar. Y ya, si te lo recomienda un amigo vía Twitter, ni te cuento.

Tengo la horrible sensación de que estamos muy cerca de ese triste futuro que se dibujaba en Wall-E. Un terrible futuro en el que estaremos solos en medio de mucha gente. Y por el que además vamos a pagar encantados de la vida porque nos permite tener miles de “amigos”. Da igual que sepas su nombre o dónde viven mientras podamos pegar unos tiros en su compañía al Call of Duty de turno, organizar un atraco en GTA V o, simplemente, quedar de vez en cuando en Home. Y si nos regalan objetos en la granja de moda o recursos para levantar una villa o nos dejan regalitos en Near, mejor que mejor.

Lo bueno es que, aunque los amigos sean menos amigos y además me cuesten dinero, por lo menos no les tengo que dejar chupar mi helado y la bolsa de ganchitos es enterita para mí…

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