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La opinión de
Javier Abad

Videojuegos y nueva economía

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"La última vez que vine, Donald (Tusk, el primer ministro de Polonia) me regaló The Witcher, un videojuego desarrollado aquí que ha ganado seguidores en todo el mundo. Confieso que no soy muy bueno jugando, pero me han dicho que es un gran ejemplo de la posición de Polonia en la nueva economía global. Y es un tributo al talento y la ética del trabajo de los polacos, así como al inteligente liderazgo de sus dirigentes".


Estas palabras las pronunció un tal Barak Obama (¿os suena el nombre?), durante su visita oficial a Polonia en junio del año pasado. Previamente, en 2011, ya había estado en el país, y fue entonces cuando las autoridades polacas decidieron obsequiarle con algo que simbolizase la pujanza de su economía: ¡¡un videojuego!!

No conocía esta anécdota hasta hace unos pocos días. Me la transmitió Alberto Lloret, y a él se la habían contado a su vez los chicos de Fictiorama Studios (creadores de Dead Synchronicity), a los que visitó de cara a escribir un reportaje sobre su trabajo que encontraréis en el próximo número de Hobby Consolas.

Como os podéis imaginar, lo decían con una envidia sana, la misma que sentí yo al comprobar el reconocimiento y el apoyo de las máximas autoridades polacas a CD Projeckt, que estos días están en boca de todos debido al inminente lanzamiento de The Witcher III Wild Hunt

Desde que comenzó esta maldita crisis que nos ha hundido en el fango (por no decir otra cosa), hay algo en lo que coinciden muchos economistas: España necesita pasar de un modelo económico centrado en la construcción a otro que apueste por sectores basados en el conocimiento y la innovación. Ni que decir tiene que hablamos en gran medida de tecnología y economía digital, y es de cajón que ahí los videojuegos podrían (deberían) ocupar un espacio protagonista.

Como ya habréis oído más de una vez, los videojuegos llevan años siendo la actividad de ocio audivisual favorita de los españoles. con un volumen de negocio que supera a industrias como el cine o a la música. Sin embargo, esta fortaleza en el lado de los consumidores no tiene su reflejo en el de la producción local. Parece que el clásico "que inventen ellos" de Miguel de Unamuno sigue vigente en nuestros días, aunque transformado en "que programen ellos". Las causas son variadas (Gonzo Suárez, el creador de Commandos, apuntaba en la presentación de la próxima Madrid Games Week a la falta de formación empresarial de muchos de los que se inician en el desarrollo), pero sigue siendo clamorosa la nula consideración que tiene el desarrollo de videojuegos entre la sociedad en general y, por extensión, en nuestra clase política.

Os voy a dar un dato que oí en un acto sobre la iniciativa Google Activate: la Unión Europea calcula que en 2020 habrá 900.000 puestos de trabajo sin cubrir por falta de competencias digitales. Al principio me dejó helado, pero luego lo encontré hasta lógico. Y es que, a día de hoy, estoy seguro de que muchos padres siguen prefiriendo que sus hijos estudien Historia, por poner un ejemplo (y pido perdón a los historiadores), antes que programación de videojuegos, cuando sin duda encontrarán muchas más salidas profesionales si eligen la segunda opción. 

Creo que esta actitud está cambiando poco a poco, pero es imperioso acelerar la transformación para que los videojuegos sean vistos como una industria de futuro por la que merece la pena apostar. En España tenemos la creatividad necesaria, pero nos falta construir el tejido empresarial que nos convierta en una potencia de primer orden, y para eso necesitamos el liderazgo de políticos que se lo crean y lo apoyen. Con elecciones a la vuelta de la esquina, llega la oportunidad perfecta para que los partidos impulsen esa nueva economía en la que los videojuegos tienen cabida. ¿Quién quiere mi voto?

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