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La opinión de
Sonia Herranz

Vengo a hacérmelo mirar

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Buenas tardes, doctor. Vengo a que me mire, que no sé qué me pasa. Últimamente no me entero de nada. No sé si es que no oigo bien, me han graduado mal las gafas o si, directamente, se me han muerto más neuronas de la cuenta. Pero aquí me tiene, totalmente dispuesta a dejar me que examine a fondo. Le cuento.

Hace unos días, mientras hacía zaping, me encontré con un programa lamentable, donde un montón de analistas políticos (o eso creo), decían auténticas barbaridades (o eso me pareció) mientras se les iba calentando la boca. Que parecían power ups unos de otros. Un espectáculo ridículo. Pues bien, cambié de canal sin más. Y, lo que es peor, tras alucinar un poco yo sola, pensé que tenía que haber gente pató y que a alguien le gustaría... Fíjese si estoy mal, que ni tan siquiera se me ocurrió abrir Twitter para indignarme públicamente, amenazar de muerte al presentador o tratar de organizar alguna cacerolada a la puerta de los estudios… ¿Cree que es grave?

Y tengo más síntomas, no se crea. Ayer sin ir más lejos me puse a jugar a Wii U con mi hijo. Sí, como lo oye. Creo que es delito o por lo menos debe ser pecado, pero es que ni me di cuenta. Ya sé que como se supone que hago una revista de PlayStation no debería dejarme ver en público con consolas de otras marcas… Pero ¡es que ni se me ocurrió! Espero que no me pase nada, claro. De momento me estoy vigilando la piel de las manos y no me ha salido sarpullido ni nada. He dormido mal esta noche, pero lo achaco más bien a un mosquito que me ha comido viva. ¿Usted cree que se me pondrá el pelo verde o algo? Ya, ya lo sé. Estoy tonta. Menos mal que no era una Xbox One

Pero no crea que se queda ahí la cosa. Cuando el otro día un amiguete mío acusaba a no sé qué jugador de fútbol de pesetero y se le llenaba la boca de insultos yo le miraba ojiplática. ¿Que se había ido a otro club porque le pagaban más? ¿Pero eso no es lo que hace un profesional? Si ya le digo yo que no estoy bien. Imagínese que en mi cabeza un jugador de fútbol profesional juega por dinero o por rédito deportivo y cuando le llega una oferta mejor pues la acepta y ya está. No sé qué decía de besar el escudo y amor a los colores… Y que era un traidor y que había que prohibirle la entrada al país. Lo que le digo, que no entiendo nada. ¿Será algún tipo de demencia?

Lo que me preocupa, doctor, es que estoy perdiendo el criterio. Ya dudo sobre qué cosas son las que merecen mi indignación o cuáles son las que no debo ni tener en cuenta. A ver si me estoy volviendo blanda y ya no me enfado con nada. ¿Tiene alguna píldora para cambiar eso? Estoy dispuesta incluso a completar un tratamiento de supositorios para que me ayude a recobrar la confianza. ¡Que no me he indignado ni con lo de Rise of the Tomb Raider! , ni una miajta. Me ha sentado mal, pero… ¿con quién me indigno?

He estado leyendo por ahí lo que dicen los que encuentran motivos para indignarse hasta porque los juegos son cross-buy. Los que saben, vamos. Los que dicen lo que la gente quiere oír. El resumen de mi estudio es que no sé con quién debo indignarme. Los malos podrían ser los de Crystal Dynamics, que por lo que se ve han aceptado que Microsoft financie el proyecto a cambio de que sea exclusivo Xbox One. Claro, que tampoco deben ser muy buenos los de Microsoft que se ganan las exclusividades a golpe de talonario, urdiendo mezquinas maniobras de marketing, como apoyar a desarrolladores. Pero quizá los peores de todos sean los de Sony, que se han dejado pisar el terreno. Y claro, las víctimas somos los jugadores, que como todos sabemos, pertenecemos a la única industria del mundo que debe vivir del amor al arte… ¿Qué eso de querer ganar dinero haciendo juegos? Lo que le digo, que no lo veo.

Fíjese si me he quedado desfasada, que cuando leo o veo algo que me hace sospechar de que me la quieren colar, paso de largo. No me molesto si quiera en urdir teorías conspiratorias. Es más, si realmente me llama la atención, lo pienso un poco y trato de encontrar una explicación. ¡Pues no me ha dado por pensar! Esto me lo tiene que mirar, que no puede ser bueno. Que yo veo lo que dice la gente por ahí, siempre al amparo de un nick, siempre desde el anonimato público, y sé que lo que se lleva es estar en contra, de lo que sea. Que si dices cosas buenas de alguien, es que eres gilimemo. Y, claro, no quiero ser gilimema. ¿Tiene alguna inyección para eso? Estoy dispuesta a que me ponga una sonda naso crerebral para que me vacíe la cabeza y me pueda dejar llevar tranquilamente por las turbias aguas del odio irracional que insuflan algunos por ahí, no sé muy bien porqué.

Si es que me multó la Guardia Civil el otro día y sólo dije “sí, señor”. Que ya vino un amigo y me dejó muy clarito que tenía que haberles dicho que qué hacían parados en una rotonda ciega cuando andan por ahí sueltos locos al volante, ladrones y violadores. Pero yo no dije nada, yo iba a 80 en un límite de 60. Y acepté mi castigo como una boba cuando era claramente injusto, con todos los locos esos suelto por ahí. Por lo menos, no perdí puntos…

En definitiva, doctor, que vengo a hacérmelo mirar. Que debo tener mal alguna sinapsis cerebral y resulta que no me doy cuenta de lo malvadas que son las compañías de videojuegos con su afán de ganar de dinero; que siga pensando (fíjese qué antigua) que es el consumidor el que tiene el poder y que se ejerce no comprando. Que no entiendo que tener opiniones distintas  o gustos distinto nos obligue a ser enemigos. Vamos, que no entiendo eso de la violencia porque yo lo valgo (física, verbal o virtual). Y cúreme de esa retorcida enfermedad que me hace pensar que a lo mejor no siempre tengo razón, que la duda es muy mala y es mejor no escuchar a nadie y seguir erre que erre.

Necesito algo que me suelte la lengua para insultar rapidito, con alevosía y que me suelte la vena paranoica para descubrir rápidamente esos tejemanejes que todo el mundo es capaz de ver en la más inocente de las declaraciones… Necesito, doctor, que me indigne, con razón o sin razón. Es que si no echas peste de , no eres guay… Y yo, doctor, quiero ser guay, que es lo que se lleva.

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