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La opinión de
David Martínez

Uncharted 3: La traición de Tintín

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¿Qué cara se les habrá quedado a los ejecutivos de Sony cuando hayan visto Tintín y el secreto del Unicornio? ¿Y a los de Paramount Pictures, a medida que jugaban Uncharted 3? Porque el parecido entre ambas es asombroso… ¿o debería decir sospechoso? Vayamos por el principio. Película y juego se estrenaron a finales de 2011, con tan sólo un mes de diferencia, y ambos contaban con el respaldo de los nombres más consagrados en sus respectivos campos: Naughty Dog por un lado, y Steven Spielberg junto a Peter Jackson por el otro.

La casualidad ha querido que ambas historias traten sobre recuperar un tesoro perdido, que en ambos casos, perteneció a Sir Francis Drake. Hasta aquí, no es muy llamativo. Pero es que los protagonistas (tanto Nathan Drake como el capitán Haddock) han resultado ser los últimos descendientes del histórico pirata. La cosa comienza a ponerse interesante.

 

 

Si habéis jugado Uncharted 3, seguro que hay unos cuantos niveles que no se os van de la cabeza, ¿el chateau francés? ¿el carguero o el accidente de avión, quizás? Pues podéis dar por hecho que esas localizaciones también tiene su importancia en la película. ¡Y por el mismo orden! Del mismo modo que coinciden los paseos por el desierto o las calles de una ciudad árabe… por lo menos se ha sustituído la carrera a caballo por una moto con sidecar.

 

 

El argumento se parece, las situaciones se parecen… pero es que la relación entre Haddock y Tintín, bebe de las mismas fuentes que la de Nathan y Sully. Que nadie se vaya a pensar que es un plagio descarado. La pelicúla (que es muy entretenida) tiene un estilo más cómico, mientras que en el juego se apela a situaciones mucho más oscuras. Pero hay que reconocer que están muy emparentados. Si alquien quiere saber cómo será Tintín en el Tíbet, mejor que se vaya jugando Uncharted 2.

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