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La opinión de
Manuel del Campo

Videojuegos en 3D

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¿Una moda pasajera o el futuro del entretenimiento? Difícil de decir es, como afirmaría el mismísimo Yoda. El espectacular éxito de Avatar en todo el mundo ha convertido a las tres dimensiones en el nuevo fenómeno del mundo audiovisual, pero está por ver que acabe siendo un referente en el mundo de los videojuegos.

Hace unos días fui a ver Alicia en el País de las Maravillas. En algún reportaje leí que era la segunda película, tras Avatar, que realmente aprovechaba la tecnología 3D. Pues… si es así, vamos apañados, porque a mí me parecieron más bien unas 3D de 2D (Segunda División…). Pero el caso es que la sala de cine estaba repleta.

Os cuento esto porque la gran mayoría de las compañías dedicadas al entretenimiento audiovisual están entusiasmadas con este sistema, viendo que la gente acude en masa a las salas de cine, y no le importa incluso pagar más y ponerse unas gafas para disfrutar de ello. Y Sony y Nintendo (que recientemente ha anunciado la DS 3D) lo tienen como prioridad para sus juegos en los próximos meses.

Yo tuve la oportunidad de jugar a Avatar el videojuego en 3D. De momento ha sido mi única experiencia en este sentido dentro de los videojuegos. Me gustó...en parte. Las sensaciones fueron parecidas a las que tuve con la película: no puedo negar que el primer impacto llama mucho la atención, pero las sensaciones van cambiando con el paso de los minutos, y a la larga las imágenes me resultan un pelín artificiales y algo forzadas.

En unos días Sony va a realizar una presentación en España de lo que ellos llaman el mundo en 3D (electrónica, cine, vídeo y videojuegos). Tengo ganas de verlo para aclarar mis dudas. No sé, quizá es que estamos tan solo en el nacimiento de una experiencia que irá puliéndose hasta que, entre otras cosas, se pueda realizar sin las dichosas gafas y de forma más natural. O, tal vez, nuestros sentidos son reacios a asimilar las innovaciones tecnológicas, de la misma forma que en su momento hubo muchas reticencias cuando se pasó del cine mudo al sonoro, o del blanco y negro al color.

Por mi parte, estaré a favor de todo lo que suponga mejorar nuestras vivencias y emociones delante de una pantalla. Aunque mientras tanto tengamos que asumir que, en ocasiones, nos den gato por liebre.

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